Domingo 06 de Octubre de 2019

La característica de la pobreza es que genera con frecuencia daños irreversibles. En tiempos de crisis cientos de miles de niños mueren por motivos prevenibles. Un niño vulnerable, mal alimentado, tendrá en sus primeros años consecuencias irreversibles para toda la vida. Por ejemplo, un severo retraso neuronal y cerebral. No hay dudas: la pobreza no puede esperar. Y no se soluciona con promesas jamás cumplidas y vueltas a reciclar por ausencia de creatividad o porque se supone que la gente es tonta. El objetivo de la vida parece ser útil para escapar y encontrarse a sí mismo en las filas de los locos. Tal vez meditando que todo lo que se escucha es nada más una opinión, no un hecho, dijo Marco Aurelio en sus memorias. Y que todo lo que vemos es sólo una perspectiva, no toda la verdad. Pero no se puede ser ciego ni sordo al sufrimiento ajeno. No hace falta hundir la mano en la herida como Santo Tomás para que caiga la venda y creer. O mejor dicho, ver de otra manera, cambiar la mirada. Saber que los pobres de hoy serán los desnutridos de mañana y los desnutridos de hoy los pobres de mañana. Hoy, aquí, el hambre es una emergencia diaria. El índice de pobreza en la Argentina no es cero como se prometió sino del 35 por ciento Y 53 por ciento el de los chicos pobres, aunque descaradamente el gobierno lo desmienta. En una descarnada nota este diario reveló días pasados que 466.223 pobres viven en Rosario mientras que el nivel de indigencia en el Gran Rosario, según el Indec, asciende a 74.712 personas. El relato de las necesidades es, brutal, escalofriante, como que en escuelas de zonas marginales muchos chicos, tras un fin de semana interminable, llegan los lunes desesperados de hambre y al engullir, más que comer, terminan vomitando descompuestos. Algo irracional. Para el vicario de la arquidiócesis de Rosario, "es imperioso que la dirigencia se siente a elaborar políticas de Estado que trasciendan los gobiernos. Salir de la pobreza es la gran deuda de la democracia". Tan atendible como un consejo de Sun Tzu: "Mira con los ojos del mundo y no habrá nada que no puedas ver; escucha con los oídos de todo el mundo y no habrá nada que no puedas oír. Piensa con la mente de todo el país y no habrá nada que no puedas conocer."

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