Las cámaras ocultas ya no se usan solo patrimonio de los investigadores privados ni los periodistas de televisión, ahora son un instrumento ideal para revelar las costumbres que, a pesar de ser condenadas socialmente, son recurrentes.

Las cámaras ocultas ya no se usan solo patrimonio de los investigadores privados ni los periodistas de televisión, ahora son un instrumento ideal para revelar las costumbres que, a pesar de ser condenadas socialmente, son recurrentes.
La actriz Shoshana B. Roberts, de 24 años, escondió una cámara en la base de su espalda y caminó durante diez horas por distintas zonas de Manhattan para comprobar cuántos piropos o comentarios recibía. El resultado, fue asombroso: recibió más de un centenar de demostraciones de acoso verbal, precisamente lo que quería denunciar la organización Hollaback, que la alentó a hacer el experimento.
Ahora una joven decidió ir más allá y directamente ubicó una cámara en el trasero para comprobar cuántas personas dirigían su mirada indiscreta a esa parte de su cuerpo. El resultado, también sorprendió: cincuenta hombres y mujeres en tan solo unos minutos apuntaron sus miradas a sus nalgas que, vale aclararlo, revelaban sus formas con el uso de prendas de vestir bien ajustadas.
En este caso, no se trató de denunciar una situación indebida, sino de una iniciativa de Movember, una organización dedicada al estado de salud de los hombres. En este caso, el video apunta a aumentar la concienciación sobre el cáncer de próstata. "Las mujeres que usan cámaras ocultas recuerdan a los hombres que se miren también a sí mismos", señala la entidad, al justificar la acción.


Por Martín Stoianovich
