La ciudad

Soldados, fundadores y docentes históricas en pleno bulevar Avellaneda

En el Cementerio de Disidentes descansan desde los impulsores de Newell's y Central hasta combatientes de la Segunda Guerra Mundial.

Domingo 17 de Noviembre de 2019

Ni Colin Bain Calder en el desaparecido bar de avenida Alberdi 23 bis en el que fue proclamado primer presidente del Central Argentine Railway Athletic Club (hoy, Rosario Central), ni Isaac Newell en el Colegio Comercial Anglo Argentino que fundó (y que sirvió como piedra basal para que su hijo Claudio cree, junto a alumnos y ex alumnos de su padre, Newell's Old Boys) imaginaron que sus restos descansarían eternamente a escasos 20 metros, en el Cementerio de Disidentes, donde, en el camino que se recorre entre una sepultura y otra, también está una de las primeras maestras que llegó de Estados Unidos para dar clases en la ciudad. En la necrópolis de Avellaneda 1850 también hay recuerdos de soldados de la Primera Guerra Mundial y actores principales de la Segunda Guerra Mundial, que confirman que el terreno que empezó a gestarse por la comunidad no católica que vivía en Rosario está cargado de historia.

Anualmente, en el cementerio se realizan alrededor de 130 inhumaciones. La Asociación Civil Cementerio de Disidentes, encargada del lugar, depende de la Iglesia Anglicana San Bartolomé (Urquiza y Paraguay) y la Iglesia Luterana Reformada de Rosario (San Lorenzo y Oroño), perteneciente a la Congregación Evangélica Alemana.

El cementerio es un gran jardín de casi 30 mil metros cuadrados en donde hay 360 sepulturas "apartadas de cualquier tipo de gestión, que pertenecen al cementerio pero no están a la venta" por ser muy significativas las personalidades que allí están sepultadas o por la importancia de las obras esculturales, según indica Mariano Rubio, administrador del lugar.

En 1860, italianos, españoles, ingleses, franceses, alemanes, griegos y árabes, entre otros, ya poblaban la ciudad y, además, buscaban nuclearse en grupos propios de sus nacionalidades que permitieran hacer más llevadero el desarraigo.

Es por eso que no sólo algunas comunidades, como los ingleses o los alemanes, crearon sus clubes y escuelas, sino que hubo un punto de la historia en el que también debieron generar un lugar para enterrar a los seres queridos que no profesaban el catolicismo. "En ese momento, la Iglesia Católica controlaba los nacimientos y las defunciones. Los protestantes no podían ser enterrados en cementerios católicos", cuenta el historiador Ernesto Ciunne.

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Así, la sepultura de Enrique Harris Halls inauguró el Cementerio de Protestantes el 7 de julio de 1860 en la manzana comprendida, actualmente, por Dorrego, Pasco, Moreno y Cochabamba. De esta manera, las principales comunidades que no profesaban el catolicismo tenían ya un camposanto para inhumar a sus seres queridos.

Llegado 1865, las epidemias de cólera, tifus y fiebre amarilla ayudaron a que el cementerio sobrepasara su capacidad y llevaron a vecinos y autoridades a pedir su traslado a las afueras de la ciudad. Para suplir ese pedido, se habilitó el segundo y definitivo camposanto en Avellaneda 1850, con la sepultura de Ana Wienholcz, una niña de 14 años muerta por cólera, el 21 de julio de 1886.

Ambos terrenos funcionaron a la par, ya que la última sepultura en Dorrego y Pasco fue la de la alemana Ana Schmid de Wieland, el 13 de julio de 1907. El traslado definitivo del Cementerio de Protestantes (para ese entonces, de Disidentes) sería recién en 1930.

Prueba del traspaso es la pared del fondo del cementerio que da a la plaza Chiodi (Valparaíso al 1800), donde hay una larga fila de lápidas que tienen dueño declarado, pero no tienen cuerpo asociado. "Se trasladaron todos los cuerpos. Los que no fueron reclamados en ese momento están en el osario común y las lápidas se preservaron", detalla Rubio.

En la pared que da a la plaza Chiodi hay decenas de lápidas en diferentes idiomas. Es una hilera de unos 30 metros dominada por una continuidad de losas en castellano, inglés y alemán, entre otros idiomas. Esa repetición de patrones se modifica cuando, de repente, aparece una lápida de 1890 con un gran texto en hebreo.

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Newell, Calder y la docencia

Entre tanta historia, se da una paradoja puramente rosarina. Isaac Newell y Colin Bain Calder, junto a algunos de los descendientes de cada uno, están sepultados a 20 metros. Incluso, desde el cementerio afirman que ambas sepulturas están mantenidas por sus familias actualmente, quienes, cuenta Rubio para que la paradoja crezca, tienen relaciones en común en la actualidad. "Sus descendientes se ven a menudo en otros ámbitos al margen del fútbol", dice.

En el camino entre ambas sepulturas descansa hace décadas Clara Gillies de Bischoff, una de las directoras del Normal 1 que se desempeñó como docente en la ciudad entre 1888 y 1904. Por eso, Ciunne aprovecha y cuenta: "Las maestras eran contratadas para venir al país por tres años, con posibilidad de renovar. Venir acá era una experiencia nueva. Ellas llegaban a Paraná, tenían un curso acelerado de castellano y después se las enviaba a distintos destinos de Argentina".

