Opinión

¿Quién con quién?

Camino a las Paso. El peronismo no K fue el más afectado por el lanzamiento de la fórmula Fernández-Fernández. Mientras, los otros candidatos hacen su juego y esperan.

Domingo 26 de Mayo de 2019

La estrategia kirchnerista de anticipar la fórmula para las primarias abiertas pateó el tablero de la política argentina. Si siempre se tuvo claro que las Paso en la Argentina son mucho más que una interna, casi la primera vuelta electoral, en el turno de este 2019 ha quedado consagrado como ley.

El peronismo (todavía) no K fue el más afectado por la onda expansiva del lanzamiento de la fórmula Fernández-Fernández. Roberto Lavagna, con excesivos titubeos y remilgos para alguien que aspira al consenso desde la diversidad de opiniones, dijo “soy candidato” a horas del anuncio de la ex presidenta. Impactó ver luego cómo un hombre mesurado, inteligente y sereno se enredaba con sus propios pies para decir que se iba de Alternativa Federal y al rato que estaba dentro, pero con Pichetto y Urtubey, nadie sabe si con Massa y el resto.

Muy desprolijo.

El caso Massa

Sergio Massa vuelve a quedar en el centro de la mirada de los que auscultan jugadas a dos bandas. El tigrense conversa con Máximo Kirchner y el propio Alberto Fernández. Sucede que con el paso de los días, los K le bajan el precio y apenas si le ofrecen una diputación con destino a la presidencia de la cámara baja en caso de ganar las elecciones. Ese suele ser el precio de los que apuestan y especulan.

Massa quiere ser presidente. Sueña con que Cristina se baje de la fórmula, lo unja a él y lo bendiga como la prenda de unidad del peronismo. Demasiada ambición para una corriente política que se siente con la fuerza de muchos votos. ¿Disputaría una interna contra Alberto F? Lo piensa.

El hombre del Frente Renovador también conversa con el gobierno. Es casi imposible confirmar la versión, pero la posibilidad de que el PRO le haya ofrecido a Massa sumarse a un Cambiemos “reloaded”, ampliado por los cuatro costados, si se presenta a una interna presidencial en la que deba enfrentar a Macri o quien sea no luce para nada descabellada. Cuando en privado algunos le achacan esta doble conversación, él se defiende diciendo que son los partidarios del presidente y de la ex los que lo llaman. Y eso, es cierto.

Pichetto y Urtubey juegan un juego más sencillo. Los dos saben que no pueden, con los pies en la tierra, ser candidatos a presidente, por lo que defienden genuinamente una tercera vía entre Macri y Cristina. Eso sí: si esa dialéctica se impone, los dos se saben más cerca del actual presidente que de su antecesora.

¿Y el gobierno? Esta semana Mauricio Macri sufrió un nuevo embate de algunos sectores para que deponga su candidatura. El mismo grupo de empresarios que hace 45 días aplaudió de pie a María Eugenia Vidal luego de una anodina presentación en una cámara de emprendedores volvió a agitar el Plan V. Con más decoro y cierto resguardo, los empresarios hicieron circular encuestas atreviéndose a dibujar la fórmula completa: Vidal-Lousteau. De paso, el ex ministro de Economía abortó toda especulación. El decoro de los hombres del poder del capital, hay que decirlo, se debe a que supieron en oído propio la furia del presidente por esta idea.

El informe Durán Barba

Mauricio Macri está a horas de recibir el informe completo preparado por el equipo de Jaime Durán Barba. El ecuatoriano es un especialista para presentar sus estadísticas con base aritmética pero, esencialmente, con contenidos cualitativos. Este tipo de trabajo fue el que llevó a Macri a bajarse de la candidatura en 2011 (“Nadie le puede ganar a una presidente con la economía en alza y viuda reciente”, fue la frase con la que se simplificó ese estudio). Porque hay que decirlo con todas las letras: no existe esa fantasía de que Durán le dice a Macri: “Mauricio no te presentes”. Eso es literatura de ficción. Por un lado, el asesor es un profesional. Estudia, releva datos y propone conclusiones. No es un amigo asesor. Es un profesional con los límites del caso. Además, Macri no toleraría semejante intromisión. Es y ejerce como el jefe que lo contrata.

Los adelantos de este trabajo no son nada buenos. En los focus groups amarillos es mu difícil encontrar adjetivos positivos hacia la presidencia de Macri ni entre los que están decididos a volver a votarlo. Suena impactante que entre los que jamás votarían a Cristina aparecen comentarios elogiosos a algunos aspecto de su gestión. “No la votaría jamás, pero le reconozco…”, se escuchó en las mediciones. En algunas provincias, el norte especialmente, la imagen negativa de la gestión supera el 70 por ciento. Mañana, el primer mandatario tendrá en sus manos el dossier completo.

Hace unos meses, Durán Barba brindó una charla entre colegas y amigos de la universidad que visita en la que explicó que la decisiones de los líderes mundiales están influidas en mucho por las encuestas y trabajos de opinión pero que, sin embargo, el toque final para ponerlas en práctica depende mucho de algo personal, íntimo, de quien acciona.

Cristina Fernández no bajó un escalón hacia la vicepresidencia por su convicción generosa de ampliar la base de sustentación política. Hay algo personal, íntimo, ajeno a la política, que la llevó a eso. Nadie que tiene la posibilidad de ganar deja de jugar esa ficha.

En el caso del presidente, parece que la jugada personal pasa por saber, como dice Beatriz Sarlo, que si no disputa la reelección terminará su presidencia con índices tan espantosos como para encabezar el ranking de las peores gestiones.

Macri está convencido de que esta coyuntura de recesión, inflación desorbitada y parate evidente es un camino necesario para refundar al país y, en los próximos cuatro años, obtener los frutos. Semejante razonamiento (para muchos cercano al disparate) le hace decir: “¿Me piden que me baje ahora que viene el momento de ver mejorar las cosas?”.

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