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Ciento treinta años con Sherlock Holmes

Es el detective más famoso, el protagonista de ficción más reconocible de la literatura universal, quien nos acompaña con sus deducciones desde siempre

Domingo 05 de Noviembre de 2017

En noviembre de 1887 la revista inglesa Beeton's Christmas Annual publicó Estudio en escarlata, novela corta de un desconocido médico escocés llamado Arthur Conan Doyle. Fue la primera historia protagonizada por Sherlock Holmes, el detective más famoso de la literatura.
   Tradicionalmente, se considera que el género policial nace en 1841 con la publicación de Los crímenes de la calle Morgue, del escritor norteamericano Edgar Allan Poe. Ahí aparecen los principales elementos del género: el enigma que hay que resolver y el detective, por lo general, aficionado, que lo resuelve no gracias a su intuición o a un golpe de suerte sino mediante la búsqueda sistemática de datos y la aplicación del razonamiento. Sin embargo, hay por lo menos dos antecedentes de relatos que podríamos considerar "detectivescos, donde un enigma se resuelve mediante un análisis racional de la situación.
   El primero es de la Biblia. Según el libro de Daniel, capítulo 14, el rey de Babilonia adoraba al dios Bel, a quien consideraba un dios "vivo, que comía y bebía": todas las noches dejaba en el templo manjares como ofrenda. Y aunque el templo se sellaba herméticamente, a la mañana siguiente los manjares habían desaparecido.
   Daniel, para quien Bel era solamente un ídolo de arcilla y bronce, sospecha que debía haber una explicación más racional para la desaparición de las ofrendas. Esa noche, antes de que el rey selle el templo, Daniel esparce cenizas por todo el suelo. A la mañana siguiente, el suelo estaba cubierto de pisadas, dejadas sobre las cenizas por los sacerdotes que habían retirado las ofrendas. Un buen ejemplo del uso de la lógica para resolver un enigma.
   El otro relato pertenece a la historia de la ciencia. Herón, rey de Siracusa durante el siglo III a.C. le había dado a un orfebre una cierta cantidad de oro, destinada a la fabricación de una corona. Cuando la corona estuvo terminada el rey comenzó a sospechar que el orfebre se había quedado con parte del oro, reemplazándolo por un metal de menor valor. Encargó la solución de este problema a su súbdito más famoso: Arquímedes.
   Aunque la historia no registra si el orfebre fue o no honesto, sí sabemos que Arquímedes no solamente resolvió el problema sino que, durante la investigación, descubrió su célebre principio que describe el comportamiento de los cuerpos flotantes. Una investigación científica y forense al mismo tiempo.

El verdadero Sherlock

Aunque Holmes despreciaba a Auguste Dupin, el detective creado por Poe, la deuda de Conan Doyle con los escritos de Poe es evidente. Por ejemplo, Holmes acostumbra a deducir los pensamientos de Watson, tal como hace Dupin con su compañero de cuarto en Los crímenes de la calle Morgue. En Escándalo en Bohemia, el problema gira alrededor del robo de un documento, como en La carta robada. Y en El problema de los bailarines, Holmes descifra un mensaje en clave por los mismos métodos del protagonista de El escarabajo de oro.
   Pero, según el propio Conan Doyle, su modelo para el detective observador y detallista fue uno de sus maestros en la escuela de medicina de Edimburgo: el Dr. Joseph Bell. Bell aseguraba que se podía deducir la ocupación de un paciente observando los callos en sus manos, la manera de caminar, la presencia o no de tatuajes o su forma de hablar. Doyle dotó a su detective de esa capacidad de observación y deducción. Por ejemplo, Watson nos cuenta que Holmes puede decir por qué barrios de Londres ha estado un visitante, observando el polvo acumulado en sus zapatos y sus ropas.
   Cuando Holmes conoce a Watson, lo primero que le dice es "veo que ha estado en Afganistán". Más tarde explica que Watson tiene un indudable porte militar, ha sido herido en un hombro y, aunque es de piel blanca, su cara y sus manos están bronceadas por el sol. Todo eso le indica a Holmes que Watson estuvo en alguna guerra en los trópicos y, en la época en que transcurre la historia, eso solamente podía ocurrir en Afganistán.
   Otro ejemplo notable de deducción aparece en El carbúnclo azul, donde Holmes deduce la edad aproximada de un desconocido, su personalidad, estado físico, situación financiera y relación con su esposa, todo a partir de la observación de un sombrero.

El perro que no ladró

Todos los aficionados a Sherlock Holmes tienen su ránking de historias favoritas. Y aunque la elección cambia de aficionado en aficionado, hay una historia que suele aparecer siempre entre las mejores: El caso Silver Blaze. Ahí Holmes hace dos de sus deducciones más brillantes.
   La historia trata sobre el robo de un caballo de carreras. Al caballo lo cuidaban un peón y un perro. Pero el peón se queda dormido y nadie oye ladrar al perro. Luego se descubre que alguien había puesto opio en el cordero al curry servido al peón en la cena.
   Holmes explica que el opio tiene un sabor muy característico y que es muy difícil ponerlo en la comida sin que el comensal lo note. Salvo que la comida sea muy condimentada, como es el caso del cordero al curry servido esa noche. Si la cena servida era justamente la adecuada para rociarla con opio, el culpable debía ser alguien capaz de decidir el menú de los peones.
   En cuando al silencio del perro, eso está asociado a uno de los diálogos más famosos de todas las historias se Sherlock Holmes. Cuando un policía le pregunta a Holmes si ha descubierto algún detalle importante, este menciona "el curioso incidente del perro durante la noche". Cuando le señalan que no hubo ningún incidente con el perro, Holmes contesta que, justamente, ese es el curioso incidente.
   Si alguien se metió en la caballeriza donde un perro cuidaba al caballo, y el perro no ladró, eso indicaba que el intruso era alguien conocido por el perro. Los detalles de la cena y del silencio del perro le señalan a Holmes el culpable del robo: el entrenador del caballo. El escritor británico Mark Haddon se inspiró en este pasaje para titular su novela El curioso incidente del perro a medianoche, publicada en 2003.
   ¿Cómo se explica la vigencia de Sherlock Holmes más de un siglo después de su "retiro", en 1915? Tal vez porque, a diferencia de otros héroes de ficción, Holmes no se destaca por su fuerza, su valentía o su atractivo físico. Lo hace por su inteligencia.

Claudio H. Sánchez
Periodista y divulgador científico

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