Walter Alfaro tenía apenas 20 años cuando comenzó a trabajar como portero de la guardia del Hospital Agudo Ávila. Ya eran los tiempos de la democracia y hacía tiempo que el edificio estaba rodeado de un muro sobre calle Santa Fe que lo cubría, un ejercicio sobre el neuropsiquiátrico idéntico al que la dictadura cívico militar hizo sobre la villa de Las Flores para el Mundial 78. Sin embargo, sí vio en primera persona el momento en que esa pared se demolió y cómo desde el patio interior muchos hombres y mujeres descubrían "otro mundo". "Se agolpaban sobre el murallón para ver pasar los colectivos y los autos, de adentro para fuera, muchos desde su ingreso se habían quedado sin ver más la calle", contó Alfaro. "Acá también hubo vidas arrasadas", afirmó Giselle Ferrari, trabajadora social de la Dirección de Salud Mental sobre quienes vivieron su vida muros adentro.
Junto con la dirección, a cargo de Laura Coll, Ferrari y Alfaro -ahora jefe de Servicio General del hospital-, y también la responsable del archivo de la Colonia de Oliveros, Laura Alarcón, y el Archivo General de provincia de la mano de la historiadora y jefa de la sede Rosario, Gisela Galassi, buscan poner luz sobre esa opacidad y los estigmas que durante décadas se tejieron, y aún se siguen tejiendo, alrededor del espacio y de los usuarios de los servicios de salud mental. Un proyecto que además busca sumar en el camino de "reconvertir los procesos de atención" en el marco no sólo de la ley nacional de salud mental aprobada hace algo más de una década y del plan de salud mental trazado por la provincia entre 2022 y 2028.
Para eso, desde hace algunos meses pusieron en marcha un trabajo de rescate del archivo del efector, vinculado históricamente a la Cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) donde encontraron un acervo de más de 200 imágenes de principio de siglo -incluso alguna de ellas en antiguos soportes de vidrios-, boletines, cartas y documentos que forman parte de la historia del efector y de quienes pasaron por allí.
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El material es "amplio y disímil" lo describió Galassi, aunque dejó en claro que son pocos los hospitales en el mundo que llegan a la actualidad con un material fotográfico tan importante y conservado. Y se trata fundamentalmente de fotografías de pacientes -"sobre todo muchas mujeres y niños", acotó Galassi- que fueron retratados entre los años 30 y 40, y que fueron utilizadas ya impresas en los boletines de psiquiatría que se producían.
Aunque aún el material debe ser analizado y clasificado en series documentales, la directora del hospital señaló que las imágenes comprenden "a gran parte de la población alojada por esos años", que anticipó que queda por delante "un trabajo pormenorizado de análisis".
Junto a las fotografías, además del libro de ingresos que también pasará a ser parte de un trabajo de recuperación para su conservación, se encontraron otros documentos sobre todo en formato papel, entre los que se encontraron también cartas de familiares a los entonces directores del hospital. "Abrimos los placares y las vitrinas de la Cátedra de psiquiatría y allí comenzamos a ver y analizar los materiales", señaló la directora, que además puntualizó que allí aún se conservan instrumentos que se utilizaban para la medición de los pacientes.
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Documentos y materiales encontrados en la Cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Ciencias Médicas.
Cuerpo sanos, almas sanas
La hipótesis es que las imágenes tomadas a los pacientes y aún resguardadas "eran parte de los procesos de investigación y de estudio en las poblaciones con problemáticas de salud mental en ese momento; material que además se utilizó posteriormente para la elaboración de boletines de intercambio internacional", señaló Coll sobre los materiales encontrados fundamentalmente de los años 30, en la previa de la Segunda Guerra Mundial.
Un fascículo italiano "Archivio Fascista de Medicina Politica", de septiembre y octubre de 1932; así como ejemplares "Pro Raza de la Salud", una publicación oficial de la Liga Argentina de la Profilaxis Social de agosto de 1937 son algunas de las publicaciones encontradas y que dan cuenta del momento histórico y del modelo de salud.
