Educación

"En la universidad la idea del ascenso social aún está presente"

El psicólogo Sergio Enrique habla de los miedos más comunes a la hora de anotarse a una carrera del nivel superior.

Sábado 15 de Febrero de 2020

Aún no comenzaron las clases, pero ya las facultades se muestran pobladas de estudiantes realizando cursillos, buscando apuntes para algún examen o realizando trámites administrativos. Incluso aún varias carreras tienen su inscripción abierta. En el caso de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), y según el último Boletín Estadístico, cerca de 17 mil estudiantes ingresan cada año a cursar en sus distintas facultades, donde Medicina y Ciencias Económicas siguen siendo las más elegidas. “La universidad es una institución que alberga sueños y la idea del ascenso social todavía está presente”, señala el psicólogo y docente Sergio Enrique, quien desde hace 20 años trabaja en espacios de orientación vocacional con universitarios. En diálogo con La Capital, el especialista —coordinador del sistema institucional de tutorías de la Secretaría Estudiantil de la Facultad de Bioquímicas de la UNR y orientador vocacional en la Escuela Integral de Fisherton— habla de los miedos más recurrentes a la hora de elegir una carrera, cómo influye el mercado de trabajo en esta decisión, el acompañamiento de los padres en esta etapa de sus hijos y brinda algunos consejos para quienes aún están en la búsqueda.

—¿Observa cambios en las decisiones de las camadas de jóvenes que ingresan a la universidad?

—A nivel general no veo grandes cambios. Sí en cuanto al mundo del trabajo, las ofertas educativas se han ampliado muchísimo y empiezan a aparecer jóvenes que buscan otro tipo de carreras no tradicionales. O incluso dentro del ámbito de la orientación vocacional también se ha modificado esta naturalización de estudiar una carrera después del colegio, para empezar a pensar también en otros proyectos. Ahí hay un cambio de mirada en cuanto a la orientación vocacional. Hoy el movimiento internacional habla de lo que es el diseño de vida, en donde incluye otros aspectos aparte de buscar una carrera. En ese sentido sí hay cambios. Ahora, a nivel individual, los jóvenes cada vez que se enfrentan a la finalización del colegio secundario, con la aparición de la pregunta sobre qué vas a hacer en la vida o después del secundario se repiten algunas constantes que uno las percibe año a año de la misma manera. Si bien uno lo tiene que pensar individualmente, porque cada joven tiene su experiencia y cada experiencia marca de una manera diferente.

—¿La universidad sigue siendo un aspiracional importante de futuro para los que terminan el secundario?

—Sí, creo que en la Argentina sobre todo la aspiración a la universidad sigue siendo una referencia muy importante. Es una institución que alberga sueños, donde la idea del ascenso social todavía está presente. Si bien no veo la misma preocupación ante la posibilidad de equivocarse. Es decir, ya no es que me anoto en una carrera y si elijo mal eso me marca para todo el trayecto, sino que hay como una mirada mas suavizada en relación a eso. La posibilidad de equivocarse está pensada de otra manera, entonces los jóvenes pueden arriesgar un poco más.

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—¿El mandato familiar sigue teniendo peso a la hora de la elección de una carrera?

—El mandato familiar sigue estando presente. No sé si de la misma manera, porque cada época marca de una forma diferente. Sí veo una preocupación mayor por parte de los padres. Observo que cada vez hay más padres que consultan por sus hijos, cuando antes el buscar información sobre una carrera era una actividad solo de los jóvenes. Hoy hay cada vez más padres preocupados por qué va a hacer su hijo o que quieren acompañar el proceso. Los padres más jóvenes sobre todo están como muy involucrados en relación a ese proceso, a diferencia de generaciones anteriores, donde los padres al no tener cierta cultura institucional de la universidad entendían que eso era algo donde no podían acompañar.

—¿Y esto cómo lo evalúa?

