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A los 75 años, murió el escritor y periodista Tomás Eloy Martínez

El periodista y escritor tucumano murió ayer víctima de una prolongada enfermedad pulmonar. Fue uno de los escritores más leídos y también criticados de la Argentina.

Lunes 01 de Febrero de 2010

El periodista y escritor tucumano Tomás Eloy Martínez murió ayer a los 75 años víctima de una prolongada enfermedad pulmonar. Había iniciado su carrera en el diario La Gaceta de Tucumán como corrector y luego se desempeñó en distintos medios de comunicación del país y el exterior, además de ser autor de obras en las cuales el periodismo y la literatura se mezclaron en una amalgama casi perfecta. Fue uno de los escritores más leídos y también criticados de la Argentina.

Su relación con la escritura comenzó cuando tenía menos de diez años y escribió su primer cuento para burlar el castigo de sus padres, que le habían prohibido leer. Ese gesto, el de llevar al máximo los límites, distinguió toda su trayectoria.

Era un agudo analista del ser nacional, quizá uno de los más penetrantes. Su elaborado estilo, nutrido de la apreciación objetiva y sensible de la realidad, sedujo a generaciones de lectores.

"Si cuidás el lenguaje, la ética viene en consonancia, porque la responsabilidad empieza por la herramienta que manejás", había dicho en una entrevista en El País de Madrid a propósito de esa experiencia y su creencia en el poder de la palabra, capaz de reinventar tanto la realidad. "Todo relato es, por definición, infiel", sostuvo en su novela más famosa, Santa Evita.

Entre 1957 y 1961 fue crítico cinematográfico de La Nación renovando la forma en que se reseñaban las películas de esa época. Después pasó por las redacciones del semanario Primera Plana y la revista Panorama, de la cual fue despedido por publicar los sucesos de la Masacre de Trelew en la portada. Su relato periodístico "La pasión según Trelew" (1974), quemado durante la dictadura en una plaza de Córdoba, fue incorporado como prueba al expediente de la causa que investigaron aquellos trágicos episodios. También fue el primer director del noticiero Telenoche.

Dirigió el suplemento cultural del diario La Opinión hasta 1975, año en que, amenazado por la Triple A, debió exiliarse en la capital de Venezuela, donde fundó El Diario. En 1991 participó en la creación del periódico Siglo XXI en Guadalajara y del suplemento Primer Plano en Página/12.

En su faceta académica dirigió durante muchos años el programa de Estudios Latinoamericanos de la Rutgers University, de Nueva Jersey, y fue uno de los referentes de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por su entrañable amigo Gabriel García Márquez después de que éste ganara el Premio Nobel de Literatura. A partir de 1996 y hasta ayer fue columnista de La Nación, The New York Times y El País .

Entre sus obras más destacadas se encuentran "Lugar común la muerte" (1979), señalada como un aporte esencial al nuevo periodismo, La novela de Perón (1985), La mano del amo (1991) y la novela argentina más traducida de todos los tiempos que, a la manera del Facundo de Sarmiento, dinamitó la frontera entre fantasía e historia: Santa Evita (1995).—

En 2002 recibió el premio Alfaguara, uno de los más importantes concursos literarios en lengua castellana, por El vuelo de la Reina . Luego se publicarían la selección de ensayos y crónicas Réquiem por un país perdido (2003), Las vidas del general (2004) y El cantor de tango (2004). El Purgatorio (2008), su última novela, cuenta la historia de una pareja separada por el terrorismo de Estado en 1976 que vuelve a encontrarse 30 años después, relato con el que intentó recuperar los años que vivió lejos de un país que nunca dejó de obsesionarlo.

El diario madrileño El País le otorgó el Premio Ortega y Gasset de Periodismo el 22 de abril de 2009. El galardón distingue trabajos en español publicados en medios de todo el mundo. Poco después, el 24 junio de ese año fue incorporado a la Academia Nacional de Periodismo. "Es un gran honor que se debe, creo, a la persistencia con la que vengo trabajando hace más de medio siglo", dijo en esa oportunidad.

Desde su sillón en la Academia, Martínez bregó para que la calidad y confiabilidad de la información sean las herramientas indispensables para que el oficio se adapte a los nuevos tiempos.

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