Desde hace ya varios años la psicología ha aceptado el uso de los plurales al referirse a los diferentes grupos etarios y de género que tradicionalmente correspondían a la niñez, como si este sustantivo pudiese abarcar la heterogeneidad existente y la palpable ausencia de un niño genérico y universal. Con la ayuda de otras ciencias humanas, la psicología incorpora los plurales que permiten analizar diferencia y semejanzas e identificar especificidades. Resulta una realidad indiscutible que cada niño/a nace, crece y se desarrolla en ámbitos geográficos, sociales, culturales y familiares disímiles, donde se constituye como “sujeto sujetado” a ese particular contexto. En él aprende una lengua, formas de vida, hábitos, intereses, valores, prejuicios y aspiraciones que lo constituyen como parte integrante de su comunidad, la que a su vez él construye en un proceso mutuo interactivo.
Un caso similar pasa con la sociología donde han surgido algunas premisas teóricas provenientes de un campo emergente que ha dado en llamarse Estudios de Infancias.
Esta perspectiva teórica arranca con cuatro premisas fundamentales que consisten en plantear a la niñez como: una categoría socialmente construida; permanente (aunque sus miembros se renueven constantemente); variable en términos históricos; y como actores sociales que participan en la vida de las relaciones humanas (aunque la mayoría de las veces se tornan no visibles).
Los conceptos infancia y niñez presentan una gran complejidad no sólo a nivel social sino desde la propia etimología de estas palabras. Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE) la palabra infancia proviene del latín infantía, cuyo significado primario alude a la incapacidad de hablar, define a los “infantis” como aquellos que no tienen voz.
Resulta interesante que más tarde, otros estudios afirmen que a los pariente del rey, hijos varones y legítimos del rey, nacidos después del primogénito, se los diferencie de éste y se los llama infante. Al primero sólo se le otorga la legitimidad de la palabra. Por lo expresado, su etimología pone de manifiesto claramente que la palabra infancia refiere más bien a quiénes no tienen permitido hablar y no tanto a quiénes carecen de este atributo por los años de edad u otros condicionantes.
"Escuchar a los niños es una propuesta maravillosa, pero debería ampliarse con la pregunta que falta: ¿después de escucharlos, qué? "Escuchar a los niños es una propuesta maravillosa, pero debería ampliarse con la pregunta que falta: ¿después de escucharlos, qué?
En cuanto a los conceptos niño/a provienen de la voz infantil o la expresión onomatopéyica ninno que refiere al que tiene pocos años, pocas experiencias o que obra con poca reflexión La RAE define a la infancia como el período de la vida humana que se extiende desde el nacimiento a la pubertad y en segunda acepción dice: el principio o primer tiempo de cualquier cosa. Otros autores destacan que en general el término alude a las personas con pocos años de edad que se encuentran en posición de subordinación social (servidumbre) o bajo la tutoría de una persona adulta por ser menor de edad o huérfana (pupila).
Esta polisemia de significados nos permite comprender que la infancia para muchos sigue siendo el lugar de la inmadurez y la incompletud, del accionar poco reflexivo y atolondrado, y que por lo tanto necesita estar subordinado, protegido, por un adulto a quien se lo considera maduro, sensato.
A la luz de los nuevos enfoques de los Estudios de Infancias, las nociones arriba mencionadas pertenecen a las sociologías clásicas. Éstas debieran ampliar sus perspectivas de análisis y aceptar a las infancias como objeto de estudio específico y no sólo relacionados con la familia, como institución social (niño/niña, hijo/hija), o con la educación, como instrumento de reproducción social (niño/niña, alumno/alumna). Según los Estudios de Infancias, los enfoques tradicionales se han ocupado indirectamente de los niños/as solo de forma instrumental. Desde esta nueva perspectiva teórica, la infancias son un campo de estudio en el que participan varias disciplinas como la sociología, la psicología, la antropología , la historia, el trabajo social, la geografía, etcétera.
El hecho de asociar la infancia a estados más cercanos a la naturaleza, a la indefensión, a la incompletud, a la “pizarra en blanco”, a la necesidad de protección, de llenarlo de conocimientos, de transformar su naturaleza “salvaje” en un disciplinamiento adaptativo, ha permitido que los derechos de los niños se perciban ligados con los de otras minorías como son el derecho de las mujeres, a las que por años se las ha ubicado en lugares subalternos al poder de adultos varones poderosos, utilizando casi los mismos argumentos.
En 1989 se sancionó la Convención de los Derechos del Niño (CDN) organizada en tres grandes tipos de derechos conocidos como las tres P: protección, provisión y participación. Los últimos son los más escasos y se expresan en los artículos del 12 al 15.
Muy poco se ha percibido en el manejo de esta pandemia del derecho a la participación de los niños, por eso muchos hemos afirmado que han sido silenciados e invisibilizados.
Coincidimos con muchos psicólogos en la necesidad de “escuchar” a los niños, y esa propuesta me parece maravillosa, pero debería ampliarse más con la pregunta que falta: ¿después de escucharlos, qué?
Aquí volvemos a las propuestas de los Estudios de Infancias, que aportan el concepto nuevo de “agencia” infantil que haría mención a la posibilidad de pensar a los chicos como “actores sociales”, propiciando actividades en sus diversos ámbitos de vida familiar y social como coprotagonistas de accionar en pos de sus intereses.
En los últimos meses muchos docentes respondieron a la invitación hecha por distintos medios acerca de darle oportunidad a niños y jóvenes de participar en el armado de proyecto que los involucrara y se destacan algunos para que los lectores/as tengan la oportunidad de apreciar los avances. Estos son: “La vereda soñada para una escuela especial de Totoras”, “Cuidado de los humedales” (Micros radiales) y “La pandemia en los barrios: juventud y solidaridad”. Aparte de los nombrados son destacados los realizados en colaboración entre la Municipalidad de Rosario y la Universidad Nacional de Rosario (UNR) “Las aventuras de Belgrano en Rosario”. Y el organizado por la Secretaría de Cultura y de Educación para el Día de la Primavera consistente en un certamen para jóvenes de 13 a 21 años, que al decir de su directora Andrea Nisnevich se gestó a partir de un documento colectivo y colaborativo elaborado por los jóvenes por internet.