Gregorio D’Angelo es docente en la carrera de Licenciatura en Desarrollo de Videojuegos de la UAI y colabora con el estudio Trick de Buenos Aires.
Hace tiempo que los videojuegos dejaron de ser un pasatiempo de nicho para convertirse en un buen negocio. En Argentina, el Observatorio de la Industria Argentina de Videojuegos (OBSVj) estima que hay más de 1400 profesionales dedicados al desarrollo de estos productos, conformando una industria con capacidad de mover más de u$s87 millones anuales. Rosario no está al margen de esa realidad: en la ciudad conviven estudios pequeños con desarrolladores independientes, enfocados tanto en la creación de juegos propios como en la prestación de servicios a terceros.
Conforme se indica en el informe del OBSVj, la provincia de Santa Fe concentra cerca del 9% de los recursos humanos dedicados a la actividad, ocupando el tercer lugar a nivel nacional, solamente por detrás de CABA y la provincia de Buenos Aires. En líneas generales, son profesionales con formación académica específica y con una visión integral de todas las áreas que comprenden la creación de un juego, desde la artística hasta la programación. Se estima que cerca del 90% se agrupa en micro o pequeñas empresas de hasta 35 colaboradores. Cabe destacar que la gran mayoría de las microempresas se dedica al desarrollo exclusivo de videojuegos propios, mientras que las pequeñas y medianas se enfocan más en servicios B2B para compañías de mayor tamaño.
En este escenario aparecen los players locales: An Otter Studio, un estudio que combina ambas ramas del negocio con un fuerte énfasis en el trabajo para empresas, y Crestfallen Game Studio, una pequeña empresa enfocada en el desarrollo de su propio proyecto: un juego de cartas virtual. A su vez, la ciudad ofrece un punto de encuentro e intercambio para desarrolladores en la comunidad Rosario Game Devs, una asociación civil que busca difundir este rubro y atraer a más jóvenes.
Gregorio D’Angelo fue uno de los primeros miembros de esa asociación. Comenzó a interesarse por los videojuegos a los 12 años, en la década de 80. Hoy, trabaja como docente en la carrera de Licenciatura en Desarrollo de Videojuegos de la UAI y colabora con el estudio Trick de Buenos Aires, una importante firma que ha prestado servicios a grandes marcas como Konami o 2k. Según explica, en su experiencia como docente, cada año son más los interesados en formarse en la materia. “Un cambio muy importante es que hay más chicas. Cuando empezamos, eran muy pocas, pero hoy ya son cerca de un tercio de las anotadas, lo cual es muy positivo”, dice.
D’Angelo también agrega que existen otras formaciones en la Universidad Nacional del Litoral (con modalidad a distancia) y capacitaciones en aspectos específicos, como diplomaturas en arte para videojuegos, entre ellas la que ofrece la UTN. “Lo que tiene esta industria, como ocurre con el cine, es que hay perfiles muy distintos trabajando: hay gente que dibuja, que modela 3D, que hace música o que escribe historias”, grafica.
Muchos de estos jóvenes aprovechan el teletrabajo para colaborar con empresas extranjeras. Por lo cual, no hay grandes compañías en el entorno local, sino mayoritariamente estudios y grupos pequeños de desarrolladores. “Somos baratos a nivel internacional, todavía tenemos esa ventaja competitiva interesante”, detalla.
Los jugadores locales
En el grupo de estudios rosarinos aparece la propuesta de An Otter. Martín Fernández, quien inició la firma, se enamoró de la personalización de videojuegos en los cibercafés en la primera década del 2000. “Quería modificar cosas de los juegos que jugaba en aquel entonces y ahí descubrí lo que son los archivos fuente y que, obviamente, las empresas no los liberan. Así que empecé a pensar que, si no podía cambiar lo que ya existía, tenía que crear mis propios juegos”, cuenta.
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Entre otros productos, An Otter desarrolla juegos para marcas que los utilizan en determinadas activaciones, como por ejemplo en stands o eventos.
Foto gentileza An Otter
Hoy en día, An Otter desarrolla juegos para marcas que los utilizan en determinadas activaciones, como por ejemplo en stands o eventos. Son piezas sencillas, como juegos rítmicos o trivias, pensadas para captar la atención. Actualmente, constituye el fuerte del estudio, que ha colaborado con empresas como el BBVA, Amex y la Asociación del Fútbol Argentino, entre otros.
