Carlos Rottemberg, una de las voces más autorizadas del teatro argentino, compartió profundas reflexiones sobre su trayectoria, la industria y la cultura nacional en el programa "Lo Resolví Pensando", conducido por Guido Záffora. El empresario teatral, reconocido por su extensa carrera, desestimó la idea de ser "la persona que más sabe de teatro", aclarando que su experticia se basa en el oficio de "empresario teatral de muchos años", más que en la historia académica. "No es que yo sepa más. Es que a mí me encuentran porque tengo esa costumbre", sostuvo, refiriéndose a su disponibilidad y cercanía con la prensa, una práctica que mantiene desde su época de atender el teléfono personalmente.
El legendario productor explicó la diferencia entre productor y empresario, señalando su preferencia por el segundo rol. "La obligación la tenemos las paredes. Las paredes son los edificios teatrales", afirmó, destacando el arraigo del empresario con la sala. Para Rottemberg, la clave del éxito en su profesión radica en "ser teatrista antes que empresario, y a su vez, aunque no lo sea, psicólogo antes que teatrista", subrayando que trabajan con "materia prima humana". Enfatizó que las relaciones en el espectáculo se construyen sobre "el valor de la palabra, la ética, el cumplimiento, el honrar compromisos", principios que aplica en sus contratos, a menudo sellados "con el dedo" en un pequeño taco. Estos incluyen seis puntos esenciales: nombre, dónde, cuándo, qué obra, porcentaje y cartel, considerando "cháchara" al resto de las cláusulas extensas.
Rottemberg rememoró anécdotas con grandes figuras del espectáculo, como el memorable desembarco de Moria Casán en "Brujas", una obra que, junto con "Toc Toc", considera la más vista de la historia en el país. Describió a Moria como "un atorro todoterreno de esta profesión, cumplidor a la ultranza y es encantador trabajar con ella". También reveló su infructuosa visita a la casa de Tita Merello para ofrecerle el rol de la madre superiora en "Brujas". Otro vínculo fundamental fue con Enrique Pinti, a quien lo unió desde antes de "Salsa Criolla", llegando a cederle una sala del Multiteatro para su último proyecto, "Protocolo Pinti", y realizar su velatorio en ese mismo espacio.
La gestión cultural y la "grieta" en el teatro
El empresario defendió la importancia de la inversión estatal en cultura para quienes la necesitan, distanciándose de la idea de que los privados hagan negocio con el Estado. "El privado que hace negocio con el Estado para mí es un planero de guante blanco", sentenció. Abordó las recientes declaraciones del presidente Javier Milei sobre la asistencia récord en calle Corrientes, aclarando que "récord no puede ser porque en el 23 iba más gente". Explicó la distorsión del dato al señalar que "10 espectáculos se llevan el 54% de la audiencia", mientras que más de 200 obras se reparten el restante 46%. "Depende de dónde pones el micrófono", sostuvo, para reflejar la dicotomía entre la "macro" y la "micro" economía teatral, enfatizando su interés en que "la mesa teatral sea para 200 y pico".
Con emotividad, Carlos Rottemberg compartió la historia de los dos prólogos de su libro "Pasen y lean", uno de ellos dictado por su amigo Beto Brandoni pocos días antes de su fallecimiento, un recuerdo que atesora como una conversación continua. También rememoró su rol como productor de Mirtha Legrand durante 21 años, describiéndola como la "cabecera" de cualquier mesa, incluso redonda. En este marco, reveló el origen de la famosa frase "Hay que pensar qué país le vamos a dejar a Mirta Legrand", surgida en una llamada telefónica con ella mientras escuchaba a un político hablar de "nuestros hijos". Finalmente, ratificó su postura "antigrieta", ejemplificando con la coexistencia en sus teatros de figuras con ideologías opuestas como Pablo Echarri y Beto Brandoni, y reflexionó sobre la actual "Realidad o Espejismo" de los musicales, un género donde "con la cabeza no dan los números".