Van creciendo en número y funciones y cada vez solicitan más aptitudes. Las agencias de
seguridad que contratan a vigiladores privados ahora les piden el secundario completo y
conocimientos básicos de computación. Y cumpliendo esos requisitos cuidan edificios, empresas,
entidades públicas y bancarias. Son 80 las firmas activas (de un total de 164 habilitadas en
Rosario) que nuclean a un cuerpo de 5.600 agentes, mientras que los policías provinciales que
recorren las calles de la ciudad llegan a 4.500.
Las lecturas sobre las cifras están divididas: algunos creen que reflejan un estado de
inseguridad urbana cada vez más agravado. Otros sostienen que los vigiladores deberían ser
“aún más” para poner finalmente blanco sobre negro. “La policía debe ocuparse de
combatir el delito; para prevenir y cuidar, bastan los vigiladores”, señaló un empresario de
la seguridad local.
La suba del número de agentes privados en la ciudad se da en el marco de la elaboración de un
proyecto de ley por parte del gobierno provincial que apunta a reglamentar el funcionamiento de las
empresas de vigilancia. Desde el 19 de agosto de 1991 estas firmas se rigen por la extemporánea
reglamentación provincial 521, tan “imprecisa y vieja” —según las propias
palabras de empresarios y funcionarios— que no expresa nada, por ejemplo, sobre el control
electrónico, tan en boga en estos años.
“Ya estamos terminando el anteproyecto”, precisó el secretario de Seguridad Pública,
Carlos Iparraguirre, y recordó que la semana pasada habló en el Senado de este y otro trabajo que
le presentará “en breve” al ministro de Seguridad, Daniel Cuenca. “Apuntamos a
aumentar los controles sobre las agencias, limitar el uso de armas y abocarnos a la capacitación
del personal”, remarcó.
La aclaración del funcionario sobre el uso de armas se relaciona íntimamente con el episodio
ocurrido el 10 de enero pasado en la fábrica Cerámica Alberdi (Molina 2600), cuando el custodio
Matías Echegaray falleció tras ser baleado accidentalmente por un compañero de la firma Avipar S.A.
Las investigaciones policiales revelaron que la firma no tenía permiso para portar armas en el
predio que vigilaba, y el revólver calibre 38 que hirió de muerte al empleado no estaba registrado
a nombre de la empresa.
Otro hecho públicamente conocido que recuerda la necesidad de normar el accionar de los
vigiladores fue el ocurrido en mayo de 2007 en la céntrica tienda Falabella. Un custodio de la
firma Servicios Interactivos de Argentina SA (Siasia) atacó con gas pimienta a tres chicos de la
comunidad toba porque jugaban en la escalera mecánica. La estrategia de disuasión con gases tóxicos
no les está permitida a los custodios.
Las cifras. La sección Registro y Control de Agencias Privadas de Vigilancia de la
Unidad Regional II está desde 2000 a cargo de Heraldo Oriolani. Esa oficina es la que analiza el
crecimiento estadístico de los vigiladores y las agencias (ver infografía). Los datos son
elocuentes: en el 2000 los empleados activos eran apenas 900 y no se registraba inspección alguna
sobre las 30 empresas que operaban. Los custodios comenzaron recién allí a dividirse en dos
categorías con visibles carné colgados en sus uniformes: el celeste, sin portación de arma; y el
naranja, con portación.
En noviembre de 2007 la cifra había crecido más de cinco veces: había 50 agencias más activas y
las inspecciones anuales trepaban a 170. La curva siguió en alza: a dos meses de este año, en la
misma cantidad de empresas ya se concentran 5.600 vigiladores. Y un 15 por ciento son mujeres.
“Ciertamente llama la atención la cantidad de vigiladores privados, un fenómeno que se da
en el país y en el mundo ante la mayor demanda de seguridad y los inconvenientes del Estado para
afrontar ese servicio. Los capitales privados invierten y complementan las funciones del Estado con
sus alarmas, cámaras de seguridad y tecnología de punta. Por eso estamos trabajando para mejorar
sustancialmente la seguridad pública, tanto en equipamiento como en recursos tecnológicos, humanos
y capacitación”, remarcó Iparraguirre.
