Educación

Las infancias con un mundo por delante

Patricia Redondo defendió la importancia del nivel inicial o la educación temprana que abarca los primeros grados como el primer paso en la escolarización vinculada directamente a la cuestión de la igualdad.

Sábado 14 de Julio de 2018

Patricia Redondo defendió la importancia del nivel inicial o la educación temprana que abarca los primeros grados como el primer paso en la escolarización vinculada directamente a la cuestión de la igualdad. Lo explicó con un ejemplo vivido en una villa de La Matanza, que bien se replica en otras realidades, cuando una mamá le contó del esfuerzo que hacía para llevar a sus hijos a un colegio que no fuera de su barrio: "La mamá me lo explicó con un papel de pizza en la mano : «En esta escuela de acá a mis hijos los consideran villeros, en esta otra también... pero si yo cruzo y miento, porque ya tengo otra dirección, y los llevo bien limpios y sobre todo bien peinados, las maestras no se dan cuenta de que soy villera». Esa mamá tenía que borrar todos los indicios de pertenencia a la villa, entonces esos niños no podían tener nunca un cumpleaños compartido, ni decir cómo era su casa".

Redondo llamó a preguntarse por la (des)igualdad y a reconocer —citando a Gabriel Kessler— "que si desde el campo de la educación no persistimos y nos obstinamos en construir antidestino, las marcas tempranas de la marginalidad y la exclusión determinan destinos y biografías anticipadas, que ubican a los recién llegados al mundo en una posición de inferioridad". Invitó a la docencia a reconocer la enorme responsabilidad que tiene "de ubicar a la infancia como un sujeto político de cara al porvenir".

Dijo entonces —refiriendo al filósofo Jacques Derrida— que esa "pregunta por el mañana encierra un interrogante por la justicia: ¿Cómo enseño yo en una sala de tres, de cuatro años, en un primer grado si no me pregunto por el mañana? ¿Cómo se efectivizan los derechos de las infancias en los espacios escolares? ¿Cómo hacemos escuela por fuera de nuestras instituciones?"

La escuela —profundizó la educadora— está llamada a no reproducir las situaciones de pobreza en sus aulas. "No tenemos que reducir los lenguajes a las condiciones supuestas de pobreza", marcó recordando una charla sostenida con un grupo de docentes que le contaron que impulsaban hacer "un proyecto con la basura", ya que sus alumnos juntaban basura con sus padres de la calle. "¡Pero compañeras!, les dije —continuó—, los niños de la basura saben más que nosotras, traigamos a García Lorca a todas las villas de la ciudad de Buenos Aires. Hay que bajarles la luna y entregarles a Lorca. Hay que sacarlos de la basura y luchar políticamente para que no estén allí. No somos nosotras quienes les vamos a enseñar cómo no lastimarse con un vidrio. No hay que tolerar que trabajen con la basura. Esa es la radicalidad de la posición de un maestro: no naturalizar el orden desigual que somete las infancias a una posición biológica que sostiene su condición de vida. Son niñas y niños con el mundo por delante, ¿quiénes se lo van a garantizar si no somos los adultos, los maestros que estamos allí para enseñar? A mí nadie me convenció todavía que hay un lado imposible en la educación".

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