La ciudad se distingue por la enseñanza y la práctica de danzas de todo el mundo.
En parques y plazas, frente a una pantalla, dentro de teatros, academias y escuelas, por el centro y por los barrios, en parejas o grupos; en Rosario alguien baila, y nunca una sola música. La ciudad se distingue por la enseñanza y la práctica de danzas de todo el mundo, incluso aloja el festival de artes escénicas contemporáneas más importante del país (El Cruce, que cumple 25 años) y desde hace más de cuatro décadas el Encuentro de Colectividades, que tiene a las danzas típicas como eje. Esta nota explora ese movimiento polimorfo que se extiende entre la tradición y la vanguardia, y del que a veces no se tiene cabal dimensión. Lo protagonizan aficionados y profesionales, en ballets, competencias callejeras, milongas, salseras, festivales, colectividades. Y la lista sigue, a todo ritmo.
Fernanda Vallejos y Verónica Rodríguez son bailarinas, docentes, gestoras culturales reconocidas en el exterior y referentes rosarinas del sector. Sobre la oferta pública de formación en danza, enumeran la centenaria escuela municipal Ernesto de Larrechea, para niños y adolescentes, que tiene 800 alumnos; el secundario Nigelia Soria, al que consideran “un semillero” y el instituto terciario de profesorado Isabel Taboga (provinciales); así como el postítulo en Artes Escénicas con mención en danza de la UNR. “Luego están los múltiples espacios privados, algunos más tipo escuela y otros tipo academia, taller, ballet”, completan.
“Desde lo tradicional, el folclore, el tango y el jazz a la producción artística y las improvisaciones de free-style y urbanas, que crecieron mucho en la última década, el mundo de la danza en Rosario es amplio en actividades y estilos; aunque menos visible que otras expresiones culturales. Y eso que la gente participa un montón: en cada barrio hay un instituto donde bailar, fiestas populares, festivales, circuitos de competición, ball-rooms (de la comunidad Lgbttiq+) y dinámicas K-pop (vinculadas a Corea), pero falta difusión para que el público general se entere”, observa Rodríguez.
Su compañera agrega que una ley nacional de danza, por la que bregan hace años, contribuiría al fomento y a la circulación de obras, puestas y espectáculos. Para colmo, no existen “una agenda especializada ni críticos especializados”. Mientras, “una nueva generación de bailarinas que son comunicadoras difunden contenidos para todo público en redes como Instagram y TikTok. Es interesante porque se abre otro panorama”, apunta Rodríguez. Destaca también un circuito temático en formato podcast y la revista Inquieta de Cobai, colectivo independiente con proyección internacional que desde 1999 tiene a la danza contemporánea como eje. Son organizadores del festival El Cruce, que en septiembre llegará recargado, en ocasión de cumplir un cuarto de siglo, una continuidad inédita en la Argentina.
“La danza es social porque hay encuentro con otro. Uno puede bailar porque le gusta, es sano, hermoso y hace bien a la salud, pero además tiene un costado profesional. Rosario ha sido exportadora de artistas, muchos están en compañías de otros países o llevan sus obras afuera: es un valor que se genera en la ciudad y también la difunde por el mundo”, resume Rodríguez.
Una Babel de la danza
Otro diferencial en la materia viene a través de la Fiesta de las Colectividades, que en rigor nació gracias a la danza. La asociación, que desde hace 41 años organiza el encuentro, nuclea a 50 comunidades extranjeras y la mayoría de ellas tiene cuerpo de baile. Así lo confirma su actual presidenta, Lydia del Grosso. Para montar un stand en el Parque Nacional a la Bandera cada noviembre, es obligatorio contar con un conjunto folclórico. Sus integrantes, por lo tanto, ensayan todo el año y participan en distintos eventos dentro de la provincia y del país, incluso realizan intercambios en el exterior.