La repartición local que controla administrativamente a las agencias pone el ojo sobre las
habilitaciones. “En este momento hay 169 empresas que cuentan con habilitación, pero sólo
están activas 80. También nos ocupamos de que se realicen los exámenes médicos y los
psicodiagnósticos de los empleados, pedimos las credenciales de portación y tenencia de armas que
debe vigilar el Registro Nacional de Armas (Renar) y armamos los legajos, que son como las
historias clínicas de los vigiladores. Pero es el Ministerio de Trabajo el que releva que se
blanquee toda la situación de los agentes”, detalló Oriolani, al tiempo que admitió la
existencia de agencias que cobran un servicio muy barato a costa de tener a sus empleados en
negro.
Desde la Cámara Santafesina de Empresas de Seguridad Privada, Jorge Paleari indicó que el costo
laboral de un vigilador es de 11 pesos la hora, pero aquellas empresas que no les hacen aportes a
sus empleados pueden bajar esa cifra hasta a 9,50 pesos. “Las firmas serias, que les dan
uniforme y equipo de comunicación a su gente, que tienen supervisores y todo en regla, fijan un
costo laboral de 13,90 pesos, pero garantizan la seguridad que las agencias baratas no pueden.
Nosotros representamos a 25 empresas y nucleamos el 45 por ciento de los vigiladores de Rosario,
así que sabemos de lo que hablamos”, señaló.
En base a estos precios hay que calcular lo que se engrosan los gastos centrales cuando un
edificio cuenta con vigilancia privada. En una propiedad horizontal del Paseo del Siglo, por
ejemplo, se llega a abonar hasta 600 pesos de expensas. Se lee en el rubro vigilancia del detalle,
2.800 pesos.
Para el presidente de la Cámara, la cifra de vigiladores que aventaja a policías es aún escasa.
“Deberían ser más: en España hay 18 vigiladores por policía, en Italia 16, en Estados Unidos
36 por agente policial, y esto habla a las claras de las distintas funciones que debe tener cada
uno. ¿Qué sentido tiene que haya un policía en una repartición pública cuando debería estar
custodiando la calle? La seguridad debe controlarse desde varias vertientes: policías, vigiladores,
GUM, cada uno con su incumbencia. Esta es nuestra visión y se la hemos volcado a los funcionarios
provinciales que trabajan en el proyecto. Les hemos propuesto que incorporen un número telefónico
de emergencia, así los custodios registrados pueden contactarse directamente con los
policías”, remarcó Paleari.
El delegado regional de la Unión del Personal de Seguridad de la República Argentina, Carlos
Mazzei, quien representa a 4.777 vigiladores, señaló que el sueldo básico de un custodio es de
1.002 pesos. A eso se agregan 235 pesos en concepto de viáticos y 100 pesos de tickets. El pago
cubre 8 horas semanales y seis días por semana. El salario no es muy seductor, sin embargo no son
pocos los que buscan ser vigiladores, más allá de su sexo, edad y estudios previos (ver página 4).
Ahora bien, hay un sector de custodios vip , que trabaja en empresas multinacionales. Allí se les
paga un plus importante que llega a duplicar sus ingresos. “Pero el perfil que se les exige
es más calificado: conocimientos en computación es uno de los principales requisitos en estas
firmas”, comentó Mazzei.
Así, a partir de la crisis de 2001, muchos vieron en este trabajo una forma de ganarse la vida
tras haberse quedado sin empleo. Otros abrazaron la profesión hace tiempo por múltiples razones.
Pululan por los shopping, saludan atentos en el palier del edificio o piden datos al ingreso de una
empresa. Los vigiladores crecen, y en Rosario, ya son más que los policías.