Mientras tanto, en el segmento B2B su actividad principal es el mantenimiento de videojuegos de otros desarrolladores. “Hay empresas que tienen varios títulos ya publicados que, si bien ya no representan una facturación enorme, siguen teniendo ventas. Por lo tanto, lo que hacemos es ir actualizando el producto existente, corrigiendo fallas y adaptándolo a nuevas políticas de seguridad informática”, detalla Fernández.
Made in Rosario
Si bien hay muchos jóvenes vinculados a la cadena de esta industria en la ciudad, ¿existen los videojuegos argentinos o, más precisamente, rosarinos? La respuesta es sí.
El desarrollo de proyectos propios es una actividad compleja. Por un lado, requiere mucho tiempo: una propuesta sencilla pensada para plataformas menos potentes, como celulares y tablets, puede demandar más de un año de trabajo. El otro punto a tener en cuenta es el mecanismo de distribución. Hoy en día, la principal tienda a nivel mundial es Steam, con un market share estimado en 75% y una base de usuarios de 132 millones. Publicar un título en la plataforma no es un proceso complejo, pero lo verdaderamente difícil es atraer clientes. La figura que aparece entonces es la del publisher, empresas dedicadas a colaborar con desarrolladores pequeños en el proceso de finalización y apuntalar la comercialización en distintos mercados.
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Los rosarinos de Crestfallen tienen su propio juego y van por más en esta industria.
Foto gentileza Crestfallen
En esta instancia se encuentran los rosarinos de Crestfallen. Este estudio local fue creado por Jeremías Seghezzo, Francisco Di Paolo, Robertino Papeschi, Ramiro Soler, Ciro Ferrara, Santiago Salmen, Agustín Remeta y Manuel Gorostiaga, un grupo de amigos que desarrolla The Tavern At The End Of The Road.
Esta apuesta se basa en un juego de cartas virtual con combate estratégico por turnos. El antagonista principal es un tabernero que representa los monstruos y desafíos que aparecen en el camino del viaje como aventurero. “Es una propuesta de fantasía oscura, una experiencia inmersiva en 3D con combate táctico, y queremos que tenga un mensaje sobre las consecuencias de nuestras decisiones y lo que hacemos con el tiempo de nuestras vidas”, profundiza Gorostiaga.
En este momento, el estudio —que lleva poco más de un año como tal— se encuentra ajustando detalles de su primer “vertical slice”. Según explica el desarrollador: “Es un concepto de la industria. Quiere decir que deben poder apreciarse todas las capas que componen el producto final, aunque no esté completamente terminado”.
Una vez que la propuesta esté acabada, podrán acelerar la búsqueda de su publisher y encarar la recta final hacia la comercialización. El objetivo de los emprendedores es posicionarse mayormente en el mercado de PC, puesto que presenta menos barreras de ingreso. El segmento de consolas, donde compiten marcas como PlayStation (Sony), Xbox (Microsoft) y Switch (Nintendo), requiere una serie de validaciones por parte de los fabricantes oficiales.
Mientras tanto, el otro desafío es empezar a crear una comunidad en torno a The Tavern. Comenta Gorostiaga: “La estrategia principal es generar un espacio en el que la gente pueda jugar y conectar con otros a los que les guste lo mismo. Discord es una buena aplicación de comunicaciones orientada a videojuegos y también estamos en Reddit, una plataforma inmensa de redes sociales y foros de debate dividida en comunidades con temáticas específicas”. A estas herramientas se suman participaciones en eventos como la Crack Bang Boom y colaboraciones con streamers que muestran versiones preliminares del producto.
Todos estos procesos se integran en una industria de alcance global que en 2020, según datos del World Economic Forum, llegó a mover un pico de u$s165.000 millones. Aunque algunos especialistas aclaran que el mercado se ha retraído luego del furor ocasionado por la pandemia, todavía presenta terreno fértil para propuestas locales y jóvenes profesionales. Argentina ya logró experiencias de relevancia, como colaboraciones con grandes estudios y éxitos virales como el de Preguntados, que llegó a ser la trivia más descargada en más de 125 países. Tal vez llegó la hora de que Rosario se sume al juego.
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