“La Fiesta representa una motivación para la vigencia de los grupos, porque bailar en el escenario mayor es un deseo fuerte”, plantea Del Grosso. “Hay conjuntos muy consolidados y estables, de hasta 50 años de antigüedad, donde bailan personas de todas las edades. Son inclusivos porque no exigen que tengas familiares de esa colectividad. De hecho, hay chicos que bailan en dos colectividades distintas”, agrega la dirigente, quien años atrás bailó para la comunidad de Nápoles.
danzas1
Carmen Marianucci Llansa encarna el planteo: es descendiente de catalanes y madrileños, pero desde 1997 dirige el conjunto de baile y gaitas La Santina (por la virgen de Covadonga), que tiene 35 años y funciona en el Centro Asturiano. Hoy solo dos o tres personas del grupo registran ancestros que hayan emigrado de Asturias, España. La participación es abierta, solo hay que tener ganas de tirar pasos de jota, muñeira y fandango.
“Son bailes grupales, en corro (rueda) y en cuadrillas (de cuatro personas). Actuamos en nuestras fiestas, las fabadas, y en eventos de otras colectividades y de otras ciudades. Viajar es una motivación para los integrantes, así como subirse al escenario mayor (de la fiesta anual)”, explica la profesora de danzas españolas, que se formó con una histórica del estilo en Rosario, Alcira Cassini Morán. Hoy nonagenaria, Alcira es una de las maestras más longevas de la ciudad, que abrió su academia en 1954 y dirigió el ballet de cámara del Club Español.
“Cuando hicimos una foto en el parque de España, entre grupos de danza y coro, éramos más de 1.500 personas”, retoma del Grosso, y rescata el “ambiente de camaradería” que caracteriza a los conjuntos tradicionales. En Rosario, es posible practicar en cualquier momento del año coreografías de lo más diversas, desde mazurcas, tarantelas y polcas paraguayas a danzas árabes y afroperuanas, sevillanas y axé brasilero... Una auténtica Babel de la disciplina.
Bailar para vivir
En 2005 el diseñador Fabio Pedraza se anotó en una clase de salsa cubana. Pronto su profesor le ofreció que lo ayudara y se convirtió en su asistente durante 12 años. Hasta que abrió su propia escuela en el barrio Abasto (Dile Que Sí), a la que hoy asisten 150 personas entre los 13 y los 80 años seducidas por los géneros caribeños (salsa, bachata, chachachá, mambo y merengue), también por el reggaeton y los ritmos urbanos. El promedio de edad es entre 30 y 40 años, la mayoría son mujeres. La mitad llega a la academia por recomendación de médicos, psicólogos y psiquiatras.
“Mucha gente sola que está deprimida, encerrada. Otros súper tímidos que ni me miran a la cara o no miran a su pareja y después cambian de actitud”, se entusiasma Pedraza, que contabiliza por lo menos diez matrimonios armados entre paso y paso, entre figura y figura. Estos ritmos no se bailan solos ni en grupo, sino de a dos.
“Me gusta ver a los que no saben mover un pie y a los tres meses están bailando, porque disfrutan, se sienten seguros. Pasan muchas cosas, más allá del baile en sí”, asegura. Lo principal es que los alumnos se vuelcan a practicar y para eso disponen de “salseras”, es decir boliches que funcionan de lunes a lunes, de 22 a una de la madrugada y a un promedio de cinco mil pesos la entrada. “En estas danzas se mueven la cadera, los hombros, hay que contornearse. Soy un convencido de que todo el mundo puede bailar, aunque no lleguen a un nivel de excelencia”, advierte el director.
Bachata en crecimiento
En el último lustro creció mucho la bachata, y el público también pide zumba, que es más aeróbica; “freestyle” (estilo libre, con reminiscencias del break-dance, donde los bailarines deben ser elásticos) y hasta “heles” (fusión de estilos que se baila en tacos altos, ya sean zapatos o botas). Estos últimos géneros son los preferidos de los jóvenes, que también se animan a formar parejas de varones y de mujeres, desafiando la lógica patriarcal de que los parteneires deben ser de uno u otro sexo y aquello de que el hombre manda y la compañera obedece. En todo caso, hay un líder y un seguidor, antes que división sexual de roles según género.
En Rosario, la tradición y la vanguardia bailan juntas, y piden pista.
Noticias relacionadas
El Juan Manuel Fangio de Rosario ya tiene varias fechas confirmadas
Un accidente que reavivó las denuncias por el estado crítico de la ruta 136
El Barco Ciudad de Rosario operará desde la Fluvial y quieren inaugurar en junio
Murió Horacio Usandizaga, el primer intendente de Rosario tras el regreso de la democracia