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El Papa inaugura sínodo con férrea defensa del matrimonio tradicional

Ante unos 400 cardenales y obispos de todo el mundo abrió los debates marcando varios puntos sustanciales. Reconoció que la Iglesia debe velar por valores “en un contexto social bastante difícil”.

Lunes 05 de Octubre de 2015

El Papa Francisco defendió la indisolubilidad del matrimonio, condenó el divorcio y reiteró que la familia se compone de un hombre y una mujer al abrir ayer en el Vaticano el Sínodo de obispos.

En su homilía, pronunciada durante la misa solemne en San Pedro ante 400 cardenales y obispos de todo el mundo con ocasión del segundo sínodo de la familia en un año, el Papa argentino reconoció que la Iglesia debe defender los valores tradicionales en un "contexto social y matrimonial bastante difícil".

En su discurso, defendió con tono claro y severo la doctrina sobre la familia y citó textos de sus predecesores, Juan Pablo II y Benedicto XVI, como guías del debate.

Así, defendió el "amor duradero, fiel recto, fértil, que es cada vez más objeto de burla y considerado como algo anticuado" y asegura que el "sueño de Dios", es "la unión de amor entre hombre y mujer", principio que repite en varias ocasiones.

El pontífice, que convocó a los obispos de todo el mundo para debatir durante tres semanas sobre los retos que encara la familia moderna, fijó así los parámetros del encuentro, marcado por las tensiones generadas por la confesión el sábado de un importante prelado del Vaticano de que era gay y presentó a su pareja de muchos años y quien fue inmediatamente destituido.

A los obispos que debatirán en particular sobre el fenómeno de los católicos divorciados y vueltos a casar, quienes no pueden recibir la comunión, el Papa recordó que para la iglesia, el matrimonio ante Dios es "indisoluble", aunque también dejó espacio para quienes fracasen en el intento.

Francisco reiteró que "lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre", citando el evangelio de San Marcos. "Esto significa que el objetivo de la vida conyugal no es sólo vivir juntos, sino también amarse para siempre", señaló.

"Es una exhortación a los creyentes a superar toda forma de individualismo y de legalismo que esconde un mezquino egoísmo y el miedo de aceptar el significado autentico de la pareja y de la sexualidad humana en el plan de Dios", dijo.

Pero instó a los prelados a "buscar y sanar a las parejas heridas con el aceite de la misericordia", un principio básico de su pontificado.

La homilía del Papa "busca el equilibrio entre tentaciones opuestas", entre "la rigidez hostil de los tradicionalistas y la bondad destructiva de los progresistas que venda las heridas en vez de curarlas", estimó para Il Corriere della Sera el vaticanista Gian Guido Vecchi.

Ante un contexto social y moral tan "difícil", como adelantó, Francisco invitó a la Iglesia de nuestros días a "no olvidar su misión de buen samaritano de la humanidad herida".

Una invitación que lanza desde el inicio del pontificado en marzo del 2013.

Al hombre moderno, que sufre "el drama de la soledad", a los refugiados, a los jóvenes, a las víctimas de la cultura del descarte, al hombre "atraído por los placeres de la carne", el Papa promete la ayuda de la Iglesia.

"Vivir su misión en la caridad que no señala con el dedo para juzgar a los demás, sino que, fiel a su naturaleza como madre, se siente en el deber de buscar y curar a las parejas heridas con el aceite de la acogida y de la misericordia; de ser hospital de campo, con las puertas abiertas para acoger a quien llama pidiendo ayuda y apoyo; de salir del propio recinto hacia los demás con amor verdadero para caminar con la humanidad herida, para incluirla y conducirla a la fuente de la salvación", dijo. "La Iglesia debe buscarlo, acogerlo y acompañarlo, porque una Iglesia con las puertas cerradas se traiciona a sí misma y a su misión, y en vez de ser puente se convierte en barrera", concluyó.

El discurso del Papa habrá de suscitar reacciones entre los obispos, divididos en dos bloques contrapuestos, conservadores y progresistas, entre los que se oponen a todo cambio y los que quieren actualizar la doctrina ante las transformaciones de la sociedad.

La confesión del prelado gay "no tendrá impacto"

El Vaticano sigue conmocionado por la confesión de monseñor Krzysztof Charamsa, de 43 años, quien era hasta el jueves secretario adjunto de la Comisión Teológica Internacional, adscrita a la Congregación para la Doctrina de la Fe, y daba clases de teología en la Pontificia Universidad Gregoriana, de que era homosexual. Charamsa, quien ya fue separado de sus actividades, hizo el anuncio en compañía de su pareja.

El cardenal Camillo Ruini, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana por tres períodos, consideró que la curia tomó el anuncio de Charamsa "como un castigo" a la Iglesia, sobre todo si se tiene en cuenta que lo formuló en vísperas del inicio del Sínodo sobre la familia.

Ruini admitió que la cuestión afecta a la asamblea de obispos "pero no tendrá ningún impacto sustancial".

También refutó los dichos del ex monseñor polaco, que considera inhumana a la Iglesia respecto del amor entre las personas homosexuales. "Como sacerdote que tiene la obligación de la abstinencia a las relaciones sexuales, en más de sesenta años nunca me sentí deshumanizado, e incluso, sin una vida de amor".

Cuando se le hizo notar la apertura del Papa a los homosexuales, el cardenal Ruini fue categórico. "Eso es quizás lo más incomprendido del mensaje de Francisco. Es un mandato del Evangelio (no juzgues a menos que quieras ser juzgado), que debemos aplicar a todos, incluyendo a los homosexuales, evidentemente, y que nos obliga a tener respeto y amor para todos. Pero el Papa se ha expresado en repetidas ocasiones con claridad y negativamente sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo".

Para el vocero vaticano Federico Lombardi, la decisión de Charamsa de hacer tal declaración en víspera de la apertura del sínodo le pareció "muy grave e irresponsable, ya que tiene como objetivo someter a la asamblea sinodal a una presión indebida de los medios de comunicación''.

Charamsa dijo que con su anuncio quería decirle al Sínodo que "el amor homosexual es un amor familiar, que necesita de la familia. Cada persona, también los gays, llevan en su corazón un deseo de amor y de familiaridad y ese amor debe estar protegido por la sociedad, por las leyes".

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