Educación

Experiencias que cuentan qué y cómo se lee en la escuela primaria

Los buenos libros de la literatura infantil predominan a los textos únicos. Un rescate de la lectura en voz alta.

Sábado 02 de Junio de 2018

Leer por leer y leer para disfrutar de la palabra escrita, narrada, compartida; también para aprender y ampliar oportunidades. Esas son las razones más mencionadas por las docentes cuando hablan de la práctica de la lectura en la escuela primaria. Los buenos libros de literatura infantil predominan a los textos únicos, se valora la lectura en voz alta y la importancia de que chicas y chicos vean a sus maestras y familias leer.

Un grupo de maestras consultadas por LaCapital describe cómo implementan la lectura en sus clases. Pertenecen a escuelas públicas y privadas, de diferentes realidades. En las escuelas donde enseñan disponen de libros propios, reunidos —principalmente— del Plan de Lectura Nacional de la anterior gestión de gobierno nacional, también de los que adquieren en compras comunitarias y hasta aportan de manera personal.

Todas hablan de buena literatura y en papel, antes que en pantallas. Hay diversos motivos: en muchos casos las escuelas tienen computadoras pero no conexión a internet (y si la hay es muy lenta); además porque que de una u otra manera todas las chicas y chicos acceden a tablets, celulares o computadoras en sus hogares, más que a los libros. En sus testimonios aportados, prevalece un común acuerdo en valorar a la literatura como un bien cultural, y no reducirla a un mero recurso didáctico.

Alejandra Palavecino enseña en el 4º grado de la Escuela Nº 1.209 Provincia de Chaco, en el barrio Cabín 9, de Pérez. "La lectura es una oportunidad social, es un territorio de promesas", define y dice que la meta que persigue es que sus alumnas y alumnos puedan apropiarse de esta herramienta, porque "es la que hace la diferencia" en los entornos con mayores necesidades. Para generar esos hábitos lectores, todos los días ponen en marcha el espacio Leer por leer. Empiezan con cuentos cortos, que lo terminan en una misma clase. Luego se animan con otros más extensos, a los que hay que esperar al día siguiente para saber qué pasa, cómo termina. "Generamos expectativas!", festeja Alejandra sobre la continuidad de atención que logra: "Al otro día te lo piden, quieren que sigas con la lectura. Y están quienes no lo hacen con palabras pero lo leés en los cuerpos en las miradas".

Leer por leer tiene la consigna de generar una comunidad lectora. La estrategia, poner a disposición buenos autores. "Siempre la literatura genera preguntas, insatisfacciones, incomodidades, aperturas, asociaciones, comentarios...", aprecia la maestra sobre el valor que conlleva este ejercicio.

La 1.209 cuenta con una rica y variada biblioteca, formada mayormente con el Plan Nacional de Lectura que funcionó hasta diciembre de 2015. "También tengo una muy buena biblioteca personal que aporto a las clases", agrega la docente. Uno de esos autores preferidos es Gustavo Roldán. Tiene su explicación: llegaron al escritor de la literatura infantil nacido en Chaco por el nombre que recibe la escuela, por las familias que poblaron Cabín 9 provenientes de esa provincia. Y desde ya porque buena parte de las historias que cuentan tienen como escenario el Chaco más profundo. "Hasta sintieron de manera cercana la muerte de Roldán, ocurrida en 2012", comenta la docente.

Otra autora es la cordobesa Graciela Bialet, quien en cierta ocasión los visitó en la escuela y desde "entonces la tienen como una tía". La selección de libros siempre empieza por autores argentinos, "para generar pertenencia", y sigue con la necesaria variedad universal literaria. "Todo enriquece", apunta Alejandra y regala una recomendación: "Una maestra que quiera formar niños lectores o espacios de lectura debe ser una apasionada de la lectura y tener un recorrido lector propio".

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Leer en voz alta

Marcela Bazán inició el año leyéndoles a sus alumnas y alumnos de los 6º y 7º grados un cuento del libro Amigos por el viento, de Liliana Bodoc. Los libros los aporta la escuela que no tiene biblioteca pero sí libros a disposición o los que ella lleva de su casa. Siempre están disponibles, sobre su escritorio o repartidos por la clase. Simplemente leen, después hay un tiempo para compartir lo leído. "¿Me lo puedo llevar?" es la pregunta que aparece en muchos de sus alumnos al final del día. "Ni anoto qué y quién se lleva los libros, son muy responsables en devolverlos", reconoce Marcela.

