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Las cosas que se hacen mal en un baño público peor aún que sentarse sobre la tapa del inodoro

Un estudio indica que una hora después de ser desinfectado las bacterias ya atacan de nuevo. Además pone la mira en los dispenser de aire y jabón. Es fundamental lavarse las manos.

Martes 08 de Septiembre de 2015

Cada vez que utilizamos el baño de un bar, un cine o un centro comercial, andamos pendientes de que nada nos roce la piel, pensando que hordas de gérmenes pueden atacar. Pero, ¿hasta qué punto podemos realmente enfermar por entrar en contacto con la tapa del inodoro?
 
La falta de higiene está descrita por la OMS como uno de los principales factores de riesgo para la adquisición de enfermedades infecciosas. Si esto se sitúa en un contexto como es el uso de baños públicos, es fácil entender que todo tipo de ideas de contagio se nos vengan a la cabeza, pensado que las condiciones de limpieza necesarias quizá no sean las más adecuadas: ese baño lo han utilizado numerosas personas a lo largo de un día, incluso aunque en ese tiempo haya sido desinfectado.
 
“La superficie de un baño sucio puede llegar a convertirse en un lugar idóneo donde los microorganismos encuentren las condiciones necesarias de humedad y temperatura para poder crecer y desarrollarse”, apunta la doctora Alejandra Pérez-García, del departamento Microbiología Clínica de la Clínica Universidad de Navarra.
 
La revista de la Sociedad Estadounidense de Microbiología publicó en el número de diciembre un curioso estudio realizado en cuatro baños públicos de la Universidad de San Diego, dos de mujeres y dos de hombres, dos abiertos a todo el público y dos de uso exclusivo de profesores. Analizaron los asientos de los inodoros, el suelo frente a ellos y los dispensadores de jabón. Limpiaron todo concienzudamente con lejía antes de comenzar y luego tomaron muestras durante ocho semanas.
 
El resultado fue tajante: las bacterias son muy fuertes. Solo una hora después de la desinfección, los microbios habían regresado al baño y había 6.200 bacterias por centímetro cuadrado, el 45% de origen fecal y otro 45% asociadas a la piel, tanto en las tazas de los inodoros como en los dispensadores de jabón. Aunque los baños se limpiaran mucho, entre cinco y ocho horas después su estado volvía al punto de partida, y no había diferencias entre los de hombres y mujeres. Los científicos averiguaron que una de las claves de la dispersión bacteriana era la descarga del agua de la cisterna sin cerrar la tapa: como si un aerosol dispersara bacterias fecales por doquier.
 
En tanto, la dispersión de bacterias en el aire es 27 veces mayor alrededor de un secador de manos que con las tradicionales toallas de papel y peor aún si el secador puede introducir las manos entre chorros de gran potencia. La misma explicación al descargar la cisterna sin bajar la tapa: las bacterias (fecales y de todo tipo) salen disparadas a modo de aerosol contaminado que puede respirarse o tragarse. “En estos casos hay que entender que lo más probable es que en su mayoría nos traguemos los mismos microbios que nosotros acabamos de depositar, lo que solo será un peligro si padecemos una infección”, agrega el experto. 
 
¿Es mejor no sentarse en el inodoro de un baño público o hacerlo pero con papel en la tapa? “Lo mejor es siempre evitar sentarse en la tapa", asegura la doctora Pérez-García, "hay quien dentro de sus recomendaciones, emplea el uso de plásticos sobre la superficie de la taza o la seca con papel. Eso evita mojarse pero no elimina los posibles microorganismos que estén ahí mismo localizados y, por otro lado, no es frecuente la existencia de plásticos protectores en los aseos públicos. La precaución, sin que produzca un estado de alarma, es necesaria por la falta de higiene real que se da en estos sitios, así que la respuesta es sí, es necesario tener precaución en su uso y evitar apoyarse”.
 
La buena noticia es que las probabilidades de contraer una infección por el mero hecho de sentarnos en un aseo público, incluso contaminado con agentes patógenos, son muy pocas. “Una persona sana que entre en un aseo público que esté mantenido en las condiciones de higiene que suelen darse en nuestras pudientes y reglamentadas sociedades desarrolladas, tiene una probabilidad bajísima de sufrir una infección”, sostiene Miguel Vicente, profesor de Investigación del CSIC en el Centro Nacional de Biotecnología y presidente de la división de Bacteriología y Microbiología Aplicada de la International Union of Microbiological Societies (IUMS). Para contraer una enfermedad, la piel de la persona que está usando ese inodoro debería tener una herida y que el virus maligno en cuestión accediera a través de ella. "Y no es imposible, pero tampoco lo habitual".
 

 

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