En abril de 1982 Elena Rigatuso era maestra de 1º grado de la Escuela Nº 456 de Empalme Graneros y cuando estalló la guerra de Malvinas se sumó con sus alumnos a la colecta de abrigo y chocolates para los soldados que iban al frente de batalla. También escribieron una carta para que sea entregada a algún combatiente. De su contenido solo recuerda el comienzo: “Queridos soldados”. Dos años después recibió en la escuela la respuesta de Aldo Raúl Torres, excombatiente clase 62 que vivía en Villa Santa Isabel (Embalse, Córdoba). La carta se le había extraviado y cuando la encontró sintió la necesidad de contestar ese texto que, según escribió, le había dado “más fe y esperanzas” por saber que los soldados no estaban solos en el sur. Hoy Elena está jubilada y cuatro décadas después la carta luce con un tono amarillento. La toma entre sus dedos y recuerda quién era ella a esa edad: “Tenia 28 años y una militancia previa estudiantil con conciencia antiimperialista, así que la guerra la viví con todas las contradicciones. Muchos familiares o vecinos de los alumnos de las barriadas estaban siendo convocados, pero teníamos muy clara la diferencia entre quién dirigía la guerra y los soldados”. El testimonio de Elena abre el juego en un encuentro convocado por La Capital en la Escuela Nº 432 Bernardino Rivadavia, donde docentes de distintas edades y trayectorias fueron invitados a hablar de sus recuerdos de la guerra y de cómo fue cambiando el debate escolar sobre Malvinas en estos 40 años.
Sandra Bembo era alumna de la Dante Alighieri. Tenía 16 años en el 82 y recuerda también haber tenido sentimientos contradictorios: “Desconocía el tema de las desapariciones, no son los 16 años de ahora, estábamos medio en una burbuja. Pero sí recuerdo el debate en clases, esta idea de recuperar Malvinas, que era territorio nuestro”. De ese clima de época, donde fue prohibida la difusión de música en inglés y donde el rock nacional cobró mayor impulso, la docente —actual directora de la Rivadavia— recuerda que hasta comenzaron a cambiarse los nombres de los boliches a los que iban y a reemplazarlos por otros en castellano. Dice que aún se conmueve al ver los rostros jóvenes, muy jóvenes, de quienes fueron a la guerra. Pibes que eran casi de su misma edad.
"El 2 de abril me toma con contradicciones. Tenía en claro que era una reivindicación territorial, pero que había una dictadura genocida” "El 2 de abril me toma con contradicciones. Tenía en claro que era una reivindicación territorial, pero que había una dictadura genocida”
La vice de la Rivadavia es Analía Cono. Tenía 10 años cuando se desató la guerra, iba a la Escuela República de Bolivia y su memoria le trae dos imágenes patentes: la primera, cuando la maestra les propuso escribir cartas y traer chocolates para los soldados. La segunda, cuando le dejaron llevar una radio a la escuela para escuchar las noticias que se difundían sobre el conflicto en las islas. Dice que en las aulas de la primaria se vivía una gran euforia por recuperar Malvinas.
Paz, pan y trabajo
Tres días antes del inicio de la guerra, el 30 de marzo, la CGT Brasil conducida por Saúl Ubaldini encabezó una multitudinaria concentración en la Plaza de Mayo con tres consignas: “Paz, pan y trabajo”. Hubo represión en esa jornada histórica en contra del gobierno de facto. Aquel día Elena Rigatuso participó de la marcha que se hizo en Rosario y recuerda que se encontró con el histórico dirigente docente Carlos de la Torre, quien sacó de su abrigo una cartel escrito a mano que decía Ctera. Con ese gesto los maestros congregados en la esquina de Laprida y Córdoba se le fueron acercando.
Con 21 años recién cumplidos, Alberto Neirot estuvo ese día en la Plaza de Mayo. Hacía pocos meses que había culminado el servicio militar en la base naval de Puerto Belgrano y militaba en un espacio del peronismo. “El 2 de abril —dice— me toma con las mismas contradicciones que decían recién respecto de que tenía en claro que era una reivindicación territorial, pero que había una dictadura genocida y ya sabíamos que había desaparecidos y torturas”. En su caso, además estaba la posibilidad latente de ser reincorporado a servicio si la guerra se prolongaba.
