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El sínodo llama a crear una Iglesia que integre a divorciados y gays

Tras más de tres semanas de deliberaciones, unos 270 padres sinodales aprobaron un documento aperturista. Las consideraciones no estuvieron excentas de intrígas y airados planteos. 

Domingo 25 de Octubre de 2015

Obispos católicos de todo el mundo adoptaron ayer un documento final al finalizar un significativo sínodo de tres semanas, en el cual llamaron a crear una Iglesia más acogedora a las parejas que cohabitan, a los homosexuales y a los católicos que se han divorciado y vuelto a casar por lo civil, avalando así una exhortación hecha por el Papa Francisco para crear una organización más misericordiosa y menos crítica de 1.200 millones de fieles.

Los obispos concluyeron así un encuentro diseñado para brindar mejor atención a las familias católicas. Hizo hincapié en el papel del discernimiento y la conciencia individual en el manejo de situaciones familiares difíciles: un método favorecido por los obispos más liberales.

Se necesitó una mayoría de dos tercios para aprobar cada apartado.

Los conservadores se habían resistido a dar cualquier margen de maniobra a la hora de determinar si los católicos vueltos a casar civilmente pueden recibir la comunión. La aclaración acerca del discernimiento y la conciencia puede, sin embargo, abrir la puerta a excepciones caso por caso a la enseñanza de la Iglesia.

La disputada cumbre de 270 obispos en el Vaticano dejó al descubierto las profundas diferencias entre los prelados ante la llamada del Papa Francisco a mostrar una Iglesia más misericordiosa y menos crítica.

Los dos temas más polémicos del sínodo fueron el trato a los homosexuales y a los divorciados.

Los conservadores se atienen a la doctrina de la Iglesia y se resisten desde hace tiempo a las peticiones de sus colegas más progresistas sobre que adopten una nueva estrategia.

Sin embargo, Francisco sí retiró del debate un tema polémico antes incluso de que comenzara el sínodo, al aprobar una nueva norma que facilita que las parejas divorciadas puedan conseguir la nulidad de su matrimonio, una declaración eclesiástica que declara inválido el enlace.

La reforma iba a dirigida a resolver una queja presentada por varias generaciones de católicos a los que se negaron sacramentos porque se habían divorciado y vuelto a casar fuera de la iglesia sin una anulación.

El sínodo se centró en cuestiones mucho más controvertidas, desde cómo debe ofrecer la Iglesia una preparación mejor para el matrimonio a las nuevas parejas hasta cómo hallar formas mejores de instar a las familias divididas por la migración, la pobreza o la guerra a que perseveren en su fe.

"Caminar con ellos". "No creo que ninguna de nuestras familias sea perfecta", dijo el cardenal canadiense Gerald Lacroix. "Todas nuestras familias, incluida la mía y quizá la suya y todas las nuestras, tienen personas con problemas. Tenemos que caminar con ellos y ayudarlos".

Al principio se filtró una carta que 13 cardenales conservadores le enviaron a Francisco en la que se quejaban de los procedimientos del sínodo y advertían que la propia Iglesia Católica estaba en riesgo de colapsar si los obispos iban demasiado lejos en los cambios para adaptarse a demandas de algunos de sus fieles.

Después, las discusiones llegaron a la prensa cuando varios cardenales de alto rango se criticaron entre sí de forma pública. Los obispos de habla alemana expresaron su descontento redactando sus propias enmiendas por escrito, con una crítica pública al cardenal australiano George Pell, que lideró el bando conservador en el sínodo contra los progresistas alemanas.

Y por último llegó lo más sensacional: un periódico italiano publicó que Francisco padecía un tumor cerebral. El Vaticano desmintió la noticia de forma rotunda y sugirió que podría ir dirigida a manipular el sínodo al poner en duda la salud —y por tanto la autoridad— de Francisco. El Vaticano advirtió oficialmente sobre la posible existencia de un complot por ese affaire impulsado desde el diario italiano Quotidiano Nazionale y desmentido tanto por la Santa Sede como por el neurólogo involucrado en la cuestión.

Durante todo el proceso, los obispos invitados a informar a la prensa cada día restaron importancia a las divisiones y dijeron que era de esperar que hubiera distintas opiniones, dadas las grandes diferencias geográficas y culturales en una Iglesia universal y global.

El portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi, recordó que se trata de propuestas dirigidas al Papa, quien decidirá si es el caso de elaborar un documento papal sobre la familia.

"No se puede negar que en algunas circunstancias la responsabilidad de (la crisis de la pareja) puede ser menor o anulada (...) Las consecuencias de algunos actos no pueden recaer sobre todos por igual", sostienen los prelados a propósito de los divorciados.

El espinoso tema de la homosexualidad fue abordado sólo en un párrafo en que se reitera que la iglesia "respeta" a los homosexuales, condena toda "injusta discriminación" pero se opone al matrimonio de personas del mismo sexo.

El abordaje "transversal" de una cuestión polémica

El sínodo de obispos sobre la familia votó con una amplia mayoría un documento final con 94 párrafos, que propone "la integración" en la Iglesia de los divorciados que se vuelven a casar, tras el examen de "cada caso".

El texto, cuyos dos párrafos difíciles obtuvieron un consenso menor, fue entregado al Papa Francisco, quien lo hizo público.

"El documento es fruto de un consenso", adelantó el cardenal austríaco Christopher Schoenborn.

Los 270 padres sinodales, entre obispos y cardenales, en representación de los obispos de todo el mundo, aprobaron levantar varias prohibiciones a los divorciados vueltos a casar, como ser padrinos de bautizos y matrimonios o leer la misa.

Los padres sinodales insisten en que es necesario un "discernimiento", una examen "caso por caso" para autorizar el acceso a los sacramentos, como la comunión y la confesión.

Los párrafo 85 y 86, aprobados al superar la mayoría de dos tercios (177), figuran entre los menos votados con 178 a favor y 80 contrarios.

En esos párrafos los obispos sinodales proponen que "los bautizados que se han divorciado y se han vuelto a casar civilmente sean reintegrados en la comunidad cristiana en lo posible, evitando generar escándalo", sin especificar si podrán acceder a la comunión.

El documento "encara el asunto en forma transversal", explicó el cardenal austríaco ya que ofrece los criterios para que los religiosos comprendan "cada" situación.

"Los divorciados que se vuelven a casar no deben sentirse excomulgados y pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia, sintiéndola como una madre que acoge siempre", sostiene el texto.

En total 1.355 enmiendas fueron presentadas por los 13 grupos lingüísticos tras casi un mes de deliberaciones del sínodo, señal de una activa participación.

Un comité de redacción, compuesto por diez personas, escogidas por el Papa, supervisará el documento final de manera que tenga en cuenta las diferentes almas de la actual Iglesia Católica. El informe es un mensaje o más bien un conjunto de reflexiones dirigidas al Papa "y no un mensaje para el mundo", explicó uno de los portavoces. Los expertos aseguran que el pontífice usará el documento como base para una futura exhortación apostólica sobre la familia.

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