Entre otras iniciativas que desarrollan en la escuela está la de leer en el nivel inicial. Una propuesta que hicieron otros años y que este fueron los propios alumnos los que invitaron a retomar. Leer en voz alta es algo cotidiano. "Y todos quieren leer en mis clases", dice la maestra sobre un hábito y una práctica que trae muy buenos beneficios a todos los aprendizajes. ¿Qué leen? La selección de autores y autoras las hace de acuerdo a la edad, intereses y preferencias de sus alumnos. Así circulan en el aula de esta maestra de la escuela de Matienzo al 2900: El club de los perfectos, de Graciela Montes; Sangre India, de Ricardo Mariño o El príncipe feliz de Oscar Wilde, lo último que leyeron en el grado.

Verónica Cattena es maestra de 5º grado de la Escuela Integral de Fisherton, donde desarrollan un proyecto de Leer por placer. La experiencia se despliega en varias etapas y actividades que incluyen desde ferias de libros, certámenes literarios, visitas en grupos a la biblioteca, leer novedades para toda la escuela en el ingreso de cada jornada y hasta la visita de alguna escritora o escritor a la escuela. El próximo 18 de junio estará de visita María Teresa Andruetto, la autora cordobesa considerada premio Nobel de la literatura infantil.

"Empezamos con los clásicos porque nos dimos cuenta que hablábamos de Caperucita o de Blancanieves pero no conocían esas historias"

Todo eso tiene un desarrollo propio en el aula de Verónica. Cuenta el trabajo con la lectura se da en una especie de ida y vuelta, donde intercambian lecturas en voz alta entre maestra y alumnas y alumnos. "Lo hacemos 15 minutos por día antes de la clase. Van leyendo de a uno. Es importantísimo. La idea es que se escuchen", explica. En esas lecturas aparecen con fuerza los cuentos de Norma Huidobro (como El misterio del mayordomo) — "A los chicos les encanta esta autora!", afirma la maestra— y una antología de Cuentos folclóricos argentinos de Cecilia Romana.

Ofrecer modelos lectores es otra de las claves que sugiere: "Contagia ver a la maestra leer, ver en la casa leer". Otra, no hacer actividades posteriores (como buscar sustantivos o formar oraciones). Solo y si quieren — "La mayoría quiere!"— ilustrar y hacer un comentario de lo leído. Un comentario que es muy personal, igual que hace cualquier lector corriente sobre un libro.

Verónica evalúa la estrategia que aplica como exitosa. Se lo confirman las dan las propias familias cuando les cuentan que sus hijos les piden que les compren libros de regalo o para llevarse en vacaciones. Entre otros libros que aparecen en la charla con Verónica están El fantasma de Francisca, de Mario Méndez; Raros peinados, de Roald Dahl; Quien le tiene miedo a Demetrio Latov, de Angeles Durini y El hombre de la camisa feliz de María Teresa Andruetto.

Nandí del Sol es maestra de 2º grado en la Escuela Nº 632 José María Puig. Está feliz porque este año titularizó en su cargo, sigue desde hace seis años en la misma escuela y continúa con el mismo grupo de chicos con los que arrancó el año pasado. "La mayoría no está todavía alfabetizada", anticipa antes de explicar cómo encara la práctica lectora. La realidad social y económica de la población con la que trabaja la obligan a reinventar lo más conocido: "Nos dimos cuenta que hablábamos de Caperucita, o Blancanieves... pero nunca habían oído hablar de estas historias, falta ese relato propio que se da en la casa. Por eso decidimos arrancar con la lectura de cuentos clásicos".

Como a todas las chicas y chicos les gustan que les lean con placer se animó y avanzó con un cuento más largo. Probaron con Medias dulces, de Ivar Da Coll: "La verdad es que no le teníamos fe porque pensábamos que les iba a costar prestar atención pero fue exitoso. Ahora estamos empezando otro". En el segundo grado de Nandí hay unos pocos chicos que se largan solos con la lectura en voz alta. Ella los invita a que lo hagan para el grupo y así contagien al resto. Dice que su escuela tiene una pequeña biblioteca con buenos libros. Un ambiente agradable que a los chicos les gusta visitar. Tiene textos que llegaron por el FAE, de algún que otro concurso y una compra que hizo la escuela de Los Guardianes de Rosario, de Silvina Pessino. Asegura que la lectura y el acceso a libros es sustancial en la realidad en la que enseña: "Es el único lugar donde los chicos se pueden acercar a la lectura, si no es en la escuela no tienen otra posibilidad".