Hay otro hecho —además de haber participado de la marcha del 30 de marzo— que une a las historias de Elena y Alberto, y es la certeza del clima adverso a la dictadura que se respiraba en las calles. Ambos recuerdan que el día del famoso discurso de Galtieri frente a la plaza —aquel del “si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”— los manifestantes le cantaron: “Galtieri, Galtieri, prestá mucha atención, Malvinas Argentinas y el pueblo de Perón”. La dictadura —apunta Neirot, docente de la Gurruchaga, de nivel superior e integrante de la Cátedra Armenia de la UNR— venía mostrando signos de debilidad y se vivía un momento de resistencia cultural. Con la guerra buscaban oxígeno político para perpetuarse en el poder.
Quien también suma sus vivencias de aquellos días es Carina Trivisonno, directora de la Escuela Nº 90. Tenía 14 años, era alumna de una escuela religiosa de San Lorenzo y ese día la rectora autorizó a las estudiantes a retirarse antes de clases para que puedan ver por televisión el discurso del presidente de facto. “Lo que se vivió en esos días en la escuela fue una amplia adhesión a la toma del territorio y en clases los profesores nos hablaban de la soberanía y de que era una reivindicación histórica”, apunta la docente. También recuerda que una compañera, que reconoce que fue muy lúcida, dijo que estaban llevando a pibes a la guerra y que los iban a matar. Pero las voces mayoritarias en el curso le decían que eso no era cierto, que estaba loca.
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La carta del excombatiente llegó de puño y letra a la maestra Elena Rigatuso.
Silvina Salinas
Estamos ganando
“Estamos ganando”, titulaba en su edición de mayo del 82 la revista Gente, mientras por las pantallas de ATC, José Gómez Fuentes agitaba la causa y el espíritu triunfalista del gobierno cívico-militar. En la charla con La Capital, el grupo de educadores resalta una y otra vez la potencia de esa manipulación mediática y cómo eso permeaba en los hogares, en la calle y también en las escuelas. “Yo me creí el «vamos ganando»”, dice Neirot. A su lado, Rigatuso cuenta que su padre, a quien describe como una persona muy politizada, también aseguraba que la victoria se estaba produciendo, lo que generaba discusiones en la familia. En ese tren de contradicciones, habla del día que con su hijo de 5 años pasaron por la plaza 25 de Mayo y cruzaron a un señor que vendía banderitas argentinas. Mientras el nene le pedía una banderita a la docente se le cruzaba todo: el nacionalismo, la patria, la dictadura y los soldados.
Pero llegó junio y por cadena nacional Galtieri anunció que “el combate de Puerto Argentino ha finalizado”. Había llegado la rendición, se acercaba el fin de la dictadura y en las escuelas también reverberó el espíritu de desmalvinización. Sandra Bembo empezó a dar clases en 1988 y dice que por aquellos años hubo una intención de desvincular a Malvinas de la dictadura, trazando una línea imaginaria que apuntaba a descontextualizar la guerra. “Había que hacer un trabajo muy fuerte como docentes para plantear por un lado una reivindicación territorial, pero también contar que la guerra fue una decisión de la dictadura”.
Pero si esto se vivió en los 80, Rigatuso sostiene que con la ley federal de los 90 se produjo una “castración de contenidos históricos y sociales”, un recorte que profundizó ese intento de separar a Malvinas del gobierno militar y el terrorismo de Estado. De todas formas, Bembo reivindica a aquellos docentes que permitían trabajar esa tensión en las aulas: “Siempre hay un colectivo docente dentro de las escuelas que intenta reflexionar el tema dictadura y Malvinas, porque muchos teníamos parientes o amigos que fueron a la guerra. Ahora curricularmente está en el programa, pero después depende del proyecto pedagógico de la escuela, si lo quiere instalar o no, del colectivo docente. Hoy hay un combate cultural contra el negacionismo, por eso es muy importante que desde las escuelas y los equipos de gestión sigamos manteniendo nuestras convicciones que ciertas cosas no son discutibles, como el terrorismo de Estado”.
Para Bembo, así como en los 80 la mirada del Estado estuvo puesta en los desaparecidos y los derechos humanos, y en los 90 hubo un intento de desmalvinización y una conciliación con la dictadura a través de los indultos a los genocidas, a partir de 2003 hay un impulso a las políticas de la memoria y a poder trabajarla en las aulas. El artículo 92 de la ley de educación nacional dice que formarán parte de los contenidos curriculares “la causa de la recuperación de nuestras Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur” y “el ejercicio y construcción de la memoria colectiva sobre los procesos históricos y políticos que quebraron el orden constitucional y terminaron instaurando el terrorismo de Estado”.
