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Recordando a Lilith, la primera feminista

¿Existió esa primera mujer que abandonó a Adán porque no le gustaban sus modos? Una mirada sobre el erotismo y la sensualidad femenina en un texto que invita a pensar en una mejor manera de relacionarnos afectivamente entre humanos.

Domingo 23 de Septiembre de 2018

Dice Génesis I-27: "Creó, pues, Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios los creó: varón y mujer los creó." Es así que Dios creó a la mujer y al hombre a su semejanza y al mismo tiempo. Esta mujer es Lilith. Adán y Lilith se conocieron. Durante los encuentros ambos experimentaron la revelación de que tenían una fuerza creadora en su naturaleza. ¿qué ha pasado con ella, dado que posteriormente Dios tuvo que crear otra mujer para Adán?


Lo que sucedió es que la relación de esta joven pareja era muy turbulenta. Cuando rodaban por los prados del paraíso Adán siempre quedaba sobre ella aplastándola, ella intentaba invertir la posición, pero él la inmovilizaba. Lilith se negaba a mantener relaciones sexuales de esa manera, ella abajo, él arriba. "¿Por qué he de acostarme debajo de ti? Yo también fui hecha de polvo, y por lo tanto soy tu igual. ¿Por qué debo abrirme debajo de tu cuerpo?" Él la miraba perplejo sin entender sus reclamos. Ella insistía: "¿por qué he de dejar que me domines?", y exigía que las posturas sexuales fuesen intercambiables para establecer la simetría en una relación entre iguales.

Adán, contrariado, respondía con negativas al reclamo de su compañera y argumentaba que Dios lo había hecho más fuerte y robusto para que ella se sometiera a él y le obedeciera. "Si con una sola mano puedo hacer que te inclines ante mí". Es así que la forzaba a estar abajo con el consiguiente disgusto de ella que trataba de liberarse. Ocurrió que un día la tomó por los hombros para someterla una vez más y ella encolerizada, pronunciando el nombre mágico de Dios se elevó por los aires y lo abandonó. El paraíso era un lugar estrecho para los dos.

Adán pide ayuda al Padre ante el desafío de la mujer al hombre y a lo divino. Dios intercede: "El deseo de la mujer es para su marido. Vuelve con él". Ella se niega y Dios insiste: "Vuelve al deseo, vuelve a desear a tu marido". Fue en vano que Dios le exigiera que regrese con Adán, no quería volver al hombre, no quería someterse a él. Y Dios la condenó entonces a la oscuridad.

¿El mito de Lilith procedente de escritos sumerios recogidos por la tradición judía, no estará simbolizando el paso del matriarcado al patriarcado? La mujer deja de ser un igual al hombre y si se rebela a ser sometida por el mismo es convertida en un demonio y relegada a regiones desoladas del mar Arábigo donde moran todos los espíritus malvados y todas las criaturas perversas salidas de las tinieblas.

Consciente de su fracaso y ante la necesidad de darle una mujer a Adán, Dios trató esa tarea con mucho cuidado. Si la hacía de la misma manera y el mismo material, tendría el mismo resultado. Después de pensarlo mucho se le ocurrió crearla de una parte de Adán, para confirmar que era de su propiedad y que su importancia era mínima con respecto a la porción del material empleado. Así el varón tendría una mujer sumisa y proclive a cumplir sus deseos (Génesis I-22). Pero es evidente que Dios de mujeres entiende poco, porque la sumisa Eva, mujer al fin, por curiosidad o/y lujuria provocó un desastre para la humanidad: nada menos que la expulsión del Paraíso con las consecuencias por todos conocidas: pérdida de la inmortalidad, guerras, miserias, muertes, hambrunas, en fin toda clase de sufrimientos.

Quizás la sabiduría de Dios o el conocimiento de los trastornos que causaron las mujeres de su creación lo protegió para mantenerse soltero y evitar así los problemas que tenían los dioses de otras religiones empeñados en disputas interminables con sus esposas.

Pero el problema que el Supremo nos dejó a sus criaturas terrenales es que aún hoy siguen debatiendo, tanto en el lecho como fuera del mismo, quien está arriba y quien está abajo. Al respecto no debemos ilusionarnos, toda relación humana, tanto entre los seres que más se aman o admiran, como entre los que más se denigran u odian, tiene en lo manifiesto o en forma latente una competencia por el poder.

Posiblemente estos tiempos sean más propicios a las Lilith, en cuanto al reconocimiento cada vez mayor de que un género determinado no da derechos sobre el otro y que la simetría en el trato conlleva beneficios tangibles a la relación entre las personas cualquiera sea su género. Como psicoanalista conozco casos en los cuales las mujeres sólo pueden gozar del sexo estando arriba, otras que no toleran la entrega al hombre y otras que felizmente pueden disfrutar del sexo de distintas maneras en la medida en que ese espacio no es invadido por situaciones de rivalidad. Casos similares suelen presentarse en algunos hombres, que de carecer de un sometimiento de la mujer no pueden encontrar placer.

Afortunadamente, las nuevas generaciones construyen relaciones de mayor confianza, compañerismo e igualdad. Los jóvenes de hoy no toleran la carga económica o de las tareas del hogar que no sean compartidas, así como la atención y el cuidado de los hijos. Si bien la batalla por el poder siempre está presente porque somos humanos, también sabemos que estando en la cama abajo o arriba podemos disfrutar de lo que el compañero nos ofrece.

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