Los celos queman. En una pieza interior de la casa de inquilinato ubicada en la calle Laprida 1010 vivían como marido y mujer desde hace ya un largo tiempo Teodora Ferreyra de Ramos y Luis Vigari. Pero desde un tiempo a esta parte en esta pareja mal unida se venían produciendo desavenencias originadas por los pícaros celos. Los vecinos aseguran que doña Teresa tenía fundados motivos para creer que su concubino Vigari le era infiel, por lo que de continuo lo retaba por semejante proceder para con ella, que se moría por sus pedazos, como se suele decir. Las cosas siguieron de a ratos bien y de a ratos mal por varios meses, hasta que ayer a las 2.30 de la mañana tuvieron su descenlace. Vigari, que conocía a Teresa como una mujer que no iba a dejar las cosas así nomás, venía sospechando que ella estaba maquinando algo grave contra él, y eso lo hacía mantener en guardia constantemente. A la hora indicada, nuestro hombre se encontraba con un ojo alerta en la cama, simulando que dormía, cuando de pronto observó que su concubina abandonaba el lecho y se dirigía sigilosamente a un rincón de la pieza, donde tomando una escupidera derramó en ella el contenido de una botella. Teresa se volvió resueltamente a la cama y trató de rebautizar a su amante. Pero éste, que estaba convencido de haber recibido cuando niño el primer sacramento de parte de la Iglesia, saltó al suelo y con una mano desvió el amenazante recipiente que contenía nada menos que vitriolo. De todos modos, con el empujón, el calcinante líquido llegó a quemar a ambos en varias partes del cuerpo, así como también las ropas de la cama. Ahí nomás se armó la de Dios es Cristo y los gritos despertaron a todos los inquilinos de la casa, uno de los cuales se fue corriendo a avisar a la policía de lo que estaba ocurriendo. Intervino la comisaría 1a., la que a su vez solicitó los auxilios de la Asistencia Pública para los damnificados. (1906)





