“Igual creo que el proceso desmalvinizador comienza en los 80 —dice Neirot—, porque entre el 84 y el 90 hubo una invisibilización de los excombatientes, durante el menemismo se sigue ocultando, y recién en los 2000 comienza un proceso de malvinización y de estudio de lo que pasó, además de las pensiones para los excombatientes”
"Hoy hay un combate cultural contra el negacionismo. Desde la escuela hay que sostener la convicción de que no todo es discutible” "Hoy hay un combate cultural contra el negacionismo. Desde la escuela hay que sostener la convicción de que no todo es discutible”
Nuevas miradas
A la hora de hablar de nuevas miradas para el aula, tanto Bembo como Neirot —ambos con formación en historia— destacan los aportes de Federico Lorenz en torno a la construcción simbólica sobre Malvinas. “Lorenz —dice Neirot— es el historiador que más claramente ha llevado en los últimos diez años el tema Malvinas y ha puesto en discusión su aspecto simbólico, lo que representa para los argentinos y pone en relieve temas como la cuestión de los soldados que eran de las provincias más humildes. Pero ahora se estudia Malvinas en las currículas y se puede trabajar desde su amplitud. No solo desde la soberanía territorial sino desde la historia, lo social, de los derechos, relaciones internacionales o el imperialismo”. El de los derechos es para Rigatuso un tema clave, y menciona la represión policial ocurrida a fines de marzo en la Ciudad de Buenos Aires contra excombatientes frente al Pami.
Trivisonno dice que en los últimos años le hizo un click la mirada de Rodolfo Caminos, excombatiente y director del documental No somos héroes, donde si bien rescata el coraje de los soldados, cuestiona la figura de la heroicidad y hace foco en que ellos también fueron víctimas de la dictadura. Otro puente que menciona es el que puede trazarse con la educación sexual integral (ESI) “porque uno de los mandatos de la masculinidad de los que habla Rita Segato es que el hombre tiene que ir a la guerra y poner el cuerpo”. También propone visitar el texto “Todo el poder a Lady Di”, de Néstor Perlongher, a quien reivindica como una de las pocas personas que en su momento habló en contra de la guerra.
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El contexto de la dictadura y el homenaje a los soldados son para este grupo de docentes temas clave para abordar el conflicto bélico.
Silvina Salinas
Efemérides de la memoria
Analía Cono —vice de la Rivadavia— introduce el tema de los actos escolares y cómo las efemérides fueron cambiando a lo largo de los años. A modo de ejemplo, dice que el relato de excombatientes que visitaban las escuelas y lo que se abordaba en clases estaba más ligado a la juventud de los soldados y al hecho heroico de cómo combatieron. Pero que hoy también se cuenta lo que hacían los militares con ellos, cómo los estaqueaban y qué pasó cuando volvieron.
Carina Trivisonno admite que su mirada de Malvinas y hasta la forma de enseñarlo fue mutando: “Pasé de la adhesión a la guerra como niña de una escuela, a la tristeza y vergüenza cuando se invisibilizó a los soldados en ese proceso de desmalvinización. Y como maestra al principio era solo una descripción geográfica de las Malvinas, se analizaba la riqueza de los recursos naturales y las razones del reclamo”. Por aquellos años recuerda haber trabajado en clases el poema de Borges “Juan López y John Ward”, que cuenta la historia de un soldado argentino y uno británico. Dice que hoy ya no lo daría, o lo haría desde una mirada crítica.
En los 90 Sandra trabajaba como profesora en la Escuela Islas Malvinas de Funes. Para el acto del 2 de abril le tocó hacer el discurso y habló de sus sentimientos, de las contradicciones y sobre el final los chicos mostraron un cartel que decía “Malvinas en paz”, instando a la vía diplomática del reclamo de soberanía. Al finalizar se le acercó un integrante de la banda del Liceo —invitados para el acto—, que le cuestionó su discurso y le dijo “San Martín también hizo la guerra”. Una compañera le salió al cruce al oficial y le respondió: “No me compare a San Martín con Galtieri”. Elena recuerda que como directora de la Escuela Nº 132 de Villa Gobernador Gálvez discutían en plenaria los contenidos en la semana previa. Y cómo en un acto se animó a abrir con la recordada arenga de Galtieri desde el balcón. Para contextualizar la historia. Dice que es clave entender que si bien la guerra se perdió, aquel hecho selló el fin de la dictadura: “Los combatientes abrieron la puerta de la participación y de la democracia, la dictadura se tuvo que ir y nunca mas tuvimos un golpe”.