En el Hospital Provincial de Alem y 9 de Julio todavía hay rastros de la pedrea del 15 de noviembre
de 2006. Los techos de la cocina de los médicos y enfermeros de la guardia de pediatría tienen
agujeros por los que se filtra el agua cada vez que llueve, y ni hablar de las humedades. A esto se
suman los toldos exteriores perforados y caídos que nunca fueron arreglados. Sólo muestras de una
postal de la desidia.
Pero hay más. Una madre que lleva a su niño por una emergencia a la
guardia del Hospital Provincial encontrará seguramente el lugar abarrotado, sin un banco libre para
sentarse, con las paredes descascaradas y con una larga y lenta espera. Es que sólo hay un médico
de guardia y para colmo en la sala cuelga un cartel donde se advierte que los domingos el servicio
está cerrado.
Párrafo aparte merecen los cuatro baños de la guardia que están rotos.
No tienen agua y si uno de los pequeños pacientes necesita usar los sanitarios, la enfermera debe
ir detrás de él, con un balde.
“Sólo funcionan dos baños: uno en endocrinología y otro en
ginecología, porque los mismos médicos los hicieron hacer, consiguieron los subsidios y por eso los
mantienen bajo llave y se usan cuando ellos están”, comentó una enfermera del servicio.
En cuanto a los baños públicos que se encuentran allí “mejor no
hablar”, dijeron los profesionales que no se atreven “ni a entrar y menos a mandar a un
paciente”.
Por su parte, el público que debe concurrir a los consultorios de
psicología o neurología tendrán que hacerlo entre paredes llenas de hongos por la humedad y techos
descascarados. En estas condiciones, los médicos deben a diario atender a centenares de pacientes
que acuden por día al hospital.
Los profesionales hablan en estricto “off”, piden la reserva
de sus nombres y saben porqué lo hacen. Tienen miedo porque cuando una médica denunció públicamente
que se había derrumbado parte de la mampostería del servicio de neonatología, quedó cesante.
“Estamos intentando que el hospital funcione mejor para la gente y estamos presionados desde
todos los costados”, dijeron los profesionales.
Falta personal. A la penuria edilicia se suma la escasez de cargos. En la sala de guardia de
pediatría, los martes y jueves desde hace dos meses hay una sola médica que trabaja 24 horas
seguidas. El servicio debería contar con un refuerzo de otro pediatra que atienda por un turno de
12 horas, pero el cargo no está cubierto.
El puesto de trabajo es lo más parecido a un hospital de campaña. Se
deben atender casos de otitis, fiebre o convulsiones, pero a su vez llegan politraumatizados. Como
si esto fuera poco, la médica a cargo debe estar al tanto de los 15 niños internados. Y todo esto
por sólo 350 pesos.
En neonatología, había lugar para 26 niños, pero la capacidad se redujo
a 14 en octubre, por falta de personal.































