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Buzos y cura realizan un Vía Crucis bajo el mar en Puerto Madryn

El sacerdote fue izado por una grúa, dentro de una canasta y junto a una gran cruz, y luego sumergido en el mar con traje de buzo bajo los hábitos.

Sábado 19 de Abril de 2014

El cura Juan Gabriel Arias fue izado por una grúa  en el muelle de Puerto Madryn, dentro de una canasta y junto a una  gran cruz, y luego descendido y sumergido en el mar con un traje de  buzo bajo los hábitos, para encabezar en Puerto Madryn el  único vía crucis submarino del mundo.

Ese fue el momento culminante y más emocionante de anoche -y  de cada Viernes Santo desde hace 11 años- del recorrido por el  Calvario de Cristo, cuya procesión comenzó casi cuatro horas antes  en el centro de la “capital nacional de buceo”.
Miles de personas participaron del Vía Crucis en tierra y un  centenar de buzos y “snorkelistas”, acompañados de varias decenas  de kayaks y otras embarcaciones, lo completaron en aguas del golfo  Nuevo, hasta emerger caminando y portando la cruz en la playa  frente a la avenida Costanera Roca.

La procesión comenzó después de las 18, en la Parroquia  Sagrado Corazón, en Belgrano al 300 y frente a la Plaza San Martín,  para dar una vuela a la manzana de este espacio verde y recorrer  varias arterias céntricas hasta desembocar unas tres horas más  tarde frente al muelle Comandante Luis Piedrabuena.

Hasta su 10ª edición este Vía Crucis que constituye, además  de una ceremonia religiosa, el hecho social más popular de Puerto  Madryn, se hacía sólo bajo el agua, pero desde 2013 se recorren  también las calles, para darle participación a todos los vecinos.

En esta oportunidad, la procesión recibió la bendición formal  del Papa Francisco, quien considera que es un ejemplo de cómo sacar  a la Iglesia para integrarla con la comunidad, explicaron los  organizadores. El cura Arias recordó que este Vía Crucis ya tuvo la  bendición de Juan Pablo II y que la autorización para su primera  edición la otorgó el cardenal Jorge Bergoglio, mucho antes de  convertirse en el Vicario de Dios.

Arias, quien encabezó siempre esta marcha, es hincha de  Racing (“fanático”, dicen algunos), integró la Comisión Directiva  del Club de Avellaneda, es presidente de “Racing Solidario” y lleva  varios tatuajes alusivos a La Academia, entre ellos un Cristo con  el escudo del equipo en el pecho, sobre su bícep derecho.

 Antes de iniciar la caminata, este sacerdote porteño de 38  años contó a Télam que éste era su último Vía Crucis submarino, ya  que pronto irá a misionar en Mozambique, un país que pidió como  destino después de realizar en él tareas religiosas en los últimos  años.

También manifestó su admiración por Francisco -a quien irá a  visitar en octubre próximo- pero aclaró que “no porque sea  argentino, sino por ser este Papa, porque podía ser argentino pero  ser de otra manera, y lo importante es la onda que tiene, que ha  marcado un importante cambio en la Iglesia”.

Mientras Arias iniciaba la marcha con su traje de neoprene  bajo el alba sacerdotal tocado con una estola violeta, la  secretaria de Turismo de la ciudad, Cecilia Torrejón, destacó ante  esta agencia la relevancia de esta actividad religiosa para la  ciudad.

“Se ha convertido en un clásico para Puerto Madryn que aporta  mucho en lo turístico, además de la fe, porque se suma a otras  actividades de Semana Santa como la Feria de los Pescadores y el  Mercado Artesanal, que cada vez traen más visitantes para esta  fecha a la ciudad”, añadió.

Cuando la procesión llegaba a la Estación 7 del Calvario,  Arias se separó y fue rumbo al muelle, y las oraciones y rezos  quedaron a cargo de los párrocos Jesús María Achuchón, de Colombia,  e Hilarión Mamani, de Bolivia. Este último, quien expresó a Télam su emoción por participar  de un Vía Crucis submarino, viniendo él de un país que reclama el  mar, hace dos meses que está a cargo de la parroquia Cristo  Resucitado, de Madryn, y atiende a buena parte de la comunidad de  unos 20 mil bolivianos que viven en esta urbe y alrededores.

La Estación 10 se realizó en el muelle, donde Arias fue  introducido al agua junto a una cruz sencilla de unos cuatro metros  de alto, hecha con dos tubos de PVC y atada con sogas de redes o  amarras de barcos pesqueros.
Cuando la procesión emergió lentamente tras cumplir con las  estaciones 11 y 12 en el mar, la multitud la esperaba portando  velas que iluminaban la costa, para concentrarse en la intersección  de Roca (donde cambia de nombre por Rawson) y el muelle, para la  ceremonia final.

El fuerte viento de la tarde había calmado y el cielo estaba  despejado, pero el frío había quedado en el ambiente seco  patagónico No obstante, los cánticos y rezos se prolongaron hasta  después de las 22 en torno a la cruz de tubos que fue erigida por  los buzos en un montículo de piedras en esa esquina, desde la cual  hablaron los tres sacerdotes. (Télam).-

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