educación

El uso inclusivo del lenguaje, inclusive en la escuela

Con @, con x, con a o con e. Qué visibiliza u oculta nuestra lengua. Cómo y quiénes determinan su uso. Sus modificaciones, ¿permiten ampliar derechos y revisar privilegios?

Sábado 10 de Julio de 2021

“¿Cómo no tener relación con la letra? ¿Cómo no tener el oído a flor de piel? ¿Cómo no haber comprendido que un cuerpo es siempre sustancia de inscripción? Que la carne escribe y es dada a leer; y a escribir”. Hélène Cixous.

En los últimos años, se vienen produciendo importantes cambios culturales impulsados por los movimientos feministas y colectivos de las disidencias que están poniendo en tensión qué y cómo nombramos.

Las palabras expresan lo que hacemos, pensamos, sentimos y deseamos. A través del lenguaje comunicamos ideas, conocimientos, valores y creencias e incluso prejuicios y discriminaciones. En este sentido, no es sólo un medio de comunicación, también es un producto socio-histórico. Por ello, es posible señalar que el lenguaje no es neutral y se encuentra atravesado por múltiples relaciones de poder que muchas veces están invisibilizadas.

El sexismo opera la mayoría de las veces de manera compleja y reproduciendo también otros tipos de desigualdades como las de clase, etnia, edad, inscripción o geográfica. El uso de la lengua puede ser androcéntrico, sexista, clasista y/o racista. Es decir que no sólo oculta, silencia y desprecia a las mujeres, sino a todas las personas que no responden al ideal de varón adulto (niñas, niños, adolescentes, jóvenes, ancianas, ancianos, integrantes de la comunidad LGBTTTIQ+).

Como cualquier otro proceso de transformación cultural, existen tensiones y desacuerdos entre distintos sectores. Aun así, promover el uso del lenguaje inclusivo implica advertir que la invisibilización de las mujeres y las disidencias sexuales en el discurso es un poderoso modo de opresión y reproducción de las injusticias sociales (Ministerio de las mujeres, géneros y diversidad, 2020).

Apostar al uso inclusivo del lenguaje no es un simple cambio de letras. Es, ante todo, una apuesta por la multiplicidad y la igualdad.

En sí mismo, nuestro lenguaje no discrimina, pero sí el uso que hacemos de él. ¿Desde qué interseccionalidades, privilegios y poder acumulados, emitimos enunciados para nombrar el mundo?

Utilizar el lenguaje de manera inclusiva forma parte de las luchas políticas que se vienen impulsando para generar cambios sociales. No hay una intencionalidad de desconfiguración lingüística, sino retórica/discursiva.

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Nombrar en las escuelas

Desde el sistema educativo tenemos el desafío de avanzar en transformaciones culturales que contemplen la promoción de un lenguaje que no oculte, no subordine, ni excluya a ninguno de los géneros y se haga eco de la diversidad de personas que componen el tejido social (Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad, 2021).

El trabajo de visibilización y reflexión desde los ejes de la educación sexual integral (ESI), permite hacer conscientes y desnaturalizar las acciones diferenciales realizadas en función del sexo, la identidad de género o la orientación sexual para promover y garantizar la igualdad de oportunidades y trato.

Las escuelas son lugares para resignificar vínculos y escenarios donde se contextualicen los procesos sociales, políticos y culturales que atraviesan a la sociedad. En este sentido, el lenguaje como práctica humana requiere ser interpelado para ampliar derechos. Ni obligación, ni prohibición en su uso, sino una construcción democrática, acordada, ante las diferentes miradas.

Apelamos a la posibilidad de ser flexibles, evitar señalamientos cuando no se utiliza el lenguaje de manera inclusiva. En muchos casos se trata de omisiones involuntarias, que provienen de sistemas conceptuales, lingüísticos aprendidos y arraigados socialmente. De igual manera, se espera el mismo trato para quienes transitan procesos hacia un uso inclusivo del lenguaje. La escuela no está exenta de reproducir desigualdades, especialmente en relación con aquellos aspectos del aprendizaje escolar que no son explícitos y se efectivizan en lo que conocemos como currículum oculto y nulo.

La docencia puede revisitar sus prácticas cotidianas y convertirlas en palabras que realmente abracen, que abarquen horizontalmente, con respeto y equidad. En esa tarea nos seguimos encontrando.

En esta tarea, nos seguimos encontrando.

* En el siguiente documento, el Equipo ESI profundiza este debate y abre nuevas preguntas para seguir pensando: Aportes para un uso inclusivo del lenguaje, Equipo ESI (2021).

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