A una semana de la segunda vuelta presidencial, los dos candidatos en Chile, el joven diputado de izquierda Gabriel Boric y su compañero de Cámara de ultraderecha José Antonio Kast asumieron esta recta final de la campaña con un tono más moderado y cambios en sus discursos para atraer a los votantes de centro y, con suerte, también a algunos de los que no participaron en noviembre pasado.
Estos giros incluso se convirtieron en insumos para los ataques de este punto álgido de la campaña: el candidato pinochetista acusó a su rival de cambiar sus posiciones políticas e incluso dijo que “debería haber un debate entre el Boric de la primera vuelta y el Boric de la segunda vuelta para ver quien es quien”.
Boric retrucó con ironía en un debate el viernes cuando, recuperando una crítica que le había hecho uno de los periodistas a Kast por los cambios en su programa electoral, lanzó: “¿A quién le dicen el volteretas?”
Desde la primera vuelta, Kast anunció varios cambios, entre ellos la continuidad del Ministerio de la Mujer, una cartera que el candidato de ultraderecha proponía firmemente eliminar.
Para Marcelo Mella, politólogo de la Universidad de Santiago, efectivamente hay un cambio en el tono de las campañas de ambos candidatos que buscan “movilizar y traccionar el grupo de electores que participaron en la primera vuelta y no buscar gente que no ha votado anteriormente.”
“En Chile vota aproximadamente el 50% (del padrón) o un poco menos y no es probable que haya un aumento significativo de electores. Como esa es la hipótesis electoral, ambos candidatos entienden que el triunfo depende de la capacidad de movilizar a los sectores moderados en cada ala del sistema político”, añadió Mella.
El abogado constitucionalista de la Universidad Diego Portales de Chile, Javier Couso, coincide con esta interpretación, aunque destacó que “Kast debe moderar su discurso también, pero mucho menos que Boric”.
“Kast sabe que toda la derecha va a votar por él sin importar qué, pero Boric sacó en primera vuelta casi exactamente la misma cantidad de votos que en la primaria de la izquierda, no sumó mayor cantidad de votos a los 1,7 millones que participaron en esa primaria”. Por lo tanto estimó que “Boric necesita desesperadamente moderar su discurso para atraer los votos de la Democracia Cristiana (DC), el Partido Socialista (PS) y el Partido Por la Democracia (PPD), es decir, la exConcertación”, agregó Couso.
Sin embargo, destacó que Boric mantiene una relación tensa con su primer aliado, el Partido Comunista (PC), lo que lo pone en una situación difícil en la que da “pelea con un brazo amarrado” en su intento por cambiar el tono.
A esto, Mella suma que la composición del nuevo Congreso electo en noviembre pasado, en el que cualquiera de las dos coaliciones tendrá una representación minoritaria, obligará a quién gane a negociar.
Para el politólogo en la primera vuelta un actor quebró en parte esa polarización: el ahora excandidato del Partido de la Gente, Franco Parisi, quien obtuvo la tercera minoría con 900 mil votos y que, según Couso, podría ser determinante si decide realizar una consulta entre sus simpatizantes. “Si él hace eso, todo el mundo apuesta que va a salir Kast porque es un tipo que no tiene una tirria a la dictadura”, explicó Mella.
Para el abogado, en tanto, el llamado Factor Parisi puede ser importante, aunque sin una consulta concreta a sus simpatizantes, su caudal electoral podría diluirse.
En los últimos días, Parisi recibió a Kast en su programa virtual para que sus votantes pudieran conocer en profundidad las propuestas del candidato.
Boric también fue invitado, pero decidió no asistir ya que Parisi está acusado de no pagar pensiones de alimentos a sus hijos y su partido, investigado por presunta financiación ilegal.
En consecuencia, apostó a interpelar a esta tercera minoría directamente, sin la intermediación del excandidato.
A diferencia de Mella, para Couso es clave que en la primera vuelta presidencial votó medio millón de personas menos que en el plebiscito de octubre de 2020 cuando se aprobó la redacción de una nueva Constitución.
“La esperanza de Boric no es apelar al votante de Parisi, sino movilizar al menos a 500 mil chilenos que por diversas razones no participaron en los comicios del 21 de noviembre”, sostuvo el abogado.
Encuestas
Hasta hace una semana, todas las firmas encuestadoras daban como vencedor al izquierdista Gabriel Boric. Pero las dudas se mantienen. Más que sobre las encuestas, que probaron su eficacia acertando que los dos candidatos pasarían a segunda vuelta, sobre la posibilidad de captar los matices de un contexto tan incierto. Dicha incertidumbre se ve reflejada en la enorme variedad de márgenes que le dan los sondeos a Boric. Mientras algunos esperan una victoria más que asegurada, otros ven la distancia dentro del margen de error, indicando que la elección está más abierta de lo que podría parecer.
Según el corresponsal del diario español El País, Jorge Galindo, una parte importante de estas diferencias estén en la pregunta más difícil que puede enfrentar una encuestadora en un país donde el voto no es obligatorio: ¿Cómo identificar correctamente quién va a votar y quién no?
La enorme brecha no sólo ideológica, sino discursiva y estética, de visiones sobre la moral y las formas de vida, que hay entre Boric y José Antonio Kast restringe el campo de visión: en estos dos cajones solo encajan los votantes convencidos. Y esos están lejos de representar siquiera la mitad del electorado total chileno.
Casi un 53% de la población decidió no ejercer su derecho a voto en la primera vuelta. De los que sí lo hicieron, habrá una parte considerable que se replanteará si hacerlo el domingo próximo. De quienes en noviembre se quedaron en casa, posiblemente algunos se vean impelidos a acudir a las urnas aunque sea para evitar que el candidato que más les desagrada acabe venciendo.
En la mayoría de los casos, el reparto de los indecisos es más o menos parejo: si hay 20% de indecisos, se asume que irán mitad y mitad a cada candidato. Pero esto no tiene por qué ser necesariamente así. De hecho, en algunos países lo habitual es asumir que ciertos partidos o candidatos reciben una parte mayor de la indecisión.