Si hay una experiencia que todo el mundo ha tenido alguna vez, es la del dolor
de cabeza. Grandes, chicos, de cualquier edad y condición lo han sufrido alguna vez ya sea por
haber tenido fiebre, una indigestión, tensión, nerviosismo, problemas visuales, o por alguna causa
desconocida a la que no dio mayor importancia. Pero en muchas personas, el dolor de cabeza deja de
ser algo eventual y se transforma, más que en un problema en sí mismo, casi en una pesadilla,
afectando todos los aspectos de la vida hasta llegar a ser discapacitante.
Ejemplo de ello son las migrañas que por lo general consisten en un fuerte dolor
pulsátil (intermitente) que toma sólo un costado de la cabeza. Un acceso de migraña puede durar
entre 4 horas y 3 días, y en general no se presenta sin antecedentes previos de dolores de cabeza
frecuentes.
Un tipo de dolor de cabeza particularmente grave es la cefalea acuminada o
cefalea de Horton: "Ataca solamente a los hombres, les toma unos 30 ó 40 días cada año y es el más
doloroso, porque se produce de noche y no los deja dormir, obliga a deambular por la casa y darse
la cabeza contra la pared; pero afortunadamente sólo sucede en menos de un 1 por ciento de los
dolores crónicos de cabeza", describe el doctor León Fisco, médico neurólogo miembro de la Sociedad
Internacional del Dolor de Cabeza.
La migraña o jaqueca es un dolor de cabeza crónico. En países donde hay
estadísticas se sabe que afecta hasta a un 11 por ciento de la población. Muchas de las personas
que sufren migrañas habrán experimentado un fenómeno conocido como aura, que es la aparición de
destellos —por la actividad anormal en la región del cerebro que produce este tipo de ilusión
óptica— y visión borrosa.
El aura
El aura es un preanuncio que se produce aproximadamente media hora antes de un
acceso de migraña intensa. Usualmente la migraña viene acompañada también de mareos y vómitos,
hipersensibilidad a la luz (fotofobia) y vértigo. Incluso algunos pacientes con migraña que dan
cuenta de una sensación de hormigueo o debilidad en los brazos, y hasta pérdida transitoria de la
visión en un punto determinado, como si tuvieran un "punto ciego".
Actuar en el momento del aura —buscando reposo en un lugar oscuro y
relajado— puede permitir que se evite el acceso de migraña, pero no todas las personas que
padecen ataques tienen antes este "aviso".
Las cefaleas tensionales son en general más leves que las migrañas. Además no
presentan náuseas, ni vómitos, ni fotofobia. El estrés, las preocupaciones, la angustia por
problemas familiares o laborales, activan una especie de ancestral "mecanismo de defensa" corporal
que predispone a la rigidez de los músculos del cuello y de la cabeza que provoca trastornos en el
movimiento y en la circulación sanguínea y, como consecuencia asociada, el dolor.
Una rutina de masajes circulares sobre la zona afectada, permanecer en un lugar
oscuro con los ojos cerrados, descansar, relajarse y dormir sería la solución ideal cuando estos
dolores tensionales aparecen de manera incipiente. Pero a veces las mismas actividades que inducen
a ese estado de tensión son los que obligan a seguir.
En las mujeres, una de las causas de migrañas puede ser la caída de estrógenos,
y por eso en el período menstrual son tan frecuentes.
Mecanismos del dolor
Prostaglandinas e histaminas son las enzimas que las células producen como
mecanismo de defensa y que, al interactuar con las terminales nerviosas, se asocian con la
producción del dolor. Los analgésicos conocidos —ibuprofeno, ketorolac, naproxeno, ácido
acetilsalicílico, paracetamol— inhiben la formación de prostaglandinas y calman el dolor.
Para el tratamiento de la migraña también se utilizan antieméticos —metoclopramida,
domperidona— y alfabloqueantes como la ergotamina.
Ningún especialista aconseja el uso prolongado y recurrente de estos
medicamentos sin control, por lo que si el dolor persiste será imperiosa la consulta médica. Según
advierte Fisch tomar al dolor como un problema en sí mismo e ir al médico a tiempo puede ayudar a
evitar el proceso del dolor crónico.
Los estudios de resonancia magnética y tomografía computada resultan de utilidad
para descartar enfermedades tumorales, mientras que técnicas más avanzadas propugnan el estudio por
computadora para identificar los desequilibrios químicos que desencadenan el dolor.
www.cefaleas.org.ar (Asociación Argentina de Cefaleas)