"Las instituciones no son sólo sanitarias, sino también políticas y sociales", afirma Ferrari y agrega: "Aparecen en esas publicaciones afirmaciones como Cuerpos sanos encierran almas sanas y artículos sobre cómo se llevaba adelante la limpieza de la población, con una mirada higienista".
Sin embargo, la trabajadora social no deja de decir que desde entonces en el dentro del paradigma del encierro que representan los hospitales psiquiátricos "hubo líneas de continuidad" y afirmó: "Sobre todo teniendo en cuenta que los diagnósticos son construcciones sociales de una época".
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Imagen del hospital en uno de los tacos que luego se utilizaba para la impresión de boletines.
Así, Coll recordó que por esos años funcionaba junto al hospital un "el espacio de paidopsiquiatría, donde se alojaban niños retardados que al cumplir sus 18 años pasaban de esa lugar directamente al hospital y que vivieron toda su vida aquí, y que algunos como Carlos Gómez que ingresó en el 54 y falleció en el hospital llegamos a conocer", señaló en referencia al paciente en cuyo homenaje el centro cultural de San Lorenzo al 2900 lleva el nombre de "El Gomecito".
Y si de continuidades se trata, Alfaro evocó sus recuerdos en el hospital para hablar de "la mayor experiencia de encierro" vivió durante los años de trabajo en el edificio y aclaró: "Fue en tiempos de democracia". Inmediatamente, el jefe de Servicio General refirió que "en las semanas previas al Congreso de la Lengua (2004), para la visita de los Reyes de España, estaba de guardia y comenzaron a traer y a entrar un aluvión de personas que estaban en situación de calle, que ante ese hecho debían ser retirados de la ciudad porque no se podía mostrar eso y los encerrar sin ningún criterio. Fue literal y yo lo vi".
Resguardar derechos
La responsable del Archivo General de la provincia en Rosario destaca la centralidad del material encontrado y puntualizó que acervos de estas características cumplen varias funciones, además de ser fuentes de investigación para las ciencias sociales.
"Son la memoria de las instituciones productoras de estos archivos, permite ver cómo fueron pensadas y permite problematizar su propia historia y sus prácticas", explicó Galassi, que hizo fundamental hincapié en que son sobre todo "garantes de derechos inalienables para la identidad y la filiación de muchas personas. Por tanto, ordenarlos y por dar cuenta de la información que contienen es un trabajo a resguardo de esos derechos".
De hecho, a diferencia de la Colonia Oliveros creada dos décadas más tarde que el hospital, donde Laura Alarcón se interpuso entre la destrucción de sus historias clínicas históricas y logró a lo largo de más de diez años de trabajo ordenar, preservar y sistematizar información desde el paciente uno ingresado a la colonia en los años 40, en el hospital ese material tal como la normativa lo permite fue destruido cada 15 años.
"Este edificio inaugurado primero en 1924 y después en 1927, a diferencia de la colonia tiene serios problemas de espacio lo que llevó a hacer efectiva esa destrucción cada 15 años", explicó Coll, aunque no negó la intención también "de borrar" parte de la historia en esa política sostenida.
En ese marco, resguardar lo encontrado y trabajar no sólo en su preservación, sino además en la gestión ante el Archivo de la provincia de lo que se llama "una tabla de guarda" y que permite que "en adelante toda la documentación del hospital, como son sus historias clínicas y documentos, sean de guarda permanente y no se las destruya porque justamente se trata de información esencial que garantiza derechos". Y que además, toda esa información, una vez ordenada, sea de acceso público, anticipó Galassi.
"Para nada se trata de la nostalgia por la historia en sí", aclaró Ferrari, y concluyó: "Marca justamente lo que no queremos que vuelva".