—Podríamos verlo de dos maneras, una negativa y otra positiva. La negativa podríamos decir que se da cuando los padres vuelcan demasiada ansiedad sobre sus hijos para que sigan estudiando. Y la positiva es que hay un involucramiento mayor de parte de los padres, con una comprensión de la problemática. Cuando a los jóvenes les pregunto sobre qué le dicen los papás en relación a una carrera ellos les dicen “elegí lo que te guste hacer”. Bueno, antes estaba ese mandato familiar de “elegí medicina, abogacía o contador”, por nombrar las tradicionales. Hoy hay una apertura de los papás también a escuchar esas otras ofertas que existen, carreras que empiezan a aparecer con la innovación y los cambios en el mundo del trabajo. Cuando charlo con los jóvenes les digo que hace 15 o 20 años atrás kinesiología era una carrera nueva y hoy está instalada, con muchos profesionales en ejercicio y que se ha hecho un lugar en el mundo de la salud. Y así muchas otras que empiezan a aparecer del ámbito de las tecnologías, con los cambios disruptivos que han hecho las nuevas tecnologías en relación a los procesos laborales. Eso hace que otro tipo de ansiedades e inquietudes por parte de los padres.

—¿Cuáles son los miedos más comunes que se ven?

—Un miedo que ha crecido en los últimos años es el de no estar a la altura con el nivel de conocimiento. Es decir, jóvenes que sienten que la educación secundaria en algunos casos les resulta insuficiente, sobre todo en lo que es la cuestión de los hábitos de estudio. El pasar de estudiar unas horas antes de un examen a tener que estudiar constantemente. En eso sí hay una preocupación. También hay preocupación por el futuro laboral, en el sentido de si la carrera elegida a futuro va a tener salida laboral o no.

"Las ofertas educativas se han ampliado muchísimo y empiezan a aparecer jóvenes que buscan otro tipo de carreras no tradicionales" "Las ofertas educativas se han ampliado muchísimo y empiezan a aparecer jóvenes que buscan otro tipo de carreras no tradicionales"

—¿Qué le dirías a quien ya se anotó a una carrera?

—Siempre tratamos de pensar, desde el equipo de tutores, que si bien ya hicieron una primera elección están en un proceso de construcción o de definición de esa elección. Y lo que están terminando es de darle forma a eso que están pensando para los próximos años. Pensemos que hoy hemos cambiado nuestra forma de mirar, ya no podemos pensar a largo plazo sino más en un mediano o corto plazo. Eso lo vamos modificando constantemente. Entonces, están en un proceso de definición, transitando por una experiencia que es la de volverse jóvenes adultos y a su vez insertase en el mundo social con mas autonomía, con otras obligaciones y más derechos. En toda esa vorágine también están los procesos de consolidación de qué estudiar. Entonces, por lo general todo este tramo lo vamos viendo de esa manera, de construir el oficio de ser estudiante universitario, que es otra instancia donde ponemos en juego desde lo que aprendimos desde el jardín de infantes hasta ahora, y donde tenemos que tomar otras decisiones de construcción de proyectos personales.

—La pregunta es también porque una vez elegida la carrera, está el temor a la frustración si no es lo que esperaban.

—Sí, algunos jóvenes lo viven como un fracaso o frustración y les pesa. Y otros lo toman de una manera diferente. Lo cual no implica que no haya preocupación. A veces está solapada la preocupación por desinterés, desilusión o desgano, pero detrás de todo eso siempre hay angustia. Lo que sucede frente a eso es que si hay dispositivos dentro de las instituciones van acompañando ese proceso para ver qué es lo que sucede con la carrera elegida y tratar de dar algún tipo de respuesta. Sin pensarlo con palabras como desertores que son tremendas. Hablar de deserción universitaria o escolar son como términos muy peyorativos. Por eso, la idea es pensarlos como momentos y que pueden volver a buscar y elegir. A lo mejor rever cómo fue ese proceso de elección, porque todavía pesan muchísimo las representaciones sociales. A veces hay nombres rimbombantes que pareciera que nos abren las puertas del trabajo y sin embargo a veces cuando uno empieza a ahondar no queda muy claro de qué se trata.

—¿Y para quien aún no se decidió?

