Las denuncias de "restricción del derecho al voto" no son nuevas en Estados Unidos; sin embargo, el endurecimiento de las leyes electorales en gran parte del país luego de la victoria de Barack Obama en 2008 y la pandemia de coronavirus convirtieron al tema en una de las preocupaciones de la campaña. A la vez, Estados Unidos es de las s democracias que cuenta con un muy desarrollado sistema de voto anticipado, algo que claramente contrapesa las limitaciones al voto existentes.
Cada Estado establece sus propias reglas y estas varían mucho. Por ejemplo, los estados de Oregón y Washington, en la esquina noroccidental del país, registran a todos los habilitados para votar de manera automática y les envían boletas por correo.
En cambio, en Texas, en el sur, el registro en el padrón debe ser presencial y termina 30 días antes de la elección, se demanda un documento con foto para identificarse, algo que no todos tienen en un país sin documento nacional de identidad, se redujo a más de la mitad los centros de votación en algunos distritos y se limitó a un lugar por condado el deposito de las boletas por correo.
Según el Índice de Costo para Votar que hace años realiza un grupo de politólogos de la Universidad del Norte de Illinois, la Universidad de Jacksonville y la Universidad de Wuhan, China (sic), Texas es el Estado donde más cuesta sufragar.
La mayoría de los votantes deben ocuparse primero de registrarse. Cada Estado define cuáles son los plazos, qué tipo de información se debe presentar, de qué manera _online, por correo o presencialmente_ y cuáles son los requisitos.
Por ejemplo, tras una larga lucha, Florida recuperó en las urnas el derecho a votar para las personas que fueron condenadas por un crimen. Pero luego, el Gobierno republicano, validado por la Justicia local, impuso una nueva ley que establece que deben haber saldado primero todas sus deudas con el Estado, lo que desató una lluvia de donaciones, incluso del millonario y ex precandidato presidencial demócrata Michael Bloomberg para pagar esas deudas y garantizar su participación en estos comicios.
Otro punto crítico que limita el derecho al voto son las purgas de los padrones. En algunos estados, como Georgia, el registro electoral se hace solo una vez y solo hay que modificarlo si la persona se muda, para actualizar el domicilio. El Gobierno local hace tiempo que realiza purgas en los años no electorales. Por ejemplo, en 2017, en un solo día, eliminó a más de medio millón de votantes, alrededor de un 8% del total de personas con posibilidad de registrarse del Estado. Más de 100.000 fueron purgados simplemente porque no habían participado en los últimos comicios. Muchos chequearon el padrón en 2018 y volvieron a registrarse, pero no todos.
Ese año, la ex congresista demócrata y activista por el derecho al voto Stacey Abrams perdió la gobernación ante el entonces secretario de Estado local, el republicano Brian Kemp, por menos de 55.000 votos. Pese a las denuncias de Abrams, en octubre del año siguiente, el gobierno de Kemp volvió a publicar una nueva purga de más de 313.000 votantes porque, argumentó, habían cambiado de domicilio.
Un reciente informe de la organización de derechos civiles ACLU denunció que más de 198.000 de esos últimos purgados, es decir, el 63%, no habían cambiado el domicilio.
En el Índice del Costo para Votar, Georgia es el segundo estado después de Texas. De hecho, de los 10 estados donde cuesta más votar en Estados Unidos, ocho son considerados tradicionalmente republicanos en las presidenciales, mientras que los otros dos, New Hampshire e Indiana, oscilan entre ambos partidos.
Por lo contrario, entre los Estados en que es más fácil votar se destacan siete tradicionalmente demócratas, dos republicanos -Utah y Dakota del Norte- y uno en disputa, Colorado.
Otra tendencia para limitar el derecho al voto es la eliminación de centros de votación, lo que en muchos casos obliga a los ciudadanos a hacer cola durante horas para poder sufragar, una imagen que se vio aún en pandemia, en invierno y bajo la lluvia, en comunidades de mayoría negra, latina o de población pobre durante las primarias presidenciales a principio de año.
El medio online Vice denunció que, entre la última elección y los comicios del martes próximo, los Estados eliminaron 21.000 centros de votación, lo que representa un 20% a nivel nacional, antes de la pandemia e incluso en muchos Estados en donde se sigue obligando a registrarse de manera presencial para poder votar por correo.
A mitad de año, cuando el presidente y candidato a la reelección, Donald Trump denunció por primera vez ante todo el país la posibilidad de un fraude electoral a través del voto por correo, su antecesor, Obama, aprovechó la ocasión para pedir el fin de las limitaciones al voto.Propuso que todos los Estados registren de manera automática a los habilitados para votar, garanticen que las personas que cumplieron su condena en la prisión recuperen el derecho a sufragar, se multipliquen los centros de votación, expandan el período de votación anticipada y declaren feriado el día de las elecciones. En EEUU el próximo martes 3 de noviembre será un día de actividad normal, a diferencia de lo que ocurre en casi todas las demás democracias.
Ese llamado desde lo más alto del Partido Demócrata dio un empujón a cientos de denuncias judiciales. “La Corte Suprema resolvió la mayoría de estas disputas judiciales, en general de manera conservadora, a favor de lo que habían decidido los Estados, que suelen limitar la participación”, explicó a la agencia Télam David Lublin, titular del Departamento de Gobierno de la American University.
Como importante contrapeso a estas medidas limitativas del voto, Estados Unidos posee el sistema de votación anticipada más amplio entre las democracias desarrolladas. Mientras en muchas naciones el voto no es obligatorio y no hay necesidad de inscribirse previamente, pero no existe la posibilidad de votar anticipadamente, presencialmente o por correo, como en Estados Unidos. Y este año, por la pandemia y la alta tensión política existente, la votación anticipada, presencial y por correo, está rompiendo todos los récords y podría terminar alimentando una participación electoral histórica en Estados Unidos.