En el pasaje Independencia 4298 suelen agolparse decenas de chicos y chicas a lo largo de toda la semana. Es que allí se encuentra la Banateca, uno de los espacios más convocantes para las infancias de Villa Banana, y la biblioteca popular que hoy se presenta en la sección “El tesoro de mi barrio” del suplemento Educación.
Una fachada colorida invita a entrar a una pequeña sala donde todo es atractivo para los pequeños visitantes que la frecuentan. Estanterías con cuentos, un rincón acolchonado que incita al juego y la lectura, y una mesa llena de colores que atrae a los más pequeños a poner manos a la obra.
“Este lugar lo construyó el barrio, el tesoro con el que contamos es precisamente el grupo de trabajo que se ha constituido en todos estos años y que hace que el proyecto pueda trascender a una persona en particular”, dice Ana Laura Pinto, una de las referentes del espacio, que junto a sus compañeras recibe a La Capital y adelanta una buena nueva: “Después de mucho tiempo de gestiones, la Banateca fue recientemente reconocida como miembro de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip)”. Un paso adelante que les permitirá crecer en recursos en favor de sus visitantes.
Para las infancias
Las referentes cuentan que la Banateca es orgullosamente la primera biblioteca popular del barrio. Su nombre fue elegido por los niños y niñas a través de la conjunción de las palabras biblioteca y Villa Banana. Con un perfil preponderantemente infantil, el espacio brinda talleres recreativos y educativos como los de arte, juego libre, de mesa y ciencias experimentales. Además, cuenta con un servicio de apoyo escolar y de ayuda para la gestión de trámites sociales.
En la charla, las vecinas y voluntarias Patricia y Brenda cuentan que para concretar los talleres de juego libre decidieron formarse en “educación viva” de la mano del proyecto educativo Río Libre y que además, realizaron la diplomatura que brindó el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Brenda dice que ahora se siente preparada para recibir cerca de 25 niños y niñas de entre 2 a 12 años con música, artes, juegos y lecturas. También cuentan que La Bana, como habitualmente la llaman, es sostenida por un grupo de trabajo de 18 personas, en su mayoría mujeres vecinas del barrio. Y que conforman un colectivo que se fue consolidando en los últimos años a través de la dinámica de asambleas periódicas, en las que se abordan y definen las distintas cuestiones relativas al funcionamiento de la biblioteca.
Respecto a sus recursos bibliográficos, La Bana cuenta con un catálogo dividido en 3 secciones: una parte es infantil y está dotada de libros y revistas infantiles, juegos y juguetes; otra parte es el sector de referencia, dónde hay diccionarios y enciclopedias; y una colección general dotada de literatura, en su mayoría argentina y latinoamericana. “Contamos con 2 mil libros catalogados, y otros tantos que aún no hemos llegado a catalogar. Es una colección pequeña pero con títulos de calidad y actualidad”, afirma la bibliotecaria Natalia Núñez, y agrega: “El desarrollo de nuestra colección apunta a libros infantiles, juveniles, pedagógicos y de diferentes temáticas como ecología, feminismos, filosofía y por qué no, política y derechos dirigida a los más chiquitos. La colección general también apunta hacia temas de política y derechos humanos, sobre todo a cuestiones de género”.
Actualmente el espacio es miembro activo del taller “semillas que cuentan”. Un proyecto educativo con sede en La Cachilo que convoca a las bibliotecas populares del oeste, con la idea de trabajar temáticas medioambientales y promover la agroecología a través de la literatura. “Se mixtura la lectura con un momento mas práctico de sembrado”, dice Ana, y explica que los representantes de cada una de las bibliotecas que integran el taller, luego comparten esos conocimientos en la propia comunidad.
La casita de causa
En la charla, Ana Laura cuenta que la Banateca fue inaugurada en diciembre de 2015 en el marco de las conmemoraciones de 19 y 20 de diciembre de 2001. Y que es el resultado del trabajo territorial que inició en el 2003 la organización social Causa, con la referencia propia de los movimientos sociales luego de la crisis de 2001.
La semilla fue plantada por un grupo de jóvenes estudiantes, muchos de ellos vecinos, que estaban muy movilizados por el contexto social crítico que se vivía en el país en aquel momento. Ana recuerda que en esos años se organizaron para ayudar a un comedor que se llamaba Pancitas Vacías y desde allí comenzaron a brindar apoyo escolar a los chicos del barrio. Empezaron a pensar en conformar una asociación civil propia y junto a los vecinos avanzaron en levantar las paredes de lo que se llamó “La casita de Causa”. Unos pocos metros cuadrados donde se gestaron múltiples proyectos, uno de ellos el de Biblioteca popular, hoy llamada Banateca que tomó forma en esa misma casita del pasaje Independencia.
La organización social Causa supo dar respuestas a cada espacio vacío que dejó el Estado, y no dejó de crecer y expandirse en la concreción de proyectos dentro del mismo barrio. Así nacieron la huerta y el comedor comunitario, el taller de carpintería y oficios, la escuela popular “Corazón de barrio” y un espacio de primera infancia llamado La Gurisada, que inició su construcción en el 2020.
A lo largo del tiempo, y en favor de la comunidad de Villa Banana, la organización avanzó en la construcción de alianzas y en la articulación de acciones con organismos públicos y privados. Los resultados están a la vista. No solo las infancias tienen su lugar de referencia en la Banateca, sino que también los jóvenes son destinatarios de proyectos que tienen el objetivo de restituir derechos, como las capacitaciones en oficios y la prevención de consumos problemáticos en coordinación con la Agencia de Prevención del Consumo de Drogas y Tratamiento Integral de las Adicciones (Aprecod).
Como en muchos barrios de Rosario, las balaceras y las situaciones de violencia en el espacio público, constituyen uno de los principales desafíos que la comunidad de Villa Banana tiene que afrontar. “Hemos vivido como comunidad momentos muy tristes y otros sumamente preocupantes. Sufrimos el fallecimiento de una niña que asistía a la biblioteca por motivos de salud en un contexto de mucha pobreza y el impacto de una bala a otro niño que lo dejó en silla de ruedas, y su familia tuvo que mudarse fuera de la ciudad por resguardo. En ese momento debimos cerrar las puertas por la gran conflictividad barrial”, cuenta Ana y recuerda que los últimos episodios que conmocionaron al barrio tuvieron lugar en noviembre de 2021 cuando se produjeron dos tiroteos en una semana, a media cuadra de la Banateca y en pleno horario de funcionamiento, sin niños heridos por fortuna.
Hoy la meta de esta biblioteca popular es brindar un lugar seguro a las infancias del barrio y contribuir a la restitución de derechos. Lo construido demuestra que aunque los recursos sean escasos, la organización barrial no deja de avanzar y trabajar en la conquista del espacio público en clave de paz.