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"Hay que erotizar el cerebro para tener un mejor sexo"

En sintonía con los neurocientíficos que afirman que "como pensamos sentimos", la sexóloga Alessandra Rampolla asegura que la clave para tener una sexualidad satisfactoria es "erotizar el cerebro".

Miércoles 18 de Junio de 2014

La mujer que se animó a hablar de sexo en los medios de comunicación como nunca antes _y que es autora de decenas de libros que ofrecen herramientas para disfrutar de los encuentros íntimos_ se presentará hoy a las 21 en Rosario en el centro de convenciones de City Center donde ofrecerá una charla que, si bien la tiene como protagonista, admite y fomenta la participación del público. Una ocasión oportuna para aprender mucho más sobre el complejo arte de amar.

Ayer habló con La Capital sobre uno de los temas más apasionantes que existen: la sexualidad humana.

En casi una hora de entrevista, Rampolla se refirió a los prejuicios y los temores en la cama, el nuevo rol de la mujer que descoloca al varón, la falta de diálogo y complicidad en las parejas, la escasez de besos cuando pasa el tiempo, y hasta el lugar que ocupa la pornografía.

Todo eso con claridad y simpatía, pero sobre todo, con naturalidad, su sello distintivo.

—Los neurocientíficos suelen decir que la cabeza domina nuestras emociones y que en definitiva "como pensamos sentimos", ¿esto se puede aplicar también a la hora de tener un encuentro sexual?

—¡Absolutamente! El sexo tiene mucho que ver con nuestra cabeza. Si no erotizás tu cerebro no vas a tener la respuesta que necesita tu cuerpo, y por otra parte, si tus pensamientos están conectados con algo nocivo o negativo te vas a colocar en un espacio incómodo que no te permitirá conectar con tu parte erótica. Es fundamental que nuestro pensamiento vaya en concordancia con lo que queremos, con nuestras intenciones, para que haya una lógica, una coherencia, y dentro de esa coherencia haya espacio entonces para crear eróticamente.

—¿Eso implica que si el deseo sexual no surge de manera espontánea podemos "ayudarlo"?

—¡Sííí! Y desde un lugar tan sencillo como tomar la decisión consciente de que voy a cambiar algo que no me está funcionando del modo que quiero, que no me inspira como yo deseo y que no me permite estar de la manera en la que quiero estar. "Animarse a más" —tal el título de la charla de esta noche— es animarse a algo más erótico, aunque ese "más" es muy amplio.

No quiere decir que todos tengamos que sacar el portaligas o el látigo, porque tal vez, para una persona muy tímida animarse a más es un paso pequeñito pero muy importante. Básicamente apunto a que dentro de la realidad de cada uno nos atrevamos a interpelar los preconceptos que a veces son ¡tan errados! o adoptados de otros y no nos pertenecen. Es hora de preguntarse ¿qué siento, por qué me gusta?, ¿por qué no me gusta?, ¿por qué me genera rechazo?, ¿por qué no me animo? La propuesta es animarse a crear la vida que queremos porque es la que nos brindará la felicidad que queremos para nuestra vida...

—Si eso que llamamos “piel” no aparece ¿es posible crearlo?

—A ver ... En el comienzo de una relación, si no hay una piel natural con la otra persona entonces no va. Eso no se puede forzar. Pero donde hubo piel hay posibilidades de reencontrarla. Sí, definitivamente existe la posibilidad de reencontrarse más allá de la rutina, del paso de los años. Si bien es esperable que el deseo disminuya y haya encuentros y desencuentros no se trata de cruzarse de brazos y no hacer más nada al respecto. Tenemos que estar atentos para combatir aquello que daña nuestra relación, que es el acostumbramiento, la dejadez, el dejar la sexualidad de la pareja en un segundo plano. Hay que cuidar los detalles...

—Proponés hablar de sexo en pareja, pero, ¿por qué en general cuesta tanto?

—Es cierto ¡y es una locura! Tú armas una relación de pareja con quien es tu persona favorita en el mundo, tu mejor amigo, el que mejor te cae, con quien más onda y confianza tienes. Y con el mejor amigo o amiga no se andan escondiendo cosas. Sin embargo, por miedo a ser juzgados (algo que está instalado socialmente) no nos animamos a hablar de sexo, a decirlo en voz alta. Creo que hay que quitarse esos tabúes, sacarle al sexo esa oscuridad que suele tener encima. Quizá a la mujer le cueste un poco más y eso tiene que ver con que en Latinoamérica vivimos en países machistas y seguimos inmersos en una sociedad que establece que es el hombre el que maneja la relación y el que decide cuáles y como deben ser los placeres. Seguimos viviendo en una cultura que nos marca que la mujer está para complacer, y aún en las nuevas generaciones eso sigue perdurando... Suceden cosas curiosas porque se pueden, incluso, hacer destrezas increíbles en la cama con la pareja, a nivel físico, pero después jamás hablas sobre ello. Resulta que el otro vio esas “acrobacias” en vivo y en directo ¡en HD! pero después ninguno de los dos se anima a ponerlo en palabras. El “no decir” genera algo muy esquizofrénico donde cada uno empieza a pensar: le habrá gustado, habré estado bien, no habrá sido mucho, no habrá sido poco...

