Rusia 2018

El Sampaoli de Casilda se hubiera ido por dignidad

El Sampaoli que supo derribar muros y armar revoluciones en Casilda se hubiera ido ante la primera sugerencia de un futbolista que insinuaba con cambiarle el planteo táctico de un partido.

Domingo 24 de Junio de 2018

Da una pena indescriptible verlo a Jorge Sampaoli sometido a un manoseo constante desde que asumió como técnico de la selección argentina. Aquella persona que alguna vez lo conoció no debe creer que está asistiendo a un final payasesco de un entrenador que alguna vez se llenó la boca diciendo que admiraba la ética de Marce Bielsa. Y esto no tiene que ver con que si Argentina avanza o no en el Mundial después del partido del martes ante Nigeria en San Petersburgo. Ojalá salga campeón del mundo, el país inunde las calles de pasión y esas voces acomodaticias seguramente tendrán el terreno fértil para decir que Sampaoli estará habilitado para sentarse en la misma mesa que César Luis Menotti y Carlos Bilardo.
Serán los mismos que hoy le cuestionan hasta la manera de caminar y ese perfil altanero que inauguró desde que es el técnico de la selección. Tanto lo cambió tener el escudo en el buzo que lleva puesto que hasta le hizo perder la dignidad. O, al menos, el ropaje celeste y blanco camufló su verdadera personalidad para seguir al frente de un plantel que evidentemente ya le soltó la mano. Que no confía más en él. El Zurdo con calle y espíritu de superación nunca hubiera aceptado ser un estorbo, como parece serlo ahora luego de las reuniones que mantuvo con el plantel y el presidente Claudio Tapia. Porque el Sampaoli que supo derribar muros y armar revoluciones en Casilda se hubiera ido ante la primera sugerencia de un futbolista que insinuaba con cambiarle el planteo táctico de un partido. Este Sampaoli no es auténticamente puro. Es un DT outlet que no sólo interrumpió su meteórico ascenso como técnico, sino que dinamitó parte de su carrera al prestarse a esta fantochada en pleno mundial. Sampaoli nunca se dejó tentar por concesiones. A nadie. Su palabra siempre gozó del auxilio de las firmes determinaciones. Por más jugador planetario que se le pare enfrente o se llame Lionel Messi o Diego Maradona. Casi siempre tenía razón, nunca retrocedía y mostraba rebeldía contra el que sea. Eso sí, siempre intentaba buscar la perfección con la inigualable capacidad de trabajo. Cuando en la selección de Chile detectó que el plantel le había bajado la guardia, se fue y no le importó nada. Cero cónclave para consensuar o intentar revertir la decisión. Tampoco para poner en consideración cuestiones futbolísticas a los que siempre creyó que era sus subordinados, los jugadores.
Pobre Zurdo. La selección argentina se lo devoró. Aunque él no se esforzó demasiado para que no se lo deglutiera. Después del mundial deberá tener una profunda mirada introspectiva y arrancar de nuevo. Tal vez tomarse un recreo en su Casilda natal para impregnarse de aquellos valores que siempre tuvo y que extravió cuando se puso el buzo de la selección argentina.

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