Educación

"El educador es quien debe recordar lo que la sociedad quiere olvidar"

El ex ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, opina sobre el decreto presidencial que asigna a las FFAA papel en la seguridad interna. También sobre el aniversario de la muerte de Santiago Maldonado.

Sábado 28 de Julio de 2018

La educación y la escuela tienen un valor mayor en la transmisión de la memoria. A esta idea se aferra el ex ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, cuando reflexiona sobre la reciente decisión presidencial de asignar a las Fuerzas Armadas poder para intervenir en la seguridad interna del país y ante la proximidad del primer aniversario de la desaparición de Santiago Maldonado, el joven que tras ser perseguido por Gendarmería durante una protesta apareció muerto. Sileoni hace valer lo que dice la ley de educación nacional respecto de la obligación de no pasar por alto estos debates en las aulas y apela al compromiso ético de las educadoras y educadores de asumirlos: "El educador es alguien que debe recordar lo que la sociedad quiere olvidar".

"La ley de educación nacional, que no es una ley temática, sí hace una excepción respecto de nuestra ubicación en América latina, respecto de la causa de Malvinas y de la reflexión sobre el pasado próximo de la Argentina, de la dictadura. En este marco, este gobierno quiere regresar a un pasado que intenta restaurar discusiones que estaban superadas: el ‘dos por uno', el concepto de ‘guerra total' y la amnesia sobre ‘el número de desaparecidos'", expone el ex ministro y profesor de la Universidad Nacional de Hurlingham.

Para hacer notar ese papel claro que tiene la educación respecto de la historia, cita la investigación realizada a mitad de 2015 por el Ministerio de Educación, entonces a su cargo, y la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) "Las representaciones de los jóvenes sobre el pasado reciente", y de la que participaron 2.500 estudiantes. "En esa investigación —apunta Sileoni— claramente quedó expuesto que la escuela y la educación tienen un valor decisivo en la transmisión de la memoria. Y nos ofrecía datos muy importantes".

—¿Por ejemplo, qué datos?

El 70 por ciento de los estudiantes hablaba con más frecuencia de la dictadura en la escuela. Más o menos la misma cantidad escuchó hablar por primera vez de la dictadura también en la escuela. Y le daban un gran valor a la palabra transmisora del docente. El 80 por ciento adjudicaba la responsabilidad a las FFAA, el 87 por ciento hablaba y escuchó hablar en la escuela concretamente del concepto de "desaparecido". Y en esa responsabilidad que la gran mayoría le adjudicaba a las FFAA, un 20 por ciento sostenía o pensaba en algún sentido "la teoría de los dos demonios" y solo un 6,3 consideraba que en la Argentina había habido "una guerra". La tarea de la escuela era efectiva en términos de la transmisión de lo que para muchos es un pacto civilizatorio de la sociedad argentina posdictatorial, que es entender que aquí no hubo una guerra, que hubo una dictadura. Ahora, esta alianza de derecha que nos gobierna, entre otras cosas, nos engaña y nos lleva de las narices sobre falsos objetivos como los de "unir a los argentinos" o el de "pobreza cero", cuando en realidad los objetivos son endeudamiento y baja de salarios. Además de la reposición del concepto de "memoria completa", como ellos dicen.

—Un debate que se reavivó y quedó muy expuesto en las aulas, hace un año, cuando ocurrió lo de Santiago Maldonado.

En aquella oportunidad, hubo bastante cantidad de educadores que comenzaban sus clases escribiendo esa gran interrogación en el pizarrón: "¿Dónde está Santiago Maldonado?". Algo que suscitó una cantidad de apoyo importante pero también una cantidad de situaciones nuevas en la escuela, que hacía rato que no se vivían: papás que manifestaban desagrado porque esas cosas entraran al aula, y el propio ministro de Educación, que es el mismo que está ahora (Alejandro Finocchiaro), que decía que le parecía "una canallada meter a Santiago Maldonado en las aulas". Es el mismo gobierno que, a través de una serie bastante importante de convenios, deja entrar ONGs en las escuelas de distintas provincias, sosteniendo diversos programas detrás de los cuales están Dreyfus, HSBC, Coca Cola o JP Morgan, y empresas de agrotóxicos. O sea, dejar que las escuelas sean campo de entidades lavadoras o que destruyen el medio ambiente no es una canallada y lo es cuando un docente reflexiona sobre la vida de un ciudadano que en su momento no aparecía. Evidentemente es una discusión de valores. Y si alguno estaba desavisado de esto, el decreto 683 de estas últimas horas que le asigna un rol de apoyo logístico a las FFAA vuelve a llamar la atención. Un rol que la sociedad argentina había rechazado y fracasó en una gran cantidad de países, como en Colombia y México. Una vez más el campo popular debe volver a discutir el valor de una escuela que transmita esos valores de la vida humana, del respeto y de la memoria.

"La ley de educación nacional es clara. Por eso hablar de estos temas en el aula no es transgredir la norma, quizás transgredirla sea callarlos”

—¿Cómo debe asumir la escuela esa tarea y en este momento?