Además de contar que el viaje era muy largo por la falta de servicios entre Estados Unidos y Argentina —"tardaba entre 3 y 4 meses porque de Estados Unidos viajaban a Londres, y de Londres venían a Buenos Aires"—, Ciunne aclara: "Uno de los últimos destinos establecidos fue la Escuela Normal Nº 1 de Rosario, que fue una de las últimas que se creó en el país. Acá llegaron 16 docentes y, de ellas, seis están sepultadas acá".

"En 1870 ya hay tres instituciones que aportan otra mirada en materia educativa. Al Colegio Normal de Maestras (Nº 1) vienen las docentes norteamericanas con otra impronta y un sistema educativo totalmente distinto porque antes, en la escuela, se enseñaba religión, un poco de matemática, latín, historia y nada más. Ellas traen matemática, historia, física, horticultura, comportamiento social y hasta gimnasia", agrega, para luego comentar que Gillies de Bischoff falleció en Buenos Aires en 1932, pero pidió que sus restos fueran enterrados en Rosario.

Además de ella, en el cementerio de Avellaneda 1850 están Mary Ann Gillies (enseñó en la ciudad entre 1898 y 1904), Jane Hunt (trabajó en Rosario entre 1890 y 1892, año en el que fallece mientras era directora del Normal 1), Guillermina Tallon (1904-1907), Sarah Strong (1883-1892. Fallece en Mendoza, pero está sepultada en Rosario) y Virginia Allen de Disosway (1883-1892).

Al tratarse de personalidades clave para la historia de la ciudad, es el mismo cementerio el que se encarga de mantener las seis sepulturas. Esto se aclara porque sólo quienes llegan al cementerio por curiosidad visitan a las docentes. “Nunca se pusieron en contacto las familias”, cuenta Rubio.
"En la Segunda Guerra, el cementerio funcionó con ingleses y alemanes. En otros lados quedaron muy divididos"

Aliados y nazis en Rosario

El Cementerio de Disidentes tiene, en diversos sectores del terreno, a soldados que fueron parte de las dos guerras mundiales del siglo pasado y que por distintos motivos descansan en suelo rosarino.

Entre ellos, hay tripulantes del buque Admiral Graf Spee alemán y un combatiente que sirvió al bando de los Aliados en la Campaña en Africa del Norte contra la Alemania nazi, el Reino de Italia y la Francia de Vichy.

La vida de Kenneth Hoyle tuvo un quiebre cuando actuó en la Campaña de Africa del Norte, combatiendo para los Aliados contra el Africa Korps alemán, específicamente en el segundo regimiento de acorazados del ejército británico. Actualmente, Kenneth descansa en el Cementerio de Disidentes y, según contaron allí, sus descendientes lo siguen visitando.

“Es algo loco que él esté en Rosario”, confiesa Ciunne, quien vio el nombre de Kenneth un día en el cementerio y la curiosidad lo llevó a buscar cuál había sido la injerencia del soldado inglés en el campo de batalla.

“Durante la Segunda Guerra Mundial el cementerio siguió funcionando con ambas comunidades (ingleses y alemanes), que en otros lugares quedaron muy divididas”, comenta Rubio. Y de este conflicto, hay al menos cinco actores directos que fueron parte de la tripulación del buque alemán Admiral Graf Spee, el terror del Atlántico Sur en los meses previos a la Segunda Guerra Mundial.

Dos de esos tripulantes están sepultados uno al lado del otro en el Cementerio de Disidentes; a uno de ellos, lo siguen visitando sus descendientes.

“Algunos tripulantes del Graf Spee se quedaron a vivir acá después de que el buque fuese averiado (en la Batalla del Río de la Plata, a unos 500 kilómetros de la costa uruguaya, contra buques ingleses) y que se lo llevara a reparar a Montevideo (diciembre de 1939). Por el momento, sabemos que acá hay cinco de ellos (en referencia a los tripulantes)”, detalla el administrador del cementerio.

Alejado de la entrada actual (antes se ingresaba por Valparaíso) hay un memorial para un soldado de la Primera Guerra Mundial, quien murió en la Batalla de Cambrai (Francia). Allí no está enterrado él, sino una mujer, pero sobre el memorial donde se la recuerda a ella también se hace mención a la existencia del soldado alemán.

De hecho, Ciunne resalta que el relieve del rostro del soldado que se hizo sobre la placa conmemorativa del memorial se confeccionó “en escorzo”: “Cuando le da el sol, al estar hecho en profundidad, pareciera que el soldado te mira constantemente”.

El Cementerio de Disidentes es un jardín de tres hectáreas repleto de historia en el que Ciunne, sin dudarlo, afirma encontrar “todos los días, algo distinto”, mientras mira, con asombro, una gran cruz celta de madera sobre la que hay datos que el paso del tiempo volvió indescifrables.

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Visitas guiadas

El Cementerio de Disidentes hace visitas guiadas los sábados, desde las 14.15, y los domingos, desde las 10.15. Los cupos son limitados, las entradas son sin cargo y quienes deseen asistir, deberán inscribirse previamente en la página del cementerio: www.cdisidentes.com.ar. En caso de lluvia, las visitas se cancelan.

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