—Que no se pongan ansiosos. Pero como digo siempre: “Sin prisa pero sin pausa”. No es que terminado el colegio secundario hay que ingresar a la universidad, porque sabemos que hoy la universidad, y sobre todo en la Argentina, recibe estudiantes de diversas edades. Pero sí que pueda ponerse a elaborar esa elección sobre todo en aquellas carreras en las que aún es posible inscribirse, poder profundizar la información y el plan de estudio. No dejarse llevar por esas elecciones de elijo tal carrera porque ya sé de qué se trata y no me informo mucho más, sino acercarse a las instituciones, porque muchas veces solamente se acercan el día de la inscripción y no previamente para conocerla mejor, para conocer a los estudiantes y profesores. Hay mucha gente que los recibe con mucha gana en este período y esta dispuesta a ayudarlos a explorar y a conocer mejor las carreras.

—¿Qué significa pensar en un camino vocacional durante toda la vida?

—La construcción de lo vocacional tiene que ver con que vamos adquiriendo diversas experiencias en nuestra vida y eso va modificando o consolidando ciertos intereses, gustos y espacios de conocimiento que nos atraen. Que constantemente se pueden ir remodificando o consolidando. El para toda la vida también tiene que ver con esta modificación del mundo laboral, donde antes entrabas a un trabajo y permanecías ahí hasta que te jubilabas. Hoy ha cambiado muchísimo esa oferta de trabajo y vivenciamos en diversas profesiones eso de estar en un trabajo en un período y cuando se termina tener que volver a pensar otras propuestas. O a lo mejor dentro del mismo marco pero en otro ámbito institucional. Eso hace que nosotros vayamos redefiniendo constantemente nuestras inquietudes. Y a su vez también todo lo que tiene que ver con los distintos momentos de la vida. No es lo mismo elegir a los 17 años que a los 30. Así otros atravesamientos. Son muchas las circunstancias que pueden ir modificando lo vocacional. Porque lo vocacional es el entrecruzamiento entre lo social, lo económico y lo subjetivo. Y en el nivel subjetivo está puesto el deseo, como ese motor que moviliza las cuestiones vocacionales.

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>> Cambios en el mundo del trabajo

—Con respecto al mercado laboral, hay quienes dicen que hoy se forma para trabajos que aún no existen.

—Sí, esa es una problemática sobre todo bastante acuciante que preocupa a los orientadores a nivel mundial. Esta idea de formar jóvenes para un mundo que todavía no está. Pero hay que relativizarlo un poco, porque a veces se pone demasiado énfasis en el futuro como si fuera todo posible, aunque sí hay una preocupación de formar de una manera más abierta a los cambios, a las incertidumbres, a las transiciones. Eso en el colectivo de profesionales de orientación vocacional está como inquietud. Sobre todo poder pensar en herramientas y propuestas para mejorar el acompañamiento de los proyectos y que los jóvenes puedan abrirse a otros campos. Hace 20 años atrás el migrar al exterior era una variable rara y hoy podríamos decir que muchos jóvenes se piensan con la posibilidad de migrar a futuro. El ejemplo de la robotización o la automatización de ciertos procesos hace que pensemos que ciertos segmentos laborales vayan a cambiar en los próximos 15 o 20 años. Eso hace que haya nuevas y mejores capacitaciones frente a un conocimiento en algunos casos que va a ser obsolecente. Creo que eso a los jóvenes también les preocupa y hace que tengan también otras miradas en relación a las carreras tradicionales. Poder abrirse a pensar otras opciones y proyectos posibles. En esto estamos en el colectivo de orientadores, hablar justamente de la vocación como algo que se construye todo el tiempo y en el contexto. Antes se pensaba como si fuera algo que estaba dado, que venía con nuestra genética, y hoy hablamos fuertemente de que es algo que se construye socialmente. Me gusta utilizar mucho una expresión de (Roland) Barthes cuando habla de lo que “punza y arrastra”, como aquello que es capaz de movilizarnos con intensidad y nos interpela. Me parece que la vocación tiene que ver con eso. Nosotros como orientadores tratamos de acompañar a eso que punza e inquieta.

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