Opinión

El delirio tiene fin

Venga lo que venga, nada será peor. Siempre habrá tipos con la moral de una caja registradora a los que es preferible perderlos que encontrarlos.

Domingo 27 de Enero de 2019

Venga lo que venga, nada será peor. Siempre habrá tipos con la moral de una caja registradora a los que es preferible perderlos que encontrarlos. Esta vida nuestra se ha convertido en una marcha hacia la incertidumbre de los días. Es que el miedo te mantiene vivo, pero si es excesivo te paraliza. Tantos golpes sin respiro dejan delirando o inconsciente a cualquiera. Conversamos con un muerto y creemos engañados que apenas tiene un problema de mal aliento. Diagnóstico erróneo. Todos opinan, de un lado y del otro, pero sin grieta mediante. Están los unos y los otros. Ellos o nosotros. Los buenos y los malos. Los mediocres y los pésimos. Blanco o negro. Rico o pobre. Es de no acabar. Es la historia de la humanidad. La realidad es una asesina sigilosa. Y sobran los que, hastiados, sostienen que la economía (esa que en un debate lo llevó a Clinton a llamar estúpido a Bush), como las campañas políticas, es adicta a las drogas. Algunos dicen estar en el paraíso. Y les dicen que sí, pero en el de la corrupción, la avaricia y la mentira. Así, se duda entre pedir que se vayan ya mismo los okupas para evitar más daño, si eso es posible, o esperar estoicamente que lo que se perdió en este salvaje incendio intencional pueda ser encontrado entre las cenizas. Solamente preocupado por el devenir de su equipo de fútbol del alma, el rey simula que gobierna. Lo hace rodeado de una corte de zánganos y expertos manipuladores que endulzan sus oídos con jalea real. Como siempre, las esclavas y esclavos se disputan trabajos en negro o fuera de convenio. Por fin baja el costo laboral. Jubilados y pensionados ruegan a todos los dioses conocidos que les den urgentemente paciencia porque el tiempo, viejo tramposo, se agota tan rápido como los fondos saqueados a la Ansés. Los científicos residuales siguen mirando hacia Ezeiza pero no cejan en sus descubrimientos. Todo se cae, como adornos en una repisa cuando se inicia o termina un terremoto. Y contrarreloj buscan fabricar a un líder salvador como les ordenaron. ¿Serán creyentes o crédulos? El día que un trans humano o robot conduzca los destinos de los hombres no constituirá un triunfo de la ciencia. No del todo al menos, ya que la máquina será lo que algunos elegidos habrán querido que fuera. Así, el hombre condenado de hoy deberá someterse a ese ¿nuevo? mundo. Exhausto de tanto pensar durante sus brevísimas vacaciones, el hombre del rostro de hierro refugiado en la torre de la Rosada sigue soñando con la eternidad. Y sin saber ya a quien culpar del descalabro perfecto, le apunta a la vida, por cruel y absurda. Sin haberlo deseado, escucha parte de una canción de Dylan en un programa televisivo y decide prohibir su difusión a partir de mañana. Y con toda razón. A quien se ocurre cantar "¿Cuántas veces puede un hombre volver la cabeza fingiendo no ver lo que ve? La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento".

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