Lectura integrada

Josefina Baster enseña ciencias sociales en los 5º, 6º y 7º en la Escuela Vivir y Convivir (Magallanes al 1000). Años anteriores tuvo a su cargo también el área de lengua. "Siempre trabajé con los más grandes", aclara para contar que la tarea con la lectura entonces es diferente. Desde su experiencia pedagógica, afirma que las novelas, cuentos y relatos históricos funcionan muy bien para que lengua y sociales se aborden en forma integrada. "Un ejemplo es Sangre india de Ricardo Mariño, donde además el protagonista es un nene de la edad de mis alumnos", suma a la idea.

Su escuela cuenta con una pequeña biblioteca, buena parte nutrida por el Plan anterior. Con muchos de esos libros Josefina formó una minibiblioteca en su salón; libros que los chicos suelen llevarse a sus casas. Una de las propuestas es que a partir de lo leído preparen una presentación sobre la obra. En su mirada, hoy las chicas y los chicos están más exigidos a realizar todo el tiempo actividades, a tener como muchos adultos, una agenda completa en el día. Contrariamente —analiza la maestra— "no se generan espacios «para tirarse a leer porque sí»".

Los libros de textos o manuales "son todo un tema" para Josefina. La lectura de estos materiales la limita en sus clases a la búsqueda de información puntual. Luego trata de completar el desarrollo de las problemáticas sociales con literatura. "Soriano (Osvaldo) aporta mucho, por ejemplo. También las revistas publicadas por Amsafé, donde encontramos historias de vida que no están en los manuales".

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>>> Redes de tinta

El Ministerio de Educación de Santa Fe cuenta con la colección Redes de tinta, integrada por once títulos clásicos de la literatura universal y latinoamericana, entre ellos Un cuarto propio, de Virginia Woolf; Aguafuertes y cuentos, de Roberto Arlt; El avaro, de Molière y Frankenstein, de Mary Shelley. Están pensados para las Tertulias Literarias, el programa provincial que además de entregar un libro para cada estudiante instituye un espacio y tiempo para la lectura en el aula. Editó 300 mil ejemplares de estos libros, destinados a estudiantes de todos los niveles educativos.ç

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>>> La meta de formar lectores autónomos

Jaquelina Milán es bibliotecaria en la Escuela Nº 799 Anastasio Escudero. La única para toda una población de 900 alumnos y alumnas de primaria, por eso se reparte su trabajo en los dos turnos escolares y organiza las actividades de la biblioteca para que —con mayor o menor frecuencia— todos pasen por esta sala.

"Queremos formarlos no solo como lectores sino como usuarios de la biblioteca", dice Jaquelina y describe cómo trabaja para ese objetivo: visitas para conocer cómo funciona, cómo se ordenan los libros y comprender que es un espacio diferente al aula. También se los invita a asociarse. Esto no implica pagar una cuota pero sí mantener un compromiso con los libros que llevan y traen para leer. "La mitad de la escuela está asociada", apunta.

Entre los textos más pedidos, Niña Bonita de Ana María Machado y Pototo, tres veces monstruo de César Badin Ron lideran esa lista, junto a las historias de suspenso y de terror. "Los sacan y se los van recomendando entre ellos, por suerte tenemos varios ejemplares", dice Jaquelina. Como bibliotecaria el desafío está en sugerir de acuerdo a las edades y respetando los recorridos lectores de cada chica y chico. "La intención es ayudarlos a pasar de lo que leen siempre a otros autores y géneros", confía.

La biblioteca de la 799 tiene muchos años y por tanto muchísimos libros que conserva de diferentes épocas, entre ellos —valora Jaquelina— un ejemplar de una obra Juan José Saer editado por la Biblioteca Vigil. También colecciones aportadas por el ex Plan Nacional de Lectura. Una propuesta de la biblioteca es La hora del cuento, que en palabras de Jaquelina funciona muy bien, porque se lee y se habla de la lectura compartida "pero sin caer luego en la cuestión utilitarista o pedagogizante". "La idea es formar lectores autónomos, para que puedan elegir, recorrer la biblioteca y llevarse lo que quieran", expresa.

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