Un equipo de investigadores de la Universidad de Purdue, Estados Unidos, obtuvo
evidencias de laboratorio que indican que usar edulcorantes de bajo nivel calórico (sacarina), para
incorporar menos calorías y no aumentar de peso puede producir un efecto contrario al interferir
con procesos homeostáticos y fisiológicos fundamentales.
Actualmente no hay un claro consenso científico sobre el uso de los edulcorantes
artificiales y su efecto sobre el peso corporal. Los resultados de diversos estudios parecen
contradecirse unos a otros. En unos casos se obtienen pruebas de la pérdida de peso, en otros de su
aumento, y en otros apenas se detecta algún efecto. Ahora, este nuevo estudio de laboratorio de
investigadores de la Universidad de Purdue suma un nuevo elemento a la polémica.
Los autores del trabajo, psicólogos del Centro de Investigación en
Comportamiento Alimentario de esa universidad, obtuvieron evidencias experimentales trabajando con
ratas que indican que usar edulcorantes de bajo nivel calórico para no aumentar de peso puede en
realidad producir un efecto contrario. Los resultados fueron dados a conocer recientemente en
Behavioral Neuroscience, publicación de la Asociación Psicológica Estadounidense (APA).
Según saben los científicos, los animales usan el sabor dulce para predecir los
contenidos calóricos de los alimentos. Comer sustancias dulces no calóricas podría degradar esta
relación predictiva lo que llevaría a un balance de energía positiva. Esto se debería al incremento
de la ingesta de alimentos o a la disminución del gasto de energía que se produciría al suponer el
organismo que ingirió menos calorías de las que realmente incorporó.
En el estudio de Purdue realizaron experimentos con ratas. Un grupo de ellas
comieron yogur endulzado con glucosa (un azúcar simple con 15 calorías por cucharadita, similar al
azúcar de mesa), en tanto las del otro grupo comieron yogur endulzado con sacarina de cero
calorías. El resultado fue que estas últimas consumieron luego más calorías, ganaron más peso, y
adquirieron más grasa corporal.
Los autores, Susan Swithers y Terry Davidson, infieren que al romperse la
relación entre la sensación dulce y los alimentos de alto contenido en calorías por el uso de
sacarina, cambia la capacidad del cuerpo para regular la ingesta. Ese cambio dependería de la
experiencia. Posiblemente las personas pueden tener diferentes experiencias con edulcorantes
artificiales y naturales, y los estudios sobre humanos no tienen en cuenta que el consumo anterior
podría producir resultados variados.
Los problemas con la autorregulación podrían explicar en parte por qué la
obesidad se ha incrementado de manera paralela con el uso de edulcorantes artificiales.
En tres diferentes experimentos, Swithers y sus colegas analizaron si la
sacarina cambiaba en los animales de laboratorio la capacidad para regular su ingesta utilizando
diferentes parámetros de evaluación. Los más comunes fueron ingesta de calorías, aumento de peso, y
la compensación mediante la reducción de la ingesta.
Los investigadores también efectuaron una evaluación fisiológica midiendo los
cambios en la regulación de la temperatura del cuerpo. Normalmente, cuando nos preparamos para
comer, el metabolismo incrementa su nivel de actividad.
Sin embargo, las ratas que habían sido acostumbradas previamente a la sacarina
(lo cual rompió el vínculo natural entre dulzura y calorías) mostraron —en comparación con
las ratas tratadas con glucosa— un menor aumento de temperatura al ingerir una comida nueva,
de sabor dulce y alto contenido en calorías.
Los autores piensan que esta respuesta un tanto debilitada al sabor dulce lleva
a una sobrealimentación y dificulta quemar calorías.
Para los investigadores los datos indican claramente que el consumo de un
alimento endulzado con sacarina sin calorías puede llevar a una mayor ganancia de peso corporal y
adiposidad que el que produciría consumir la misma comida endulzada con azúcar, que tiene una
cantidad superior en calorías.
Estos resultados pueden parecer contrarios a lo que sugiere el sentido común y
no son noticias simpáticas para los investigadores en medicina y otros profesionales de la salud,
que desde hace mucho tiempo recomiendan edulcorantes sin calorías o con bajos contenido de ellas.
No obstante, hay que tener en cuenta que los datos provienen de investigaciones con ratas, no de
seres humanos, por lo que necesitan una mayor profundización.
Ricardo Gómez Vecchio
Sigue la polémica
Los autores del trabajo señalan que sus conclusiones coinciden con evidencias
cada vez mayores de que las personas que beben más bebidas dietéticas presentan un mayor riesgo de
obesidad y síndrome metabólico, que hace a las personas propensas a desarrollar enfermedades del
corazón y diabetes.
Swithers y Davidson afirman que los alimentos dulces proveen un estímulo que
predice si alguien está tomando una cantidad de calorías, con lo que los reflejos ingestivos y
digestivos se adaptan para esa ingesta. Pero cuando un "falso dulzor", como el de los edulcorantes
artificiales, es seguido de un montón de calorías, el sistema del organismo se confunde. Así, la
gente podría comer más o gastar menos energía que lo que de otro modo haría.
Si bien aún considerando lo anterior hay todavía posibilidad de contar las
calorías de los alimentos para regular la ingesta y el peso corporal, Swithers simpatiza con el
lamento habitual de quienes hacen dieta: contar las calorías requiere más esfuerzo consciente que
consumir alimentos bajos en calorías.
Los investigadores creen que otros edulcorantes artificiales como la sucralosa,
el aspartamo y el acesulfamo K, tampoco harían posible al organismo predecir la ingesta de calorías
y serían similares a la sacarina.