Un zapatazo que le dobló las manos a Taffarel, un cabezazo que se metió pegado a la base del palo derecho del arquero brasileño. El primer gol (el segundo de los canallas), a los 39’ del primer tiempo, el otro a los 44’ del segundo, cuando el partido se moría y la copa se mostraba esquiva.
“El último esfuerzo valió la pena”, resumió Horacio Carbonari cuando comenzó a revivir aquella epopeya, de la que hoy se cumplen 25 años. Recuerda todo, las ganas del grupo, la fe, la convicción y, por supuesto, los goles que convirtió, que lo llevaron al sitial de héroe de una noche especial.
Pero también gruñó: “¡Me anularon uno!”. Veinticinco años después se alegra, se emociona y se sincera: “Si cabeceaba cien veces más no sé si la volvía a meter ahí, pero bueno, esa noche tenía que ser así”. El mundo del fútbol, y en Central en particular, hablaron de “hazaña”, de “milagro”.
¿Qué fue para Petaco? “No sé cómo describirlo, yo me quedo con que fue fútbol, convicción y una combinación de muchas cosas. Porque había un grupo con unas ganas de ganar impresionante, con mucha convicción y mucha fe. Mirá, cuando terminó el partido en Brasil todos pensamos lo mismo, que queríamos jugar la revancha ya al día siguiente, y fue toda la semana así. Pero ojo, más allá de las ganas, la fe, lo que había era un equipo que jugaba muy bien. En el primer tiempo fue terrible lo que presionamos, con errores por supuesto, pero hicimos todo. Veníamos de un semestre muy lindo y con mayoría de jóvenes nacidos en el club logramos algo maravilloso, pero insisto, fue con buen fútbol”, apuntó el hoy colaborador del Kily González. Claro, esos términos tienen que ver con la paliza que sufrió Central en la final de ida, por eso Carbonari resalta: “Ponele hazaña, milagro o la palabra que vos quieras, pero a eso uno siempre lo acompaña con algo más”, dijo.
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Abrazo de gol.Da Silva, Pobersnik y Carbonari convirtieron en la tanda de penales.
Foto: Alfredo Celoria / La Capital
Y agregó: “No se gana 4 a 0 porque sí, sino que se logró porque había un buen equipo, que jugaba bien. Todo eso, más la fe en el grupo y lo de la gente creo que fue la combinación justa. Después de lo bueno que había sido el primer tiempo, sufrir hasta el último minuto fue de locos y hubiese sido feo quedarnos ahí, pero por suerte lo logramos”. Algunos compañeros contaron que Palma lo obligaba a que fuera constantemente a buscarla al área contraria. “Totalmente”, asintió Petaco cuando fue consultado sobre esas directivas que impartía el Negro “con sólo mirarte”. Es tan presente el recuerdo del ex defensor canalla que no duda en afirmar que “estaba reventado porque el desgaste que hicimos en el primer tiempo fue terrible”, pero insiste: “El Negro sólo te miraba y uno ya sabía lo que tenía que hacer.
El y el Polillita, por ser los más grandes, eran los que marcaban el paso del resto. En cada pelota detenida lógicamente iba a cabecear, pero como ya lo habían echado al Colo (Lussenhoff) trataba de medir un poco la fuerza. Pero el último esfuerzo valió la pena”. En ese minuto 89 del partido la pelota partió el botín derecho de Palma y viajó hacia el corazón del área, donde Petaco esperaba con los ojos bien abiertos. “¿Te acordás de lo que pensaste cuando el Negro mandó ese centro?”, fue la consulta hacia Carbonari, quien se despachó con un repentino “qué se yo...”, pero se explayó: “Es tan rápido todo lo que pasa en ese momento que no te da tiempo a pensar nada.
Pero siempre digo que me tocó estar en el lugar justo y en el momento justo. Creo que me tocaba a mí. Obvio que siempre es más fácil como un jugador como Palma, que siempre te la ponía en la cabeza, pero me llegó y yo estaba solo, sin defensores cerca y le di con el parietal derecho, que no es con el que mejor cabeceaba. Tuve la suerte de que entró al lado del palo”. Sin dudas era la noche de Petaco. “Es cierto que hice dos goles y convertí el penal, pero ¿sabés qué?, ¡me anularon uno!”, bromeó. “Esa noche me marcó muchísimo. Por ahí me tocó marcar un poco la diferencia porque siempre hay uno que la tiene que meter, pero el equipo jugó para eso. Por eso valoro lo que hicimos no sólo en ese partido, sino durante todo el semestre. Todos somos agradecidos con nosotros mismos y yo particularmente agradezco haberme encontrado con esa pelota”.
¿Jugaba ese equipo como quería Don Angel? Carbonari responde: “Ni hablar. Jugábamos muy bien, imaginate que el 5 era Palma, en un mediocampo que prácticamente no tenía marca. Por ahí el más sacrificado era el Chacho Coudet, pero estaban Vitamina y el Mono Gordillo. ¿Sabés lo que era Vitamina en ese momento? Manejábamos la pelota de manera increíble”. Y todo eso fue lo que transformó ese momento en el más importante de su carrera. Lo pone “casi a la misma altura” aquel gol de tiro libre contra San Lorenzo “en la primera pelota que toqué en Central después de mi vuelta de Inglaterra, pero la Conmebol me marcó”. Para siempre.