Los más de 60 trabajadores de Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia que desde el inicio de año vienen reclamando su regularización como trabajadores del Estado en las áreas de promulgación de derechos de infancias y adolescentes no sólo se reorganizan para volver a plantear sus exigencias al gobierno provincial, sino que además pusieron sobre la mesa en las últimas horas un escrito donde advierten sobre su propia salud y la afecciones que sufren como parte del "desamparo" en que los deja el Estado. Aumento de las licencias por salud mental, además de afecciones de la piel y gastrointestinales, trastornos del sueño y taquicardia son algunos de los cuadros que enumeran.
A la crítica situación del sistema que atiende a las infancias y juventudes con derechos vulnerados y el contexto de violencias que atraviesa la ciudad, se le añade su propio escenario de precarización sostenido a lo largo del tiempo. "Quienes abordamos a estas poblaciones, al igual que ellas, sufrimos el descuido y la violencia de parte de políticas que declarativamente proponen la inclusión, la perspectiva de derechos, y la presencia del Estado a lo largo del suelo santafesino", afirman en el texto que hicieron público.
Mientras se preparan para presentar nuevamente sus reclamos las próximas semanas en la Legislatura provincial, recalcaron que persisten "prácticas que precarizan, persiguen y estigmatizan a trabajadores a los cuales se les pide que cumplan toda clase de obligaciones" y plantean la pregunta: "¿Qué es el descuido para un trabajador del Estado?"
"La respuesta se parece a una forma de desamparo. Se trata de ser objeto de discursos que nos ponderan pero de prácticas que nos humillan", señalan en referencia a la situación que atraviesan quienes a través de contrataciones precarias por parte del Estado son "paradójicamente quienes sostienen las prácticas más complejas y más complicadas. Quienes sostienen el sistema de protección integral de infancias y juventudes. Suelen ser trabajadores jóvenes, pujantes, que ingresan al Estado con fuerza, con ideas, con el deseo de pertenecer y ser parte activa de sus políticas, pero que son sometidos a toda clase de frustraciones, exposiciones, complejidades que exceden sus posibilidades".
Una política que enferma
Lo que además de la situación laboral y la precarización de sus ingresos pusieron fuertemente sobre la mesa en las últimas horas fue la de su propia salud y los efectos que tiene lo que llaman "una política que enferma". Así no sólo señalan el incremento de pedidos de licencias por salud mental, sino además otras afecciones como patologías en la piel, gastrointestinales, alteraciones en el sueño y cuadros de taquicardias.
"¿Qué efecto tiene esto en la salud de los trabajadores?", se pregunta también el escrito, que además convoca a la reflexión de otros sectores de la ciudad. "Existe un tiempo que es el de la esperanza, la espera de algo que vendrá a mejorar la situación actual de vida. Es uno de los ejes de la vida humana -continúa-. Como también lo son la creatividad, el amor y la agresividad necesaria para llevar adelante todas las anteriores. Pero cuando la esperanza se vuelve un tiempo sin tiempo, un presente que no presenta nada más que lo mismo, se vuelve mortificación".
Esa mortificación es la que justamente señalan no sólo se traduce "en la pérdida de la creatividad, del deseo, del disfrute, de la capacidad de sostén necesaria para trabajar con las problemáticas tan descarnadas que tiene nuestros niños y jóvenes", sino además en el deterioro de su propia salud. "Y si había problemáticas de salud previas, si ya eran manifiestas se acrecientan", agregan.
En la enumeración remarcan la aparición de "toda clase de afecciones que suelen pasar inadvertidas: afecciones de la piel, falta de energía, trastornos del sueño, dispersión, taquicardia, problemas gastrointestinales, entre otros", a lo que suman los padecimientos del orden de la salud mental.
"Las licencias "psiquiátricas" se multiplican ante la indiferencia del otro, y entonces el mismo Estado pierde a sus trabajadores y su capacidad de intervenir con las poblaciones que se propone resguardar. E incluso las licencias son vividas frecuentemente por los propios trabajadores, con vergüenza de cómo serán vistos por los otros, y con culpa de estar traicionando la expectativa que pusieron en ellos, todo lo cual redobla el padecimiento que el descuido ya produjo sobre los trabajadores", afirma sobre el final el documento.