—Más allá de esos tabúes, se produjo un cambio importante que tiene como descolocados a algunos varones...

—Es cierto. Yo he visto una evolución muy clara. Un cambio grande en esta última década. Las mujeres lo vienen escuchando en los medios de comunicación, lo han escuchado en mis programas, están enteradas de que pueden pedir, desear, elegir. Lo que pasa es que los hombres no están necesariamente preparados para esto y frente al cambio a veces reaccionan negativamente. Pensemos que ellos tenían un rol muy establecido, pero esa sexualidad no les servía ni a ellos ni a nosotras; estaba basada en el placer del hombre y no de la mujer. Eso provocó que estuviese repleto de mujeres insatisfechas que justamente por estar insatisfechas no tienen deseo. Allí aparecen los rechazos, el desgano, que no le sirven a nadie. Aún subsiste el modelo de varón que busca que su mujer sea la madre perfecta pero va a tener sexo con las otras. ¡No pueden integrar la idea de que una mujer pueda tener ambas condiciones! Y la mujer también carga un poco con eso de que la esposa no es sexy ni sexual... ¡cómo vas a hacer esas cosas con la misma boca con la que le das un beso a tus hijos! ¡Una madre es sagrada!... En fin, creo que debemos romper ya mismo con esos dañinos prejuicios.

—¿Es mucha la gente que la pasa mal sexualmente, que no disfruta su sexualidad?

—Todavía sí. Porque no se comprende, no se entiende que podemos pasarla mejor y que puede ser mejor la relación de pareja. El sexo es literalmente enchufarte al otro, recargar energía... algo entra, conecta, carga. ¡Hay que ponerle sexo al amor! ¡Tengamos mucho amor con buen sexo! Las parejas tal vez piensan mucho en los hijos y poco en ellos, pero si la pareja no anda bien no anda bien la familia.

—Generalmente las personas no tienen un registro muy claro de su propia sexualidad, de su historial sexual ¿por qué no se piensa en eso?

—Yo he escrito sobre esto. Soy partidaria de que la mujer haga ese autoanálisis, de que revise ese proceso; que recuerde su despertar sexual, el beso de la adolescencia. Recuerdo que mi primer beso fue en un cine, y cuando regresé a mi casa le dije a mi hermana que me sentía una mujer. Y recordaba esa boca llena de brackets que me había besado ¡y sentía esa emoción tan grande, esa palpitación! Esa es un fantasía que me genera placer al recordarla. Bueno, hay que volver a esas fantasías, que en definitiva están en todas partes.

—Los besos son muy importantes, pero las parejas se besan poco con el paso del tiempo...

—Es un ejercicio que recomiendo. De vez en cuando hay que darse un buen apretujón, sin meter mano (se ríe). No siempre hay que concretar todo en ese momento, cada tanto hay que hacer cosas que descoloquen un poco y nos lleven a ese lugar bello y un poco primitivo de nuestra sexualidad.

—Las expectativas altas son otro problema, ¿no es así?

—El manejo de las expectativas tiene un rol central en la sexualidad. Nos han contado muchos cuentos. Por ejemplo, el manejo inadecuado de la pornografía puede hacer daño. Eso es material fantasioso que te sirve para calentarte, pero no para recrearlo porque no sucede eso con los cuerpos en la vida real. La mala información, el no hablar de ciertas cosas, lo que nos venden los medios de comunicación, todo, impacta en nuestra sexualidad. Por eso propongo tomar las riendas, decidir que quiero sentirme integrada en todas las facetas de mi vida y la sexualidad es una de ellas. Hay que animarse, clarificar, y hay que hacerlo en pareja, porque esto es de a dos. El objetivo es negociar y lograr combinar eso que a mi me gusta con lo que al otro le gusta. Es un proceso, es cierto, pero hay que empezar. Una buena sexualidad es sinónimo de salud física y emocional. Y en tiempos de tantas agresiones, la sexualidad puede ser un lindo refugio...

¿El cuerpo perfecto?

Alessandra Rampolla hizo referencia a los “rollos” con los que cargan muchas mujeres respecto de su cuerpo y cómo eso influye en el desarrollo de su vida sexual. “En la Argentina hay cierta obesión por la delgadez que no es buena”, reflexionó. “Las mujeres, pero también algunos hombres, confunden belleza con flacura y lo cierto es que el sexo no es mejor cuando choca con los huesos, sino todo lo contrario. Las redondeces propias de la mujer son atractivas al momento de la relación sexual”. 

Rampolla, que bajó muchos kilos gracias a una intervención bariátrica de la que habla sin problemas, se reconoce como “muy coqueta” y afirma que “verse bien es una cosa, y estar pendientes de si tengo este rollito o esta imperfección es otra”. 

Sobre el rejuvenecimiento vaginal, que está de moda, afirmó: “No está mal que la mujer empiece a mirarse más, pero una vulva usadita y con experiencia es más linda”.

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