Este año no hubo otro encuentro en nuestro país que reuniera tantos actores diversos para hablar de clima, producción y futuro.

La segunda Semana del Clima de Rosario, tras una primera edición pionera en Sudamérica, mostró que la Argentina puede estar a la altura de una discusión global.
Por Diego Sueiras
Este año no hubo otro encuentro en nuestro país que reuniera tantos actores diversos para hablar de clima, producción y futuro.
No se pudo hacer la PreCOP. No es un dato aislado: estamos en un tiempo de resistencia, en el que un negacionismo activo busca frenar los espacios de debate climático, haber organizado la Semana desde la FNGA junto a la Municipalidad, y que el intendente Pablo Javkin haya tenido la valentía de sostenerla, debe enorgullecernos. Rosario se convirtió en epicentro de una temática global.
Más de 1800 participantes entre los paneles en La Fluvial y los side events, más de 60 paneles y actividades, unas 100 instituciones y más de 280 oradores. Una convocatoria emblemática para la Argentina y la región.
Estamos viviendo un combate entre dos mundos. Uno se aferra a los combustibles fósiles y a prácticas extractivas que destruyen el ambiente. El otro busca cuidar la naturaleza, ampliar las energías renovables y producir de manera sostenible. La transición no es pacífica. Las guerras actuales vuelven a poner en escena la disputa por recursos estratégicos: el petróleo en el conflicto con Irán, el gas en la guerra de Ucrania. En América Latina, la defensa de la democracia convivió muchas veces con el interés por los recursos naturales, como es el caso de Venezuela.
Como dice mi amigo Manuel Pulgar-Vidal, la lucha contra el cambio climático no es solo política ni ideológica: también es una cuestión económica. El negacionismo activo busca debilitar el sistema multilateral. Naciones Unidas tiene burocracia: perdió el rumbo en algunas cuestiones y no ha logrado frenar guerras ni el deterioro ambiental, pero sus límites no justifican desmantelarla ni quitarle capacidad para acordar respuestas comunes.
Hay lobbies que defienden intereses concretos, por lo que hacen tres cosas: desfinanciar, desinformar y perseguir.
Desfinanciar es incomodar a la banca internacional y a los donantes, recortar políticas ambientales y debilitar las leyes que protegen nuestros bienes comunes. La discusión sobre la Ley de Glaciares muestra hasta dónde llega esa disputa.
Desinformar es poner en duda la ciencia y los datos que alertan sobre la crisis. GEO-7, informe elaborado por 287 especialistas de 82 países, advierte que cada año se destinan cerca de US$1,5 billones en subsidios perjudiciales para el ambiente en energía, minería y alimentos. Otro informe de Naciones Unidas señala que por cada dólar invertido en proteger la naturaleza, se movilizan 30 hacia actividades que la degradan. La pelea entre terraplanistas y científicos también define qué información llega a la sociedad y qué decisiones se toman.
Perseguir es poner en la mira a quienes defienden el ambiente y sus territorios. Según Global Witness, al menos 124 personas defensoras del ambiente y el territorio fueron asesinadas en 2025; el 85% de los casos documentados ocurrió en América Latina. En la Argentina, el Informe Ambiental 2026 de FARN advirtió que el Plan de Inteligencia Nacional contempla el monitoreo de organizaciones ambientalistas y pueblos indígenas. De esto hablamos cuando hablamos de cambio climático: también de democracia y libertad para defender la vida.
Por eso fue tan importante lo que pasó en Rosario. En una misma agenda estuvieron CRA, la Federación Agraria, CONINAGRO, Sociedad Rural Argentina, la Bolsa de Comercio de Rosario, Aapresid, CREA, la Sociedad Rural de Rosario, la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR, el Centro de Agronegocios de la Universidad Austral, BCR Innova, Innventure, INTA, startups y organizaciones ambientales como Fundación Vida Silvestre Argentina, FARN, ICLEI, Fundación Humedales, RAMCC, Moverse y CIMPAR, entre otras decenas de instituciones. Los referentes del campo y la producción dialogaron con líderes ambientales para buscar soluciones en temas como agricultura regenerativa, innovación en el agro y sistemas productivos sostenibles.
También se debatieron temáticas como olas de calor en barrios populares, salud y cambio climático, economía circular, mercados de carbono, adaptación, seguros, educación, litigios ambientales, riesgos climáticos, transición energética y financiamiento.
Nos enorgullece haber construido esta segunda Semana del Clima. En un contexto negacionista y destructivo, fue un acto de valentía. Desde la FNGA ya estamos construyendo la tercera edición, para seguir fortaleciendo a Rosario como una ciudad referente a nivel global.