Los nenes comen con sus mejores modales. Empuñan cuchillo y tenedor con destreza y se concentran en cortar bien la comida. "Es que la comensalidad es algo que se enseña: en primer grado tienen que aprender a usar los cubiertos y a permanecer sentaditos a la mesa", cuenta la directora de la Escuela 1.314, Andrea Ranzuglia. "Son hábitos que se van formando, a mitad de año los más chiquitos ya los incorporan", agrega la vice, Marcela Milici.
Y así los ve este diario. Sentados, esperan que les sirvan el primer plato. Primero no porque antes haya entrada, sino porque suelen comer dos.
"¿Cuál es tu comida preferida?", pregunta a cada chico LaCapital. La respuesta mayoritaria es "milanesa", mal que le pese a la cocinera, convencida de que el guiso es el plato favorito. Y milanesa en sus formas más diversas: a la napolitana, pizzanesa, con papas fritas, con puré...
La mayoría de los nenes dice que la mamá les cocina. Cada tanto el papá ("a veces me hace asado", cuenta uno).
Y en ese punto sí, confirman la opinión que expresan en la cocina: dicen odiar la cebolla, la zanahoria o el zapallito. En línea con ese gusto, unos cuantos se engullen las hamburguesas, pero abandonan, todo todito, el tomate.