Fue mecánico, tenía su taller en calle Buenos Aires casi Uriburu. Se ingresaba por un gran portón que tenía pintada una cabeza de león sobre un fondo gris. A la hora que uno llegara, siempre estaba listo el mate, una pavita de aluminio sobre el calentador y varias sillitas bajas que invitaban a las diarias reuniones con sus vecinos: el perfumero, el taxista, algún hijo y el visitante ocasional que bien podía ser alguno de nosotros: "los de la cooperadora". Alfredo González Beltrán encabezó la quijotada de recuperar la Cooperadora de la Escuela Taller Nº 34 en una época particularmente difícil, esa cooperadora que él se empeñó en prolongar por tantos años, haciendo que cumpliéramos la grata tarea de colaborar cultivando una inquebrantable amistad. Fue mecánico, pero él contaba que fue granadero y que había custodiado el Monumento a la Bandera el día de su inauguración. Y también había sido corredor de autos, y un incansable viajero. Y tantas cosas que le gustaba recordar. Disfrutaba con volver hacia atrás, a su pasado. La verdad que es bueno no olvidar, por eso, en lugar de despedirlo, trataremos de no olvidarlo. Alfredo fue uno más. Como todos. Fue padre, esposo, mecánico, granadero, andariego y también cooperador: una marca solidaria que lleva en su avío mientras continúa su camino. Chau Alfredo, en la próxima reunión de cooperadora, si hay asadito, te avisamos. Tus compañeros de la Escuela Taller Nº 34.





























