Los habitantes de otros mundos. Es verdaderamente extraordinaria la imaginación de algunos novelistas científicos. Los que toman como teatro de sus asuntos los mundos planetarios, se ven obligados a crear habitantes de toda clase para que el protagonista no se quede solo. Así, Robida, el autor de los "Viajes de Saturnino Farandul", habla de los habitantes de Saturno como seres con manos terminadas en aletas y una trompa elefantina. Wells, en su "Primer hombre en la Luna", habla de los selenitas como hombres parecidos a hormigas, con el cuerpo escamoso y tentáculos en vez de manos. Para Griffith, el autor de "A través del Zodíaco", la Luna está poblada por monos ciegos y pelados pero con cuerpo de hombre. Quizá el más acertado de todos haya sido Julio Verne, el introductor de este tipo de novelas, ya que dijo que en la Luna no había seres vivos. Freed Jane, por su parte, el autor de "A Venus en cinco segundos", nos pinta a ese planeta como habitado por pulgas tan grandes como elefantes, mientras que Edwin Pallander opina que ese planeta tiene un reino floral en vez de animal, y donde rosas gigantescas luchan contra mastodontes. Curiosa en verdad es la descripción que Juan Jacobo Astor hace de Saturno en su libro "Viaje por otros mundos". Supone a ese planeta poblado por espíritus que flotan en el espacio, pero que pueden tomar forma corpórea a voluntad. En Júpiter, el mismo autor coloca una población de insectos pero de un tamaño colosal. No obstante, donde más singularmente han colocado los autores la imaginación es en Marte. Wells, en "La guerra de los mundos", puebla ese planeta con repugnantes monstruos semejantes a calderas y que caminan sobre zancos de cien metros de altura, mientras que otros son seres gelatinosos con tentáculos muy largos en vez de brazos. En cambio, el novelista Roberto Cromie hace a los marcianos transparentes y de un hermoso color azul. (1910)























