Caso Etchevehere

Caso Etchevehere: "Acá una mujer puso en cuestión la tradición más conservadora de la ruralidad"

El docente de Veterinaria de la UNR y agroecólogo Eduardo Spiaggi viajó a Entre Ríos a darle apoyo al proyecto Artigas. Su lectura política y académica.

Martes 27 de Octubre de 2020

Quien crea que las disputas por los latifundios de este país o la defensa de la agroecología por sobre el agronegocio empezaron este mes en Entre Ríos y con el caso Etchevehere, se equivoca. Y quien crea que la pelea sólo tiene que ver con hectáreas de tierra y dinero se vuelve a equivocar.

"Acá una mujer puso en cuestión la tradición más conservadora de la ruralidad", asegura el docente de la facultad de veterinaria de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y agroecólogo Eduardo Spiaggi, un rosarino que viajó por un día a la estancia "Casa nueva" de Dolores Etchevehere a darle apoyo al Proyecto Artigas y brindar una charla de agroecología a quienes llevan adelante el trabajo, pero se terminó quedando tres. Y no porque quiso, sino porque "el clima se puso muy tenso allí y, además, no nos dejaban salir", le aseguró a La Capital.

Spiaggi no es nuevo en estos temas. Tiene 62 años y 34 de docente. Es titular de la cátedra de biología y ecología de primer año de la carrera desde 2003 pero ya en 1984, con la flamante democracia y cuando los grandes temas pasaban por otra agenda, él junto a más académicos peleaban la posibilidad de que la materia que dicta se llamase ecología y ecodesarrollo. "Siempre intenté estar con un pie en la academia y otro en el terreno", dice. Y la semana pasada a uno de sus pies los posó en el campo ubicado en el acceso a Santa Elena, departamento de La Paz (Entre Ríos), a 237 kilómetros al noreste de Rosario.

"Es que nos enteramos del tema Proyecto Artigas y como hombre interesado en la ecología quise participar y allí fuimos con un grupo de gente del Foro Agrario Santafesino, compañeros y compañeras de esta provincia interesados por la agricultura familiar. Y nos quedamos muy sorprendidos con lo que vivimos: los controles policiales, que se hable de usurpación con tan mala intención, para generar rechazo y zozobra en la población con mucha ayuda mediática", subrayó Spiaggi.

- La palabra usurpación recrudece en simultáneo y con fuerza en crónicas sobre sectores populares y también en este conflicto de sectores ricos, ¿cree que es mera coincidencia?

- Es curioso porque en realidad todo pone en cuestión un hecho fundante, que es cómo se heredaron las tierras en la Argentina. Acá siempre se mira a Estados Unidos y a Europa pero para lo que conviene. Porque si focalizáramos el tema en el avance de las fronteras veríamos que en el país del norte, las tierras en disputa quedaron en manos de miles de granjeros, los farmers, y los territorios europeos se dividieron en tamaños medianos. Pero acá, tras la llamada Conquista del Desierto, las tierras, verdaderos latifundios, quedaron en manos de sólo 400 familias. Pero volviendo al presente, el Caso Etchevehere es emblemático porque visibiliza una demanda de la sociedad que crece en todo el país: el de la agroecología, producción a pequeña y mediana escala, con alimentos sanos, sin agrotóxicos y generando empleo a muchas familias y no sólo comodities para la exportación. El Proyecto Artigas plantea eso y le hace honor a un hombre perseguido por los porteños terratenientes porque le quería dar acceso a las tierras a los gauchos y a los indígenas. Así terminó: exiliado.

- Hay más proyectos como el Artigas en el país, entonces, ¿por qué este se hizo tan mediático y genera tanta confrontación?

- Porque toca muchos intereses del poder más concentrado de la Argentina y toda una tradición rural. En Entre Ríos hay una lucha muy grande de las asambleas socioambientales. Hay un grupo, Basta es Basta, que está peleando contra las fumigaciones hace tiempo y se encontraron con productores que ante la decisión de la ley de marcar las distancias de fumigación manifestaron que no producirían más, propusieron cerrar las escuelas rurales y mandar a sus hijos en remise a escuelas urbanas. Pero además, hay un caso indignante denunciado públicamente por quien fue el rector de la escuela Agrotécnica N° 151 "El Quebrachito". Era un establecimiento con 204 hectáreas y tras el quiebre del Frigorífico de Santa Elena en 1993, los Etchevehere se quedaron con 70 hectáreas y un pozo de agua del colegio, en realidad las pagaron a precio vil con anuencia del Estado. El rector aseguró en un programa de radio que avanzaron con prepotencia rompiendo candados y alambrados sobre los terrenos de la escuela y les dejaron hectáreas inundables.

https://twitter.com/ProyectoArtigas/status/1319043229875142656

- ¿Cómo fue estar en casa de Dolores Etchevehere, cómo vio su posición ante los reclamos de su familia?

- Primero vale la pena contar que a medida que nos acercábamos el miércoles de la semana pasada, nos paraban en la ruta y cuando llegamos a la estancia había dos vehículos de la policía en la tranquera, una casilla rodante y 20 efectivos. Nos preguntaron por qué estábamos allí, nos pidieron los documentos de identidad de cada integrante del auto. Nosotros habíamos dado nuestros nombres de antemano a quienes organizan la actividad en la casa de Dolores. Hay unas cien personas muy bien organizadas: hay gente que cocina, que limpia, que sostiene la huerta, que vigila; allí no se consume alcohol. Se trabaja en función del proyecto. Entramos finalmente, nos interiorizamos del Proyecto Artigas y di una clase de agroecología a veinte personas pero cuando algunos visitantes como nosotros se quisieron ir o llegaron los reemplazos de los equipos de trabajo, nadie pudo entrar ni salir. Vimos que la cosa estaba muy tensa. Se armó la gran movilización de los Etchevehere con cientos de camionetas mientras se esperaba una resolución policial tras el pedido de desalojo. Decidimos quedarnos en carpas con otras tantas personas. Al otro día vino la audiencia del juez, el cuarto intermedio, y a la noche los supuestos delegados de los Etchevehere, no ellos, fueron a hablar con Dolores en la tranquera. Todo se filmó y viralizó, nosotros estábamos allí. Usan la palabra con prepotencia cuando de lo que se trata es de una donación del 40 por ciento de las tierras para un proyecto comunitario de producción de alimentos. En lugar de enojarse todos los latifundistas deberían hacer lo mismo, pero no es fácil, con el aporte solidario a las grandes fortunas la reacción es la misma, deberían enterarse que en España acordaron subir los impuestos para las grandes empresas y para las ganancias más altas de la escala. Y con respecto a Dolores puedo asegurar que su fortaleza frente a cuatro varones que querían doblegarla es emocionante. No es la primera ni será la última mujer a la que le quieren quitar una herencia, pero es el caso que vi yo. Por eso da bronca que se hable de usurpación y se digan tantas mentiras.

- Lo peor es que no sólo las clases sociales altas hablan de este caso como el de una usurpación, también mucha clase media lo repite y levanta la defensa de la propiedad privada aunque tenga sólo dos macetas en su patio.

- Allí creo que hemos perdido la batalla cultural. Como decía Jauretche: "Triste el pobre que oliendo a bosta se cree dueño de las vacas".

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