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Los clientes asiáticos impulsan la escalada de cotizaciones en el mercado del arte

Las subastas por montos increíbles se suceden en las principales capitales. Desde el anonimato, los multimillonarios asiáticos suben las marcas más altas en Nueva York y Ginebra.

Domingo 15 de Noviembre de 2015

Casi nunca están físicamente presentes en las salas de remates, junto a los demás compradores elegantes y ricos. Los clientes asiáticos prefieren permanecer en la sombra y suelen hacer su subasta desde muy lejos, por teléfono.

   Todas las miradas se han vuelto esta semana hacia estos multimillonarios asiáticos, que han comprado a precios récord un cuadro y diamantes presentados por Sothebys y Christies, en Nueva York y Ginebra.

   “En los últimos diez años hemos constatado un formidable crecimiento de los compradores asiáticos, especialmente en relojería y la alta joyería”, declara a la AFP Patti Wong, presidenta de Sothebys Asia.

   Los clientes asiáticos representan alrededor del 30% de la actividad de alta joyería en Sothebys y “constituye una parte muy importante de la clientela a nivel mundial”, añade.

   Lo mismo ocurre en Christies, que emplea a más de 220 personas en Asia, cuatro veces más que en 2010, según François Curiel, presidente de Christies-Asia.

   “Cuando llegué a Hong-Kong en 2010, nuestros clientes asiáticos representaban 5% de nuestras ventas a nivel mundial. En 2014, era el 31%”, dice a la AFP.

   Christies organiza también ventas en Shanghai dos veces por año, y ha abierto oficinas en esta megalópolis, igual que en Pekín.

   El primer golpe maestro asiático se produjo el martes por la noche en Nueva York, donde se llevan a cabo las tradicionales ventas de arte de otoño. Estas subastas, que atraen a coleccionistas de todo el mundo, se celebran del 4 al 12 de noviembre, y cada una de las dos casas espera obtener en los remates más de 1.000 millones de dólares.

   Un millonario chino, ex chofer de taxi, compró un cuadro del pintor italiano Amedeo Modigliani (1884-1920), “Nu couché” (Desnudo acostado), por un precio récord para el artista de 170,4 millones de dólares en Christies. En diciembre había pagado 36 millones de dólares por una porcelana de la dinastía Ming (1368-1644), en una subasta en Hong Kong.

   El comprador, Liu Yiqian, de 51 años, hizo fortuna en el sector inmobiliario y en las finanzas.

   Al día siguiente, un millonario de Hong Kong pagó la suma récord de 48,46 millones de dólares para regalar a su hija de siete años un diamante azul de 12,03 quilates, subastado por Sothebys en Ginebra.
  El magnate de la construcción Joseph Lau, de 64 años, condenado en 2014 por corrupción en Macao, la capital mundial del juego, compró ese diamante y decidió llamarlo “The Blue Moon of Josephine” (“La luna azul de Josephine”), en homenaje a su hija, a quien regala frecuentemente joyas.

    Un día antes, Lau ya había pagado 28,5 millones de dólares por otro diamante de color rosa intenso de 16,08 quilates.

   Según el tasador de Sothebys, David Bennett, el “Blue Moon” batió varios récords, entre ellos el del diamante más caro (independientemente del color), el de la joya más cara jamás vendida en una subasta y el del precio más alto por quilate.

   Antes de la venta, este diamante rectangular de 1,55 por 1,34 centímetro estaba estimado entre 35 y 55 millones de dólares.

   Su nombre procede de una expresión inglesa, “once in a blue moon”, que se refiere a un acontecimiento que se produce muy inusualmente.

   El anterior récord mundial para un diamante vendido en una subasta fue batido por el Graff Pink (24,78 quilates), subastado en noviembre de 2010 por 46,2 millones de dólares por la casa Sothebys en Ginebra.

   No es la primera vez que Joseph Lau ofrece joyas a su hija. En 2009 pagó, según la prensa, 9,5 millones de dólares por otro diamante azul que llamó “Star of Josephine”.

Por su parte, la ex colonia británica sigue sosteniendo el brillo de ser una de las urbes donde más se manifiesta la fenomenal escalada de precios de las obras de arte; es más, la impulsa.

A pesar de los altos alquileres que imperan en la ciudad, decenas de comerciantes de arte han comenzado a buscar espacios para establecer, como mínimo, una delegación en la ciudad

Las principales bazas que tiene la región para atraer a comerciantes de arte es su condición de puerto libre, los bajos impuestos y la “gran concentración de residentes ricos”. Además, y si fuera poco, es un enclave importante para el comercio de arte en Indonesia, Taiwán, Corea y China continental.

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