Educación

"Cuando se le pone un rótulo a un chico se lo estigmatiza"

El psicoanalista Marcelo Rocha cuestiona la patologización de las infancias y el avance de la neuroeducación.

Sábado 29 de Junio de 2019

Por la mañana, el pequeño Bauti se ata los cordones para ir a la escuela. Está medio dormido aún y necesita tener esos nudos bien firmes para no tropezarse en el camino al aula. La escena real es uno de los disparadores que Marcelo Rocha utiliza para reflexionar en Infancias en la escuela (Homo Sapiens Ediciones), un libro donde indaga sobre discapacidad, detenciones y tropiezos en la experiencia de la infancia.

Psicólogo, psicoanalista y docente universitario, Rocha revela en el libro que esa escena matinal le recordó los aportes de Jacques Lacan, para quien la realidad humana está organizada por lo real, lo simbólico y lo imaginario. Lo real de la vida, lo simbólico del lenguaje y lo imaginario de la imagen de un cuerpo a conquistar. Tres nudos que, entiende Rocha, todo chico debe tener bien atado antes de ingresar a la escuela. En caso contrario, aparece un cuarto que lo anuda la escuela. Cuestiona las miradas sobre las infancias de las neurociencias y advierte: "Cuando en la escuela o en un contexto terapéutico se le impone un rótulo a un niño se lo estigmatiza".

—¿Cómo se gestó el libro?

—El libro se fue gestando porque desde hace más de un año que soy convocado por docentes, escuelas y congresos de educación, más que nada como psicoanalista que trabaja con niños. Y creo que el psicoanálisis tiene muchísimo para aportar a la escuela y a los docentes, pero hay que hacerlo de una forma amable. Entonces empecé a trabajar cómo las infancias se defienden ante las situaciones traumáticas, ante una condición discapacitante y las ideas o fantasías propias que ellos tienen. También las diferentes vicisitudes que acontecen a su vida ¿Por qué digo defienden? Porque los niños cuando manifiestan alguna conducta o un síntoma en realidad se están defendiendo de algo y lo están expresando así. Me interesa mucho contar esto de una forma simple y sencilla por los tiempos que vivimos, que tienen que ver con una cuestión muy cerebrocentrista que aparece, con determinadas miradas hacia las infancias, cuestiones vinculadas a la neuroeducación, la patologización y rotulación de las infancias. Entonces, en contraposición a eso, propongo mi libro.

—Vivimos en una época de auge de las neurociencias y del etiquetamiento de los chicos.

—Sí, y es muy preocupante, porque cuando en la escuela o en un contexto terapéutico se le impone un rótulo a un niño, eso lo estigmatiza. Y lo que tenemos que tener en claro es que la infancia es una experiencia muy plástica y no podemos dar dictámenes tan cerrados y fijos a nivel de lo que expresa la conducta de un niño. Me preocupa mucho esto. Creo que el psicoanálisis tiene que aportar a la escuela de una forma amable. Por eso yo lo hago a través de experiencias puntuales, como la de haber repensado cómo mi hijo se ata los cordones antes de ir a la escuela, cuando se ata tres nudos. Y Lacan ya nos hablaba de tres registros, de lo real, lo simbólico y lo imaginario. Entonces, un niño para poder ingresar a la escuela, aprender y permanecer debe tener bien ataditos esos nudos. Cuando eso no es así, un docente, un terapeuta, un directivo o compañero se ofrece como un cuarto nudo, que los ayuda a estar dentro de la escuela.

—Cuando no están atados estos nudos el chico tropieza ¿Que ejemplos puede dar de tropiezos?