Hay un campo de lo opinable que cada vez pareciera ser más extenso, cualquiera dice cualquier cosa y pareciera que todas esas opiniones valen lo mismo. Por eso el valor de la ley. La ley de educación nacional (26.206) habla de dictadura. Entonces hablar de estos temas dentro del aula no es transgredir la norma, quizás transgredirla sea callarlos. Porque lo que dice la ley claramente es que hay que hacer una reflexión sobre el pasado. Recogemos experiencias nacionales e internacionales en donde se evidencia que la educación tiene la responsabilidad de transmitir el pasado, para que algunas cuestiones no vuelvan a ocurrir, además de transmitir el valor de la vida, de la justicia y los valores con los que buena parte de la sociedad coincide. Es desde ahí donde hay que pararse, sino cualquiera puede decir "a mí me parece". No son opiniones de bar. Esto es la ley y está para cumplirla. Está bien que este gobierno nos está acostumbrando a violentar la ley con un decreto o desconocerla, o que un ministro salga a prepotear y decir que "meter a Santiago Maldonado es una canallada". La verdad que no, es un deber de un educador, es interrogarse, traer una reflexión a clase. Eso es un valor. Y en estos treinta meses de este gobierno esos valores se están perdiendo, porque todo lo que es Educación y memoria está deteriorado, está desfinanciado.

—¿Hay un plan para que la historia no tenga lugar en las escuelas?

Claro que sí. No lo pueden hacer porque esto la Argentina lo rechaza, pero si pueden lo hacen. Recordemos que este año el presidente no fue a Rosario para el 20 de Junio, que el año pasado fue y habló seis minutos para decir que "Belgrano es una muestra que sí, se puede". Es una vergüenza. O lo que hacen con los billetes. El neoliberalismo diluye el pasado. Hay una frase de Rodolfo Walsh que dice que se diluye el pasado para hacerte creer que toda lucha es una lucha que comienza y no tiene parentesco con otras anteriores. Es lo que quieren hacer.

—La ley de educación nacional también pone sobre relieve el valor del sistema democrático...

El espíritu de la ley recoge bien la reflexión de una sociedad posdictatorial como la nuestra, que le da valor a la democracia como único escenario posible de vida de los argentinos. La escuela debe reforzar eso. Una escuela que duerma una generación provoca un daño enorme respecto de la recuperación de esos valores. Ha pasado en el mundo, ha pasado en Alemania por ejemplo, con estudiantes que recuerdan al gobierno nazi como un gobierno que alentaba mucho la obra pública. He leído trabajos de investigación que miraban eso con preocupación y que cada tanto debían admitir el valor de la educación. No digo que la escuela sea mejor que las familias pero el educador es alguien que debe recordar lo que la sociedad quiere olvidar. Es como la del historiador, ahí debe estar para recordar que somos herederos de otras luchas.

—¿Es posible llegar al aula y hacer como si nada ante hechos como el de Santiago Maldonado o la decisión sobre las FFAA? ¿Qué pasa con la ética docente?

La literatura pedagógica habla de Paulo Freire, pero hace doscientos años que en nuestra región hay pedagogos que dicen que la escuela debe abrirse a todo, que el docente tiene una obligación ética de incluir, de reflexionar y transmitir el pasado. Hay una responsabilidad ética, que no es decir a quién tenés que votar, sino una responsabilidad buscadora de la verdad. El docente debe tener simpatía con el mundo que viene, pero no hay sociedad que pueda construirse si no hace una reflexión profunda de su pasado, si no lo entiende, si no lo pondera y no juzga a quien debe juzgar. Transmitir la memoria no es un valor añadido a la tarea de educar, forma parte del contrato ético del educador. Hay que hacerlo porque forma parte de la esencia educativa. A ellos les molesta que todavía haya una conciencia tan decidida de la sociedad argentina sobre estos temas: quisieron poner el "dos por uno" y no se aceptó; quisieron mover el 24 de Marzo y no tampoco se aceptó... En esto, la derecha se está encontrando con una sociedad distinta a otra.


>>> Una pedagogía que haga memoria

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La investigación que cita el profesor Alberto Sileoni (Las representaciones de los jóvenes sobre el pasado reciente) fue realizada entre mayo y julio de 2015, a través del Programa Educación y Memoria del Ministerio de Educación de la Nación y la Facultad de Ciencias Sociales (UBA). Fue cuantitativa y alcanzó a todo el país, ya que se entrevistaron 2500 estudiantes del último año de escuelas secundarias públicas de 37 localidades. El estudio completo puede leerse en internet (www.bnm.me.gov.ar).

Sileoni aporta el trabajo reflexivo que las educadoras Celeste Adamoli y Cecilia Flachsland hacen sobre los resultados de esta investigación: "Los datos recogidos invitan a reflexionar sobre cómo se articulan escuela, memoria y conocimiento; muestran cuánto se avanzó en políticas educativas de memoria, y señalan todo lo que falta en esta tarea que va mucho más allá de la implementación de un programa o una política, ya que confluye un sinfín de esfuerzos colectivos: organismos de derechos humanos, docentes, sindicatos, centros de estudiantes, organizaciones de la sociedad civil. Una tarea que puso en movimiento una imaginación social que cuando coincidió con las políticas educativas estatales tuvo la enorme fuerza de transformar representaciones y formas de enseñanza".

Entre los temas consultados, estaban la última dictadura, la experiencia democrática iniciada en 1983, el tema Malvinas, el Holocausto y los genocidios del siglo XX. "El estudio permite sacar una serie de conclusiones sobre los resultados de las políticas educativas de memoria implementadas en la última década, y construir algunas preguntas en torno a la pedagogía de la memoria para pensar qué pasa cuando la memoria va a la escuela", agregan.

Alberto Sileoni fue ministro de Educación de la Nación entre 2009 y 2015, antes acompañó como viceministro de la cartera educativa a Daniel Filmus (entre 2003 y 2006) y de Juan Carlos Tedesco (entre 2007 y 2009).

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