Opinión

Juntos por el Cambio ya no es lo que era

Claves. Ya no hay un dedo unificador que ordene las internas cambiemitas. En Caba se agarran la cabeza por el aquelarre santafesino. El espacio se amplió

Jueves 24 de Junio de 2021

“Dicen los que te conocen, que ya no estás igual que ayer”, cantaban con prosapia coral los Serú Giran. Bien puede servir la letra de Mientras Miro las Nuevas Olas para caracterizar o semblantear la nueva realidad de Juntos por el Cambio. Ni mejor ni peor que antes, diferente.

  Se terminó en el espacio el dedo unificador y ordenador que tenía Marcos Peña, por cuenta y orden de Mauricio Macri. Peña todavía no ha podido enfrentarse a la opinión pública tras su salida del gobierno y Macri ya no es lo que era. Juntos por el Cambio ha crecido y se ha desordenado. Ya no es la derecha cerril que contenía a esos personajes con cero empatía al frente de la estructura.

  Hasta los radicales progresistas santafesinos del NEO se arrimaron al fogón de los cambiemitas. Hay un lío bárbaro porque la caída del tótem Mauricio no puede ser reemplazada por otro. A Horacio Rodríguez Larreta le sobran veredas porteñas pero le falta calle en el interior.

Blanco fijo y calvo

  No tiene el PRO otro protagonista para 2023 que no sea el jefe de Gobierno porteño, pero a eso lo saben todos. Incluso Cristina, quien siempre le dijo al atribulado permanente, Alberto Fernández, que “Larreta es Macri”. Traducido: los kirchneristas le harán la vida imposible al calvo gobernante de la linda Buenos Aires.

  Por estas horas, el radicalismo parece estar a punto de conseguir lo que no logró después de la aparición fulgurante y federal de Raúl Alfonsín: un candidato mediático, de prosapia radical, capaz de llenar teatros desde Ushuaia a La Quiaca: Facundo Manes.

  Manes se constituiría en un muy buen candidato en provincia de Buenos Aires, el territorio al que la ex Heidi no quiere volver. Fue tan mala la gestión de María Eugenia Vidal que la propia protagonista sabe que sus chances están limadas. No olvidarse de que el rugoso Axel Kicillof le pegó una paliza electoral inolvidable. Por ende, hay temor de que la sonrisa gardeliana de Manes pueda batir al gélido colorado Diego Santilli, un correcto dirigente de la política tradicional.

  Se mezclan biblias y calefones en las peleas cotidianas de los preferidos de La Nación+ que, de vez en cuando, parece una fake news del PRO. Bullrich, Vidal, Santilli, Carrió, Larreta, Macri (y siguen los nombres) protagonizan bochinches mediáticos, pero nadie, hasta ahora, ha dicho qué piensa hacer en caso de ganar, cual es el plan. Lo único que repiten todos como loros es que el kirchnerismo es malo. No se les cae una idea.

 Por suerte para ellos, a Fernández y su pobrísimo gabinete tampoco se les cae una idea. Más bien todo lo contrario. El presidente ha encontrado una fascinación recurrente: meterse goles en contra.

  “El escenario es este: la pandemia no se va a ir hasta la primavera de 2022, y la economía estará tan mal o peor que ahora. Nosotros tenemos que consolidar nuestro voto duro y esperar los errores del adversario. Otra, no hay”, dijo a La Capital un dirigente peronista de mil batallas.

  Hay un ejemplo que puede citarse como episodio empírico de las palabras del legislador: la provincia de Santa Fe. El Frente de Todos no tiene candidatos conocidos (salvo que sea Agustín Rossi), pero Juntos por el Cambio es un aquelarre incontenible, hasta tal punto que Larreta tuvo que convocar a Miguel Del Sel para que oficie de cardenal Samoré.

  “Santa Fe es una locura. Todos quieren armar una lista.¿Cómo vamos a ir con cinco listas? Es una joda, así se nos animan todos”, mensuró un larretista que no se quería tomar en serio algunas candidaturas. Antes, se aprobaba lo que pedía José Corral y Peña ordenaba sacar de la cancha a los díscolos, como ocurrió con Jorge Boasso.

  El Frente Progresista, mientras tanto, intenta encontrar una fórmula que le permita ser competitivo. El nombre está. Antonio Bonfatti. Hay que ver si la interna socialista es capaz de poner en la boleta lo que algunos empresarios rosarinos también reclaman: que Rosario tenga nombres de peso en el Congreso. Pero eso (“la rosarinidad”) será tema excluyente de otra columna.

  La campaña electoral está como un nonato. Y nunca renacerá. Habrá que esperar para ver como se las arreglan los creativos para hacer campaña cuando nadie quiere escuchar a los candidatos. Será un hermoso desafío, al menos inédito.

Los que mandan

  Los que ejercen funciones de gobierno (Fernández, Perotti, Javkin) tienen la ventaja del conocimiento y de poder seducir depende de cómo sean las gestiones. Pero, además, todos, deberán encontrar un relato que hoy está ausente. Perotti necesita adquirir mayor volumen político, y eso se logra ganando las elecciones con un candidato propio.

  Roberto Mirabellla pareció interpretar lo que se dice habitualmente en esta columna. Es el gobernador el que tiene que definir las listas, por más Cristina que exista. “No necesitamos que desde Buenos Aires o desde cualquier lado nos digan lo que tenemos que hacer o nos quieran marcar la cancha”, puntualizó el actual senador nacional.

 Durante todo este tiempo, el gobernador sólo pudo hacer expresionismo perottista en muy pocas circunstancias. La más importante fue el rechazo al bloqueo de exportaciones cárnicas. Habrá que esperar para saber si nacerá una corriente con Juan Schiaretti que le ofrezca pelea al kirchnerismo o si el gambito de “unidad en la diversidad” sigue siendo el elemento unificador.

  Sobre todo ahora, que la Casa Rosada parece querer volver a pelear contra los sectores del campo que lo desafían. Fernández también está a la búsqueda de un relato, como Cristina en el 2011.  

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