—Yo hablo de tropiezos y detenciones, para nada de rótulos como TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) o TND (Trastorno Negativista Desafiante). Y generalmente un niño se puede tropezar o detener cuando nace con una condición discapacitante, que puede o no producir detenciones. Subrayo eso, de acuerdo a cómo sea también el acompañamiento de la familia o su fortaleza psíquica. Un niño que enfrenta una situación de separación de sus padres puede expresar una detención en el aprendizaje. O un niño que no arma su imagen corporal, porque cuando un niño arma su imagen puede dominar su cuerpo, sus manos, sus piernas y también ir construyendo el yo. Un niño puede tener también una detención porque ha quedado atrapado en sus fantasías o en sus propios pensamientos. Y esto es donde no llegan las neurociencias ni ciertas teorías cognitivo-conductuales, que lo único que evalúan son las conductas, entonces si el niño se mueve mucho es hiperactivo ¿Qué hacemos? Lo sometemos a una terapia congnitivo conductual para que el niño deje de hacerlo. Pero nadie se pregunta por qué sufre ese niño y por qué generó esa sintomatología o conducta.

—¿Este etiquetamiento pasa también en la escuela?

—Creo que sí, porque cuando un niño presenta una sintomatología y se da un diagnóstico, se produce una cierta tranquilidad de parte de los adultos: "Ya está, ya sabemos lo que tiene". Entonces estamos como más tranquilos con esa objetivización del síntoma, pero docentes, profesionales y padres nos tenemos que preguntar qué le pasa a este niño, por qué sufre o en qué quedó atrapado. Y ahí aparece la teoría del llao llao psíquico. Una vez en el sur, cuando compré un reloj, creí que era de madera y me explicaron que era llao llao, un hongo que parasita a un árbol, el nothofagus, que los expulsa hacia el tronco y se produce un nudo que genera mayor cantidad de madera, en realidad es madera y hongo. Y eso aparece en muchas infancias de niños con perturbaciones graves, donde la estereotipia se confunde con el niño.

—En el libro también alertás que los rótulos amenazan con quitar los nombres propios.

—Esa es una gran preocupación de muchos profesionales que estamos trabajando para despatologizar a las infancias. Me preocupa cuando un profesional habla de los niños desde las teorías del cerebro, porque ya lo decía Galeano: las personas somos historia, no cerebros. Somos historia y deseos.

—También hay que lidiar con las ansiedades de los adultos sobre lo que le pasa a su hijo.

—Que son lógicas y universales de cualquier padre y madre que quieren ver bien a su hijo. Lo que deben entender es que ningún niño va a tener los mismos tiempos que otro. Deberíamos olvidar esas teorías que hablan de hitos: un chico tiene que hacer tal cosa al año y esto otro a los dos. Pero la infancia tiene detenciones, tropiezos y retrocesos. Y hay que darles tiempo.Como dice Luciano Lutereau, hoy necesitamos más crianza y menos terapia. Muchos padres transitan con sus hijos horas y horas de terapias y lo que estos chicos necesitan es tiempo y que nos tiremos con ellos al piso a jugar.

—¿Qué es hoy una buena escuela?

—Una linda escuela es aquella que sabe recibir a los niños con los brazos bien abiertos, con una sonrisa, una expresión de afectividad y una frase grabada en cada docente que diga: "Bienvenido sos a mi salón, quiero donarte y darte todo lo que sé, vamos a tratar de hacerlo de la mejor forma posible, en tus tiempos y cómo vos puedas. Y más allá del currículum, me va a interesar que puedas aprehender el mundo, para que puedas vivir dentro de él y seas feliz".

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>> Presentación en Rosario

El libro Infancias en la escuela, de Homo Sapiens Ediciones, se presentará el próximo jueves 4 de julio a las 19 en Sarmiento 829. Además del autor Marcelo Rocha estará presente la educadora María José Borsani.

"El nuevo libro de Marcelo Rocha —escribe en el prólogo Eduardo de la Vega— muestra, antes que su bello y novedoso ensamblaje teórico, un compromiso visceral con el sufrimiento extremo del dolor que devasta la construcción subjetiva". Y más adelante agrega: "Lo mejor del libro está en el estilo de su escritura, en su impronta narrativa, en la creación de escenas, analogías, metáforas, historias que permiten reinventar la teoría, devolver a la vida los dogmas y letanías inertes, hacerlos hablar nuevamente".

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