Patricia Redondo defendió la importancia del nivel inicial o la educación temprana que abarca los primeros grados como el primer paso en la escolarización vinculada directamente a la cuestión de la igualdad. Lo explicó con un ejemplo vivido en una villa de La Matanza, que bien se replica en otras realidades, cuando una mamá le contó del esfuerzo que hacía para llevar a sus hijos a un colegio que no fuera de su barrio: "La mamá me lo explicó con un papel de pizza en la mano : «En esta escuela de acá a mis hijos los consideran villeros, en esta otra también... pero si yo cruzo y miento, porque ya tengo otra dirección, y los llevo bien limpios y sobre todo bien peinados, las maestras no se dan cuenta de que soy villera». Esa mamá tenía que borrar todos los indicios de pertenencia a la villa, entonces esos niños no podían tener nunca un cumpleaños compartido, ni decir cómo era su casa".































