Opinión

Quitarse la venda

Digan lo que digan, el sueño de los héroes sólo se postergó; la rebeldía nunca se ahogó.

Domingo 26 de Mayo de 2019

Digan lo que digan, el sueño de los héroes sólo se postergó; la rebeldía nunca se ahogó.

La vida transcurre según el tiempo inventado. Inasible, se escapa. Es algo indetenible. Igualmente, siempre hay y habrá quienes sueñen y aventuren desafiar ese futuro impredecible asumiendo que en ese devenir acaso puedan cometer errores. Son quienes creen en la posibilidad de un mundo mejor, en la anhelada certeza de lograr alguna vez el bien común. Tal vez para alcanzar una utopía: la felicidad del hombre. Dejar de esforzarse y abandonar ese propósito sería renunciar a la condición humana, pensar sólo en uno mismo. Como dice el malo de la novela de la tarde: primero yo, después yo y siempre yo. Es por eso que para conformar la fórmula Fernández-Fernández se analizó clara y sencillamente la actual situación del país. Pero se hizo sin dejar de mirar hacia adelante, lo que implica albergar esperanzas, aunque puntualizándose la dura tarea a emprender en el corto plazo porque las necesidades, más que urgentes, son una emergencia frente al hambre de todo lo cercenado. La profunda pobreza que sangra a la mayoría de los hermanos (640 mil chicos con hambre según mediciones del Observatorio Social de la UCA) no es responsabilidad de quien la sufre sino de un sistema económico impuesto por los circunstanciales dueños del poder. La economía de mercado siempre ha ignorado la equidad social desechando políticas de Estado que pongan en caja la concentración de la riqueza. Nunca tan pocos han acrecentado sus bienes como en estos últimos años. Es tiempo que el Estado vuelva a asumir su papel de generar las políticas y condiciones que se traduzcan en desarrollo sostenido. Los economistas, recomiendan las acciones a llevar a cabo, pero es la política programática prometida y ejecutada por el máximo responsable quien que resolverá cómo y cuándo se implementan. La palabra final siempre será política. Enfrentar una deuda impagable y anular acciones que acabaron en la pérdida de derechos sociales y laborales son imprescindibles para reinstalar la convivencia y erradicar el odio sembrado hacia los de abajo que ha sido, junto con la mentira sistemática, un atentado a la paz de los argentinos. La guerra sucia que deberá soportar una oposición volcada al diálogo democrático y al consenso será descarnada al amparo de presiones internas y externas. Para el neoliberalismo no existe la discusión política porque su único objetivo es lucrar a través del poder acumulativo y sin límites. Quienes fueron engañados y hoy abren los ojos ante el desastre no son culpables de haber sido estafados. Decía el gran escritor B.B. Koremblit que la vida no es como la que vemos sino como otros nos la muestran. Pero la verdad, pese a todo, no se doblega. Y la venda, alguna vez, tiene que caer.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});