"Oswald". Así lo llamaban sus compañeros y sus compañeras al peruano arequipeño Oswaldo Alvarez Peña, de 46 años, el enfermero de la guardia de Pami I que falleció el 31 de octubre de 2020, sin llegar a colocarse la vacuna contra el Covid y tras quince días internado en terapia intensiva. Uno de los 44 agentes de salud fallecidos en Rosario (según el Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino, Sisa) entre médicos, médicas, enfermeros, enfermeras, mucamas y personal de mantenimiento.
Así, "Oswald" se leen las seis letras que dejó estampadas de puño y letra en la puerta del casillero donde guardaba el ambo naranja que vistieron todos en la guardia durante el brote del virus, las zapatillas, el jarrito con calco de "YPF" para merendar, la planilla donde apuntó las últimas incesantes guardias y una estampita de la Virgen del Rosario. "Era muy creyente, siempre agradecido por su trabajo y su familia", dice Flavio Mamaní, el enfermero con quien compartió el casillero hasta último momento.
El nombre de Oswaldo se estaba desvaneciendo con los días, pero las compañeras de trabajo lo remarcaron con fibrón negro porque sienten indeleble la presencia de su compañero, porque no pueden ni quieren olvidarlo, porque pasó más de un año de su muerte y aún lo lloran, porque dicen que no pueden "procesarlo" y aún esperan que abra la puerta y salude como todos los días.
Pero no será así.
El retratro de tu ausencia #05 - Oswaldo Alvarez Peña, enfermero
Noelia Lombardo, Tatiana Zapata, Dora Rivero y Erika Oliden saben que no será así. Aún recuerdan con dolor cuando su cortejo fúnebre pasó en procesión por la puerta del Policlínico de calle Sarmiento y lo despidieron con sirenas, aplausos, bocinazos y llantos. Entonces deciden hablar de su compañero para aliviar tanto desconsuelo.
Entre otras cosas cuentan la última vez que compartieron con él una guardia: una lo saludó sin más y le deseó suerte porque sabía que ese fin de semana Oswaldo tenía previsto ver un partido de su "Boca querido"; otras dos rememoran pequeñas discusiones en medio de días al límite por la pandemia. Ambas señalan hoy a esas anécdotas como "verdaderas y habituales pavadas".
Todas se rieron con él.
"A mí me decía «sos mi sadofé preferida», sonríe apenas Noelia y explica que así se les dice a quienes hacen como ella guardias los "sábados, domingos y feriados".
Todas lo escucharon comentar lo rico que es el ceviche y el anticucho que se come en su país y su adorada Arequipa.
Todas lo oyeron siempre hablar con devoción de sus dos hijas y también de su madre y hermanas.
Todas fueron protegidas paternalmente por él. "Mis chicas" les decía a las enfermeras de esta guardia, casi como hacía Sandro con sus fans.
"Era tan buen profesional como buen compañero, siempre nos cuidaba, si nos exponíamos a un enfermo de Covid nos retaba porque esta no es cualquier guardia, donde la gente puede comer sola, acá estar encima del paciente es inevitable y el virus no dio tregua. Entonces él me decía, «vos tenés padres con factores de riesgo a quienes cuidar, dejame que vaya yo»", cuenta Tatiana, quien dice que su madre le agradecía ese gesto y otros tantos a Oswald mandándole especialmente comida en un tupper, porque había sido paciente de él en otro sanatorio.
Pero el cuidado y el cariño no impidieron que varios agentes de salud murieran tras los contagios en centros de salud, hospitales y sanatorios. A pesar de los recaudos, se contagiaron y varias decenas de ellos no sobrevivieron.
Erika asiente con la cabeza tras las palabras de Tatiana.
Enfermero.jpg
El retrato de tu ausencia: Oswaldo Alvarez Peña
Foto: Virginia Benedetto / La Capital
"Sí conmigo hacía lo mismo, yo soy madre soltera entonces me decía: «vos tenés un hijito que te espera en tu casa, a ese paciente lo atiendo yo». Y recuerdo también la última guardia que compartí con él: una enferma nos llamaba desde la cama, estábamos exhaustos y me dijo: «Esperá un ratito» y le dije «no te gustaría que te hagan esperar si estás internado así». No dudó, se levantó medio ofendido, pero fuimos los dos".
Es que así era Oswaldo, un poco de cal y otro poco de arena, como todas las personas. Sus chicas no lo santifican porque ya no está. Cuentan que era un "tipazo", un laburante que no dejaba de hacer guardias y hasta "hacía changas oncológicas", en otros lados.
Dicen que les enseñó a trabajar a todas, pero que era impuntual y se reía de eso. También dicen que era algo "chinchudo" si las cosas no se hacían a su modo.
"Una tarde nos peleamos por teléfono, me cortaba, me dejaba hablando sola y se reía. O me provocaba con discusiones políticas, es que yo soy peronista y él no lo era", dice Dora quien cuando murió su compañero se olvidó de todas las discusiones y diferencias y escribió con ternura en su Facebook:
"No lo puedo creer. Pensé que te ibas a recuperar y que íbamos a volver a pelear por teléfono por las camas, muchas guardias y vida compartida, me quedo con nuestras peleas por política, cuando me gritabas «choriplanera» y yo «globo amarillo», pero después se nos pasaba y siempre terminábamos hablando de lo mismo, de lo más preciado que tenías en esta vida: tus hijas. Te vas de la forma más injusta para un enfermero, no te merecías esto. Que en paz descanses, Oswald".
Un cierre con las mismas seis letras que usaban para llamarlo, las que él escribió y ellas remarcaron, las que lo nombrarán por siempre.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Idea y fotografía: Virginia Benedetto / Producción periodística: Laura Vilche / Edición de video: Andrés Mancini / Producción general: Lisandro Machain
Esta nota es una de las cinco que conforman la serie "El retrato de tu ausencia". Una prenda de trabajo personal es el homenaje colectivo a todos los trabajadores y trabajadoras esenciales que no sobrevivieron a la pandemia. Este 20 de marzo se cumplen dos años desde que el virus del Covid se quedó con 4.070 vidas en Rosario. La Capital rescata así las voces de los afectos más cercanos y compañeros que no pudieron velarlos como hubieran querido.