Amsterdam.- Un grupo de científicos se reunirá el 12 y el 13 de junio en la ciudad
holandesa de Maastricht para debatir la posibilidad de que los seres humanos se involucren cada vez
más en relaciones personales e incluso románticas con robots.
Académicos de Austria, Canadá, Holanda, Irlanda, Singapur, Estados Unidos y el Reino Unido
presentarán unas 20 ponencias sobre el tema. La conferencia, convocada por la Universidad de
Maastricht, se organizó después de que se presentara en octubre de 2007 la disertación "Relaciones
íntimas con parejas artificiales", escrita por el jugador de ajedrez esocés David Levy, de 63 años.
Hace poco se publicó una versión comercial del estudio, titulado "Amor y sexo con robots".
Levy afirma en su texto que los humanos desarrollaremos cada vez más relaciones personales con los
robots.
Justamente, Levy sostiene que practicar sexo con una mujer fatal electrónica o un robot semental
superdotado a mediados de este siglo, y mantener con ellos una conversación poscoital, no es una
idea tan descabellada como pudiera parecer, visto el imparable desarrollo de la inteligencia
artificial.
"¡Imagínenselo: sexo a voluntad, las 24 horas, los siete días!" de la semana, exclama. No todo
el mundo comparte esta visión de un futuro en el que los humanoides serían fuente de placer tórrido
en la cama y tras el acto sexual quien lo deseara podría recibir, como plus, conversaciones
preprogramadas.
Muchos piensan, no obstante, que ello es factible, habida cuenta de los progresos realizados
en la reproducción de los músculos y los movimientos de los humanos, o en inteligencia artificial,
concretamente en la imitación de emociones y de aspectos de la personalidad. En noviembre pasado,
los investigadores de la Universidad de Waseda, en Japón, presentaron un robot que sabe cocinar y
utilizar sus suaves manos bañadas en silicona para interactuar con los humanos.
Según él, el robot sexual Gigolo Joe, encarnado por Jude Law en el cine y habilitado para
ofrecer conversación y ayuda emocional, además de placer sexual, bien podría convertirse en algo
real en menos de cuarenta años. Otros expertos son escépticos. "No creo que vayamos a tener robots
'parecidos a los humanos' en ese lapso de tiempo", estima Frédéric Kaplan, investigador en la
Escuela Politécnica Federal de Lausana, en Suiza.
Kaplan, programador del cerebro del entrañable perro de Sony 'Aibo', se pregunta si de verdad
queremos robots a nuestra imagen y semejanza. David Levy, por el contrario, está convencido de que
existe una demanda en este terreno. Una compañía japonesa, Axis, ya fabricó lo que podría ser
considerado como los primeros robots sexuales.
Se llaman Honeydolls y son muñecas de resina y silicona de tamaño real equipadas en cada seno
con sensores conectados a un sonido. Si el usario pellizca sus pezones, Cindy emitirá gritos de
placer y susurrará palabras acarameladas a su oído. Las mujeres también se dejarán tentar por los
robots sexuales, estima David Levy, quien hace hincapié en el aumento de las ventas de vibromasajes
en el mundo entero y el fin de los tabúes.
Lo que para Levy representa una vida sexual desenfrenada sin sentimientos de culpabilidad y
libre del contagio de enfermedades constituye para otros una pesadilla desesperante. "Me parece
descabellado pensar que seres humanos se vayan a enamorar de robots", afirma la sexóloga
estadounidense Yvonne K. Fulbright, aunque reconoce que los robots sexuales tienen cabida en el
mercado. "Hay un verdadero problema con los robots sexuales: las personas se sentirán fracasadas si
es su única solución", adelanta.