Roma- Biólogos de la Universidad de Texas descubrieron en mamíferos la presencia de Space Invaders -fragmentos de ADN de millones de años-, siguiendo un camino completamente diferente al tradicional de la evolución, según un trabajo publicado en una revista especializada de Estados Unidos.
Los Space Invaders (también llamados Spin) son los fragmentos de ADN que entre 15 y 46 millones de años atrás se integraron en el patrimonio genético de mamíferos, reptiles y anfibios según una transmisión de tipo horizontal y no vertical, como la evolución ha seguido tradicionalmente, consigna un cable de la agencia Ansa.
Las investigaciones, coordinadas por Cedric Feschotte, fueron publicadas en el último número de la revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (PNAS).
Al comienzo de los estudios, estos fragmentos anómalos de información genética fueron individualizados en una variedad de pequeños simios africanos nocturnos, y luego en ratas y en algunas ranas africanas.
Los Space Invaders son una súperfamilia de trasposones, unos elementos capaces de trasladarse de una posición a otra del genoma que los investigadores llamaron HAT (Hobo-Activator-Tam3), Space Invaders o simplemente Spin.
Hasta ahora se creía que la transmisión genética de tipo horizontal era una prerrogativa de los organismos más simples, como los procariotos, los organismos unicelulares privados del núcleo que contiene el ADN.
Otro hecho singular es que una transferencia de información genética de tipo horizontal suceda cuando elementos extraños son incorporados en el ADN de un organismo, como ocurriría en la contaminación de parte de un elemento extraño.
Generalmente en los organismos muy simples estas transferencias se dan por medio de virus.
Lo que sorprendió a los biólogos de la universidad de Texas fue el hecho de que los trasposones analizados en los simios nocturnos se encontraron también en el genoma de otras especies de mamíferos, comprendidas ratas y ratones.
Los trasposones fueron hallados incluso en una variedad de ranas, aunque no identificaron ningún rastro de éstos en el patrimonio genético de otras especies de vertebrados. (Télam)