Mientras en el Mediterráneo las familias sirias siguen muriendo ahogadas en su intento de huir de su país, las tragedias que causa la guerra en Siria son aún peores y explican esa fuga tan peligrosa. Ayer se supo que al menos otras dieciséis personas murieron de hambre en la ciudad siria rebelde de Madaya, asediada por las fuerzas gubernamentales del presidente Bashar Assad. Al menos 46 han muerto de inanición desde el 1º de diciembre en esta ciudad de 40.000 habitantes. Las nuevas muertes ocurrieron pese a que desde mediados de enero entraron algunos convoyes humanitarios a Madaya. La trágica noticia la dio Médicos sin Fronteras (MSF).






















