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La dignidad hecha historia

Después de mi viaje a Kurdistán ya no volveré a ser la misma. Esas mujeres modificaron mi escala entre lo posible y lo imposible.

Domingo 17 de Febrero de 2019

Después de mi viaje a Kurdistán ya no volveré a ser la misma. Esas mujeres modificaron mi escala entre lo posible y lo imposible. Kurdistán me regaló una de las experiencias más vitales, me dejó afectos sembrados, dolores guardados, la comprensión de la vida y la naturaleza de un modo diferente, y dos amigas. Alina, médica internacionalista que llevo en mi corazón, y Hevidar, mujer luchadora y de una voluntad inquebrantable. Con ella compartimos mucho y hasta pude darme el gusto de que cantemos juntas El necio de Silvio Rodríguez .

Hay muchas historias para contar. Ni las palabras ni los ojos alcanzan para abarcar el avasallamiento de la destrucción que genera la guerra: no se puede entender el odio a un pueblo que lucha por una vida libre. No hay miradas ni alma ni cuerpo capaces de contener la emoción que desborda cuando se ve a ese mismo pueblo organizado, construyendo una sociedad nueva, autónoma, libre.

Una de las vivencias que más me marcó fue conocer a una mujer de las milicias junto a su hijo. Llegaron una tarde a la montaña. Ella, con sus ojos oscuros, profundos. Nos sentamos en ronda a tomar el té, como es costumbre. Le pregunté como había sido que los dos, madre e hijo, se unieran a las fuerzas de autodefensa. Me contó que quería hablarme de la situación de Irán. Y se refirió entonces a la esclavitud de las mujeres, a las niñas que son obligadas a casarse con hombres adultos, a la violencia física, psíquica, a la creencia de superioridad del hombre sobre la mujer. Mencionó que ese desprecio termina reflejándose en los hijos, que humillan a sus madres cuando crecen, a esas que los cuidaron y amaron. "Esa es mi historia y yo no quería eso para mí ni para mi hijo, por eso huí, lo llevé conmigo y me uní a las milicias. Hoy puedo decir con orgullo que mi hijo es comandante, que lucha por la libertad de estas tierras, lucha con las mujeres por una vida libre. Es un hombre diferente al que estaba destinado". Sentí una emoción muy fuerte ante su relato y la firmeza de su mirada. La felicité por su valentía.

Después pedí hacerle un retrato. Lo hicimos rápido porque el dron que bombardea hacía rato que estaba acechando. Después nos hicimos una foto juntas y nos abrazamos muy fuerte. Hay idiomas que no necesitan palabras.

Ellas, las mujeres libres de Kurdistán, son la dignidad hecha historia.

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