En octubre de 1942, el teniente Donald McLarty fue derribado sobre Libia en su
misión 199 de la Segunda Guerra Mundial. Aunque estaba volando para la Real Fuerza Aérea de Gran
Bretaña (RAF, por su sigla en inglés), su uniforme mostraba una palabra inesperada: Argentina.
Muchos extranjeros pelearon para las fuerzas áreas aliadas,
pero hasta ahora, los historiadores se han concentrado mayoritariamente en los pilotos de
Checoslovaquia, Polonia, Francia y Noruega, países ocupados por los alemanes.
Pocos saben que más de 800 hombres jóvenes de la neutral
Argentina, algunos de ellos que aún cursaban el secundario, se apresuraron a anotarse como pilotos
y luego hicieron el largo y peligroso viaje a Europa en barco.
Cuando McLarty subió a su bombardero Hurricane para un
ataque a bajo nivel a una base alemana en Libia, necesitaba completar dos misiones más para ganarse
un largo descanso de las tareas activas. Pero no iba a suceder.
"Fue un operativo muy estúpido. En el momento que cruzamos
la costa, pude ver a los soldados que nos esperaban", recordó McLarty, ahora de 85 años y residente
de la ciudad canadiense de Ottawa.
"Inmediatamente recibí un impacto desde tierra en el motor
y tenía combustible sobre todo mi parabrisas. Lo único que podía hacer era volar en formación con
el tipo que estaba junto a mí. Pero luego me destruyeron la cola", dijo.
El avión de McLarty se estrelló contra el suelo, se deslizó
entre dos bombarderos alemanes estacionados y terminó en una pila de tanques de gasolina
vacíos.
Los oficiales alemanes dieron al joven de 20 años un vaso
de whisky White Horse y luego lo enviaron a un campo italiano de prisioneros, donde pasó un año
antes de escapar.
McLarty y otros voluntarios como él fueron persuadidos a
hablar por el historiador argentino Claudio Meunier, quien pasó una década desenterrando las
historias de heroísmo.
Nadie preguntó. "Nadie les preguntó, nadie los recordaba. Los recuerdos eran
dolorosos", comentó Meunier.
Algunos pilotos argentinos descendían de profesionales
británicos que ayudaron a desarrollar el ferrocarril, las minas y granjas del país. "Otras personas
habían peleado por las libertades bajo las cuales vivíamos, así que sentí que nos incumbía hacer lo
mismo, ya que la maldad de Hitler era de hecho muy, pero muy seria", dijo Michael Welch, otro
piloto.
Algunos de los voluntarios fueron aceptados como pilotos,
mientras que otros se desempeñaron como artilleros, bombarderos y operadores de radio. Murieron
alrededor de 150.
"Los argentinos tenían la ventaja de que eran muy
deportistas. Eran buenos. Les fue bien en Gran Bretaña porque estaban acostumbrados a las
incomodidades", detalló Ricardo (Dick) Moreno, de 89 años.
Muchos pelearon para la Real Fuerza Aérea, mientras que
otros volaron con la Real Fuerza Aérea Canadiense (RCAF, por su sigla en inglés). La mayoría hizo
su entrenamiento básico de aviación en Canadá, que se convirtió en hogar de muchos de los
tripulantes luego de la guerra.
Meunier acaba de terminar un documental en español,
"Voluntarios", sobre los pilotos en tiempos de guerra.
Homenaje. "Voluntarios" se exhibió por primera vez a fines del mes pasado en el
Museo de Aviación de Canadá, durante una ceremonia en honor de los 14 argentinos que murieron
sirviendo a la RCAF. No se la ha difundido comercialmente.
Tantos se unieron a la RAF que se creó un escuadrón
especial argentino. El lema del Escuadrón 164 era "Firmes volamos", y su insignia era un león
británico frente a un sol naciente en representación de Argentina.
"No ha habido ocasión de darlo a conocer", refirió McLarty,
quien luego de la guerra se mudó a Canadá para casarse con la mujer que conoció durante su
entrenamiento. Luego se le unieron algunos de los que inicialmente habían regresado a
Argentina.
Algunos veteranos que regresaron mantuvieron silencio debido a la atmósfera
política bajo el entonces gobernante Juan Domingo Perón. No era secreto que algunos en el gobierno
eran pro Alemania. l